Quinze: Perdonar

GLASSMOOTH. ACTUALIDAD.


Desperté cubierta en sudor y con el corazón en un puño. Creí que la época de las pesadillas había acabado con mi viaje a Kent, pero parecía que volver a ver a John Morris y volver a Glassmooth, donde tanto habíamos pasado, estaba abriendo viejas heridas. Era de esperar.

Aunque ahora ya no estuviese y solo Dios sabía cuándo volvería a aparecer, todo había quedado removido y turbio.


Pues en mis sueños volví a revivir aquella tarde de finales de agosto cuando John no quiso besarme. Y es que aunque no me besó, fue uno de los momentos en los que he sentido mas amor en mi vida. Y deseo; mucho deseo.


Parecía que desde que había llegado a Glassmooth se me había olvidado mi nuevo modo de proceder. Aquél modo que tan bien me estaba resultando - o que, al menos, parecía resultarme -.


Debía seguir con mi cometido de implantar un recuerdo encima de otro. Ya que, de ese modo, cuando pensara en un lugar o en un beso o en un hombre, ya no era sólo John, ni solo aquél recuerdo especifico, ni aquél beso.


Si alguien hubiese visto el modo en el que salté de la cama aquella mañana, hubiera pensado que había rejuvenecido diez años. Me lavé y vestí rapidamente y bajé al salón donde varios invitados ya estaban tomando el desayuno.


- Que madrugadora, hermanita. - Dijo James con tono de sorpresa. Los demás ya estaban allí.


- Buenos días a todos. - Sonreí, me miraron extrañados. Mamá dio una palmadita de alegría. Luego se aclaró la garganta y alisó la falda algo avergonzada por dejarse llevar de aquél modo ante un salón lleno de ricos.


- Me alegro de verte con tanta energía. - dijo, sin embargo. - Voy a ir al pueblo esta tarde, ¿vienes conmigo?


- Tengo otros planes. - le sonreí con cariño y me giré para ir en dirección al desayuno.


- Eso ya era pedir demasiado. - Murmuró Kenneth a mi espalda.


No me pasó desapercibido el modo en el que Brook saltó de la mesa y me siguió. - Hola. - dijo besando mi mejilla. Yo miraba la larga mesa de comida, decidiendo qué sería lo mejor que llevarme al estomago. Debía comer. Debía ganar apetito, energía y ganas de vivir. Debía tomar las riendas de mi vida de nuevo.


- Buenos días Brook. - cogí huevos revueltos, y dos trozos de bacon.


- ¿Estas hambrienta? - preguntó ella.


- Eso creo. - volví a sonreír. - ¿Tú no comes? - me miraba fijamente.


- Ya he comido. - Ladeó la cabeza y me dedicó una bonita sonrisa. - ¿Qué planes tienes esta tarde?


- Todavía no tengo ninguno. - Murmuré. Sonreí. - Pero lo tendré pronto.


- Explícate. - Brook a mi lado frunció el ceño, estaba curiosa.


- Pretendo preguntarle al señor Gabriels si quiere salir a cabalgar. - Sí, ese era mi plan.


- ¿A Austin Gabriels? - sonó extrañada mientras llevaba un mechón rebelde y platino tras su oreja. - ¿Por qué?


- Porque creo que es un hombre interesante. - Añadí una rodaja de pan recién horneado y una onza de mantequilla.


- También es apuesto. - reflexionó ella en voz alta. Y de pronto me miró. - ¿Te gusta? - Nos miramos fijamente. - ¿Te sientes atraída por él?


- Yo no iría tan lejos. - dije. - He tenido a penas un par de conversaciones con él. Es cómodo y fácil conversar con él. Eso es todo.


- Oh. - dijo. Seguíamos mirándonos, paradas delante de la mesa de comida.


- Pareces sorprendida. - sonreí.


- Lo estoy. - dijo. Acercó su bonita cara a la mía y susurró: - Bueno, la gente habla mucho de él y de su pasado.


- ¿Y no crees que eso le hace todavía más interesante? - moví las cejas rápidamente y le sonreí.


- Buenos días señoritas. - La voz de Austin Gabriels era profunda y ronca. Llegó a nuestro lado e hizo una pequeña reverencia con la cabeza.


- Buenos días. - Brook tenía ambas manos en el pecho y le miraba sonrojada. Sin duda estaba preocupada que Gabriels la hubiese escuchado hablar de él.


- Justamente hablábamos de usted. - Le dije. Me enfrenté a mirarle. Brook estaba como un tomate. Él, sin embargo, lucía fresco y alegre. Su pelo estaba húmedo y bien peinado y sus ojos se abrieron con simpatía.


- ¿Es eso cierto? - me miró fijamente. - ¿Y se puede saber de qué hablaban?


- Estaba pensando que tal vez le gustaría ir a dar un paseo en caballo esta tarde. - moví un hombro en un gesto descuidado.


- Vaya. - asintió. - Creo que es el mejor ofrecimiento que me han hecho hoy. - Bromeó.


- Le veo después del té en los establos. - Le sonreí abiertamente, me giré y me dirigí a la mesa.


Toda mi família parloteaba y reía jovialmente. Completamente ajenos a mi, a Brook o a Gabriels. Todos menos James, que me estaba atravesando con los ojos.


Cuando me senté delante de él creo que gruñó.

- ¿Qué? - con mi tenedor pinché el bacon y me llevé un trozo a la boca.


- ¿No has oído hablar de Gabriels, Sarah? - murmuró. - ¿O es que eres masoquista?


- He oído hablar de él, y también he hablado personalmente con él. - levanté las cejas y le miré desafiante. - Y no sé porqué eso debería ser motivo de disputa. O - elevé un dedo graciosamente. - tu asunto. - le sonreí con regodeo.


- Si no lo sabes es que no has oído suficiente. - sentenció y bajó la cabeza a su plato para disponerse a engullirlo todo, pero con clase. - Y es mi asunto porqué eres mi hermana.


Miré alrededor. Kate hablaba con su abuela, Brook hablaba con mamá y Kenneth parecía estar muy interesado en lo que Thomas Dwight le estaba contando.


- ¿Qué es lo que no he oído, según tú? - pregunté. James me ignoró y le di una patada en la espinilla. - ¿Qué es lo que no he oído? - repetí cuando me miró.


Levantó sus ojos de la comida y me asesinó con la mirada. Reconozco que estaba disfrutando la conversación.


- La mujer le abandonó. - Asentí. - Él se dio a la bebida y a la promiscuidad. - Miré a mi hermano, que me observaba como si aquello fuese motivo suficiente para odiar a alguien. Beber y cortejar a otras mujeres, después de todo, me parece una de las opciones lógicas que hubiese elegido yo, si fuese un hombre. Poner un recuerdo encima del otro, ¿no?


Mi hermano me miró esperando ver horror en mi cara. No me inmuté y resopló antes de seguir: - Muchas han sido las que han intentado hacerse con su corazón. - James me miraba a los ojos con mucha intensidad. - Pero Gabriels nunca ha sentido absolutamente nada por ninguna de ellas.


Hubo un silencio más.


- Ya veo. - dije yo. No entendía cómo la historia del pasado de Austin Gabriels me incumbía en lo más mínimo. - ¿Y?


- Y - casi gruñó. Estaba perdiendo los nervios y yo mordí mi labio para no reírme en su cara. - tu no vas a ser distinta. - le fruncí el ceño. - No me mal interpretes, - soltó el tenedor con delicadeza y me miró ahora con un poquito de ternura. Mordí mi labio con más fuerza, iba a estallar en una carcajada. - Eres hermosa y el tesoro mas valioso que un hombre pueda jamás tener.


James haciendo de hermano protector alejándome de otros hombres. A buenas horas.


- Que cursi. - susurré. Volví a morderme el labio.


- ¿Qué? - dijo.


- Nada. - contesté. Sonreí mirando mi regazo. - Acaba.


- Pero Austin Gabriels le dio el corazón a su mujer y nadie, - tocó con un dedo consistentemente contra el mantel de la mesa - nunca, - dio otro toque - y jamás, podrá tenerlo de vuelta.


Rodé los ojos. Abrí la boca para decirle que no se preocupase por mí, que esa no era mi intención ni mi meta y que no iba a enamorarme de Austin Gabriels por hablar con él en el establo, en el salón de cenas o en el de bailes.

Pero mi querido hermano, tan intenso como se había puesto, siguió:


- Y no le culpo, ¿sabes? - miró un momento a su derecha antes de volver a mirarme. Kate seguía riendo con Pennik. - Yo se lo he dado a Kate, y no me importa lo que pueda pasar, lo que pueda venir o lo que pueda ocurrir entre nosotros o a nuestro alrededor. - Otro toque con el dedo en el mantel. - Mi corazón siempre será de Kate.


Aquella fue la declaración de amor mas hermosa que nunca escuché, y cada una de las palabras que mi querido hermano pronunció, cayeron como ladrillos en mi estómago.


Mi corazón era de John Morris. Siempre.

Entendía a James tan bien, que dolió inmensamente.

Sonreí con tristeza, cerré mis ojos y dejé el aire salir de mis pulmones lentamente. Controlando las emociones.


Y porque dolía, y porque me costaba ahora ver nitidamente, debía seguir con el plan que había trazado aquella mañana.


Dejaría de soñar con el No-beso perfecto de John, con sus increíbles y profundos ojos azules, su nariz ancha, su fuerte mentón, su frente sobre la mía, su pelo rubio...cuando escribiese un nuevo recuerdo encima del viejo.


- No es que me queje, - dijo Gabriels. - pero si soy sincero - podía sentir la sonrisa en su rostro - no entiendo porqué estamos los dos en el mismo caballo.


- Es mas cómodo así. - dije sin más. Espoleé con mis zapatos y el semental comenzó a cabalgar ladera abajo.


- Si con cómodo te refieres a indecoroso. - rió Austin en mi espalda. - Estoy de acuerdo contigo, Sarah Benowrth.


- Yo estoy cómoda. - dije yo girando mi cara para que pudiera oír mi voz a través del viento. - Y no veo nada de indecoroso en esto.


No era finales de verano, no iba a llover y la brisa contra nuestros cuerpos no era fría. Todo lo contrario. Pero me sentía bien de estar haciendo aquello. Me sentía libre. Me sentía capaz.


- Vas sin carabina y tu cuerpo está tan cerca del mío que nos damos calor el uno al otro.


De pronto aminoré el paso hasta que el caballo caminaba ligero. No había caído en aquello. Estaba siendo egoísta y usándole para mi cometido de superar a Morris, pero él tenía su propia historia, y si lo que James dijo aquella mañana era cierto, estaba siendo irrespetuosa.


- Lo siento. - dije intentando ver su expresión. - ¿Te estoy incomodando?


Él sonrió en mi espalda.

- Me incomodaría si no supiera tu historia. - dijo. - Pero ya te he dicho que he visto dentro de tus bonitos ojos, - le di una media sonrisa y volví a mirar hacia delante. - y sé que tus intenciones no son deshonestas. - Urgí al semental a volver a trotar. - No sé exactamente que te propones, pero aunque acabo de conocerte, confío en ti.


Sonreí más.

- Gracias. - dije al viento. - Eso es algo realmente bonito de decir.


No hablamos más durante todo el camino hasta el claro en el que John y yo paramos aquel verano. Pero como si aquello fuese exactamente lo que necesitaba. Y aunque si lo pensaba detenidamente, tenía mis dudas de que esto fuese a funcionar, me agradaba sentir que había encontrado a un confidente.


- Venga, cuéntame qué hacemos aquí. - dijo sentándose delante de mi. Sus ojos oscuros me miraban con curiosidad. Tenía unas pequeñas arrugas debajo de ellos que le hacían ver como un hombre interesante. Me aparté un poco hacia atrás.


- Bien. - dije juntando mis manos. Él las miró con gracia. - Tu me dijiste el otro día que escapar de una situación, no la resuelve. - Austin asintió, dobló sus rodillas y las rodeó con sus brazos. Mis ojos se fueron un segundo a sus grandes manos. - Estoy enfrentando situaciones a partir de hoy.


Volvió a asentir.

- Explícate. - me dedicó una pequeña sonrisa. Rascó su nuca un momento. Fue cuando me fijé que llevaba el pelo más largo de lo que cualquier hombre Inglés llevaría.


- Quiero reescribir mi historia. - hice una pausa y valoré su mirada, para ver si iba a reírse de mi. No iba a hacerlo. Me estaba tomando sorprendentemente en serio. - Admito que las pocas cosas que he hecho en mi vida han sido con él. Por lo tanto - miré de nuevo sus manos para no mirar sus ojos. - necesito más experiencias. Necesito más recuerdos y vivencias para que pueda pensar en algo más que no sea él.


Austin deshizo el agarre en sus rodillas y con dos dedos subió mi mentón hasta que nuestros ojos se encontraron.

- No te escondas de mí. - susurró. - Permítete ser tu misma con al menos una persona en este mundo y verás como todo es mas fácil de superar.


Asentí y suspiré. Tenía razón.

- ¿Entiendes lo que quiero decir? - dije volviendo al tema.


- Lo entiendo. - volvió a agarrar sus rodillas, tragó audiblemente y continuó: - ¿Recuerdas qué fue lo último que te dije?


- ¿A parte de lo de enfrentar los miedos? - dije.


- Sí, a parte de eso. - Apretó el mentón y lo relajó en un movimiento despreocupado. Sonrió dulcemente y aguardó.


- Algo sobre aprender a perdonar. - mustié. Esa parte no me había gustado tanto. No sabía cómo enfrentarla.


- Exacto. - me miró sorprendido.


- ¿Te sorprende que lo recuerde? - le dije estrechando los ojos.


- No porque no crea en sus cualidades de escucha, señorita - dijo con tono galán. - Pero soy consciente que hay veces que la cabeza no está preparada para escuchar algo que no le guste al corazón.


- Admito que lo de perdonar no me convence. - dije.


- Sin perdón no hay modo de pasar la pagina. - sentenció. - Y entonces no vas a tener nuevas y bonitas experiencias. Y si las tienes, no serás capaz de disfrutarlas o recordarlas siquiera. Hay que perdonar y pasar pagina. - repitió.


Dolía. Dolía horriblemente.

Pensar en pasar la pagina y dejar en la pagina anterior a John Morris, a nuestro amor, nuestras miradas y nuestras aventuras. Dejarlo atrás.


Y al mismo tiempo, al pasar esa pagina, él estaría dejándome atrás a mi y escribiendo una nueva pagina sin mí. Con otra, tal vez, que no fuese yo.


Mis puños se apretaron muchísimo. Mis uñas estaban hiriendo las palmas de mis manos. Austin se acercó y con sus manos deshizo el nudo de las mías, acariciándolas suavemente. Reconfortándome.


Pero al mismo tiempo, no podía seguir atrapada en la misma página por siempre. En esta situación horrible donde no quiero verle, ni escucharle, ni perdonarle pero que sufro por su ausencia, lloro por él y le anhelo y le deseo a mi lado.


- Sé que es duro Sarah. - dijo mirándome fijamente. - Lo sé mejor que nadie en este mundo. Y desde el día en el que pisé Glassmooth y vi tu cara, decidí que si estaba en mi poder, no dejaría que nadie tuviese que pasar por lo que yo pasé a solas.


Mi barbilla temblaba. Asentí, agarré sus manos.

- Me siento muy vulnerable, muy sola y muy herida. - dije. - Y aun estando aquí, hay momentos en los que pienso que en realidad no te conozco y que podrías herirme y vender mis secretos. - hice una pausa. - Pero estoy tan desesperada por que alguien me ayude a salir de aquí, que acallo esas preocupaciones al instante. - Le miré pesadamente. - Necesito poder confiar en ti, Austin Gabriels.


- No puedes estar en mejores manos, Sarah. - sonrió fugazmente y apretó mis manos antes de soltarlas. - Me agrada que hayas pensado en nuestra conversación y hayas decidido hacer algo para cambiar tu situación. - Volvió a agarrar sus rodillas y puso distancia entre nosotros. - Ahora, deja que te repita esto; - esperó a que yo le hiciese un señal y dijo: - Reescribir la historia es la mejor decisión que has podido tomar, pero un escritor siempre escribe sobre una pagina en blanco. Duele, enfada, frustra y enfurece, lo sé. - me dedicó una sonrisa llena de ternura. - Pero debes pasar por ello. Debes enfrentar al hombre que te ha dejado en este escenario en el que te encuentras sola. Y debes perdonarle. Debes perdonar cada una de las cosas que te ha hecho, y decírselo, y darle a esto un cierre conciso y sano.


- No sé como perdonarle. - murmuré. - Siento tantas cosas dentro de mí. - Tragué. - Tantas de esas cosas son tan malas... - le miré. - ¿Como perdonas algo así?


- Perdonate a ti misma.


Me faltaba el aire. Iba a estallar en un llanto horrible. Sentía una presión en el pecho que no me estaba gustando en lo absoluto. Me obligué a tomar una bocanada de aire.


- ¿Perdonarme a mi misma? - dije.


- Deja de echarte la culpa. Deja de ser dura contigo misma. - como Austin sabía aquello, ni me lo pregunté. Parecía infinitamente más sabio que cualquier otra persona que jamás hubiese conocido. - Tomaste una decisión Sarah Benworth. - siguió. - Y esa decisión te hizo, en un tiempo, la mujer más feliz del mundo, ¿verdad?


Una lágrima rodó por mi mejilla. Ahí estaba el llanto.

- Verdad.


- Pues ahora da las gracias porqué gracias a que tomaste la decisión de abandonarte a tus sentimientos, viviste todo lo que viviste con aquél hombre.


Un remolino de momentos bonitos con John empezó a revolotear ante mis ojos. Fue instantáneo.


- Y lo que él te dio, - siguió él. - no te lo podrá dar nadie más.

Pensé en John agarrando mi dedo indice, como siempre hacíamos para no agarrarnos la mano entera.

Los besos espontáneos en mi hombro, los planes para salir juntos del laberinto, las rosas de mi madre ante mi puerta todas las noches, el gatito de porcelana, las incontables noches riendo bajo las sabanas, las escapadas para estar a solas y sin mis hermanos. El modo en el que me sostuvo entre sus brazos el día que papá murió. El modo en el que me hizo su ancla cuando su madre enfermó.


- Vivirás cosas nuevas, te darán experiencias y aventuras tan o mas bonitas. - me sonrió. - Pero nunca será igual. Así que debes estar agradecida.


La pureza de todo aquello. Austin tenía razón. John me había dado tantas cosas hermosas. Yo estaba en negación y las había convertido en momentos amargos que odiaba y no quería recordar. Pero fueron los mejores instantes de mi vida.


- Hagámoslo. - dijo Austin. - Da las gracias. - le miré con una mueca. - ¿Puedo saber su nombre?


Lo dudé bastante. - John.


- John - dijo Austin. - doy las gracias por haberte conocido y por todo lo bueno que me has dado. - una pausa. - Repítelo.


- John - cogí aire y cerré mis ojos. - doy las gracias por haberte conocido y por todo lo bueno que me has dado.


- Bien. - Austin sonrió. - Sigue.


Apreté la mandíbula y comencé a hacer una lista de todas las cosas, una por una, por las que estaba agradecida con John. A decir verdad, yo había traído a Austin al claro para jugar a "qué prefieres; comer solo chocolate o solo defecaciones?". Y sin embargo allí estaba, dándole las gracias a John Morris.


Y muy pronto entendería que gracias a aquella tarde, gracias a Austin Gabriels, yo volvería a ser yo. Volvería a encontrarme, volvería a aprender lo desaprendido y entendería como hacerme feliz a mi misma. Sin dependencia ni necesidad de nadie más.


Y cuando ahora miraba atrás y pensaba en el claro, recordaba aquél momento. El día en el que encontré a mi ángel de la guarda.


- Esto funciona así. - dijo él levantándose y expulsando sus pantalones. - Le damos las gracias, le perdonamos, atamos todos los cabos, encontramos todas las respuestas y luego pasamos al siguiente nivel. - Tendió su mano, me agarré y me levantó.


- ¿Cuál es el siguiente paso? - dije curiosa. Había llorado muchísimo, había hablado muchísimo, había descargado mi pecho tanto que sentía podía echar a correr y a reír por el campo como si tuviese de nuevo diez años.


- Pasar la pagina. - le miré atenta mientras caminaba hacia el semental y se subía a él. - Y, aunque odio decírtelo - dijo - hay que hacerlo.


Llegué al caballo y subí delante de Austin con su ayuda.


- Lo que debes recordar, - dijo en mi espalda cogiendo las riendas a ambos lados de mi cintura - es que va a ser largo y que vas a tener que enfrentarle tarde o temprano.


- Vale. - dije mirando al frente sin querer imaginar o meditar lo que aquello significaba. - ¿Tú vas a estar conmigo? - giré mi cara para verle.


- Por supuesto. No voy a dejarte sola Sarah.


- No quiero estar sola más. - aquella verdad salió de algún lugar muy hondo de mi pecho. - Estar sola es horrible y he estado sola demasiado.


- Tenemos suerte de habernos encontrado. - No estoy segura de si quería que yo escuchase aquello, pero lo hice.


- ¿De dónde has salido Austin Gabriels? - dije con una media sonrisa. - ¿Y qué sacas tú de todo esto?


- He salido del peor de los pozos. -su voz sonaba ligera. - Y tu estás ayudándome a mi tanto como yo a ti.


Espoleó el caballo y me dejó en las puertas de Glassmooth con una bonita sonrisa.




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Queridx lectxr,

aquí vuelve Sarah esta semana y como puedes ver está a punto de emprender la segunda parte de su viaje a través de su historia con John.


Quisiera saber qué opinas del capítulo, como te estás sintiendo, qué opinas de todo lo que ha pasado hasta ahora y qué harías tu en su stuación.

Opina, comenta, comparte y vota.


Y como siempre, ya que mi trabajo es gratuito, te recuerdo que puedes donar aquí:

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Gracias por leerme. Miles de besos y amor. Feliz semana santa.



MRMarttin



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