Veintidós: Rosal

GLASSMOOTH. ACTUALIDAD.


Era la hora del té y yo seguía en el salón de los niños. Estaba sentada encima de una gran alfombra roja mientras observaba a Suzanne gatear a mi alrededor.


La verdad que fui allí con la intención de pensar qué les iba decir a Kate y a Brook con respecto a la escena que la primera había presenciado en su habitación. No les diría la verdad, por supuesto que no, pero alguna historia tenía que contarles. Podría decirles que John y yo solo estábamos espiando a James, como cuando éramos niños. Pero el hecho de que nos hubiéramos quedado escuchando toda la conversación privada, era de mal gusto. La verdad que me sentía avergonzada ahora que reparaba en ello.


No por James, sino por Kate. Esperaba no haberla ofendido.


El reloj de cuerda de la pared comenzó a sonar estrepitosamente anunciándome que la hora del té se terminaba en ese preciso instante. Había estado allí escondida más de dos horas. Si lo hice adrede o no, es algo que no vamos a debatir ahora mismo.


Con un suspiro, me levanté, me alisé la falda y cogí en brazos a mi sobrina. Justo cuando iba a dejarla en su silla, las dos grandes puertas de la estancia se abrieron de par en par. Una sirvienta arrastraba el carrito del té, otra traía dos bandejas llenísimas de galletas. Y por supuesto, detrás de ellas, entraron Kate y Brook. Muy ilusa estaba siendo si creía que me iba a librar de aquellas dos.


Kate me miraba fijamente con un gesto de triunfo cuando Brook dijo: - Tenías razón. Sarah nos estaba esperando aquí.


- ¿Por qué iba a inventármelo? - Kate me señaló. - Dijo que tenía algo que contarnos.


- ¿De qué se trata? - Brook me miró con sus bonitos ojos azules, llegó hasta mi y besó la frente de su hija en mis brazos.


- No es para tanto - solo dije. Kate bufó.


Aguardamos a que las sirvientas terminasen de colocar lo que traían, nos sentamos y nos miramos. Cuando la puerta se cerró y quedamos las cuatro solas en el salón Kate volvió a hablar:


- Cuando quieras.


Asentí, sin tener ni idea de qué decir, así que le pasé la niña a ella y agarré una galleta del plato puesto ante nosotras. La más grande que había.


- Qué buena idea traer todo esto aquí. - dije.


Brook sonrió abiertamente al ver a su hija sonreírle a Kate. Los ojos de ésta estaban puestos en mí con diversión.


- Sí. - dijo ella. - Somos muy consideradas.


Di un bocado gigantesco a la galleta, llenando toda mi boca de una masa seca y espesa y alcé un dedo mientras masticaba, para que aguardasen un momento.


Brook sonrió aun mas y se levantó a servir té. - Vas a necesitar una buena taza para poder tragar esa galleta. - dijo. - Apuesto a que lo que vas a contarnos es bueno.


- Ni te lo imaginas - murmuró Kate. - ¿Me servirías una a mi también?


- Por supuesto.


Yo seguí masticando. Efectivamente, la galleta se había hecho una pasta y se acumuló en mis mejillas. Estaba siendo ridícula, pero realmente no sabía qué contarles. Y no estaba lista para reconocer o asumir nada.


Ellas, sin embargo, esperaron de un modo cómico a que yo tragase, bebiese mi té y me sirviese otra taza.


- Bien, - dije - ¿por dónde empezar?


- Por el principio. - Brook elevó una ceja con diversión.


- O por ayer. - Kate hizo el mismo gesto.


- Bien. - repetí. Supongo que no me quedaba más remedio. - Es embarazoso.


- ¿De qué trata exactamente? - añadió Brook. - Necesitaré contexto.


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