Cuarenta y cuatro


Cuando estabilizó su respiración, Brook le miró con el ceño fruncido mientras él le sostenía la mirada. De ningún modo iba a ser tan ingenua.


- Creí que ibas a casarte con alguien como Emma. - le dijo.


- He cambiado de opinión. - su voz sonó como un susurro. Sus ojos verdes dejando a la chica sin aliento.


- Oh. - fue todo lo que ella pudo decir.


- No quiero casarme con una mujer que no me aporte nada mientras trepo arboles con quién podría ser mi alma gemela. - una pequeña sonrisa se reflejó en los labios de él mientras Brook parecía no respirar. - Prefiero casarme directamente con la segunda.


- Es decir, - dijo ella volviendo la vista al techo e intentando sonar despreocupada. - vas a buscar a tu alma gemela, a tu mejor amiga y desposarla.


- Eso mismo.


Brook sentía la mano de Kenneth envolver la suya y sus sentimientos eran contradictorios.


La verdad era que le molestaba que Kenneth de pronto soñara con encontrar ese amor romántico y quisiera hacer feliz a alguien. Un sabor amargo corría por su garganta al pensar en otra mujer haciendo reír a Kenneth o acariciando su cabello revuelto.


Él había dicho que no necesariamente se refería a Brook con lo de "mejor amiga" así que ella se lo había tomado al pie de la letra. No estaba refiriéndose a ella en absoluto. De ningún modo.


Pero, ¿a quien iba a engañar? Sí que había una parte de ella que, en lo más profundo, anhelaba ser su mejor amiga o su alma gemela. Más creer aquello sería devastador.


Kenneth Benworth se veía casado en tan solo dos meses y si no era con ella, le destrozaría el corazón.


Pero...se habían besado, la había salvado de Saint Clair y estaba durmiendo con ella desde entonces. ¿Eso qué significaba?


Se sentía hecha un lío intuyendo aquella verdad en la que no quería creer por si acaso.


- ¿Qué estás pensando? - susurró él viéndola demasiado callada.


Brook se obligó a sonreír y encogió un hombro. Y entonces quiso ponerle a prueba diciendo: - Suerte con tu búsqueda.

Y se aferró a escuchar lo que ella quería que él contestara. - De hecho, - Kenneth mordió su labio antes de seguir - ya la he encontrado.

Brook le miró, él le devolvió la mirada. El mundo quedó suspendido en aquél eterno silencio mientras la burbuja se construía entre ellos, alejándoles de la habitación, de Glassmooth o del condado de Surrey.


Sentían sus corazones bombear demasiado rápido. Sus respiraciones irregulares. Y aunque nada fuera claro en la cabeza de Brook, se dejó llevar.


- ¿Y quien es? - preguntó.


Kenneth le dedicó una ligerísima sonrisa torcida antes de incorporarse sobre sus codos y arrastrarla debajo de su cuerpo.


El calor de la cercanía les inundó a ambos.


- ¿No te puedes hacer a la idea? - murmuró inclinando su cabeza hacia abajo.


- No. - estaba sin aliento.


No iba a hacerse a la idea. No. Necesitaba escucharlo. Necesitaba que él le dijera que estaba hablando de ella.


- Desde el primer día en que te vi - susurró muy cerca. Las manos de Kenneth se acercaron al cuello de ella y acarició con sus dedos su mentón con una lentitud que la mantenía al borde. - supe que no iba a poder separarme de ti.


Brook le miró con aquellos ojos azules que le quitaban el aliento, y el cogió una bocanada de aire para obligarse a seguir hablando.


- Y desde entonces mi vida ha cambiado. - Kenneth la miraba con deleite. - Yo he cambiado. Y todo gracias a ti. - suspiró y le dedicó una pequeña sonrisa. Brook siguió con sus ojos bien atentos y sin respirar. - No hago otra cosa que pensar en ti, Brook. Y ¿sabes qué? - le preguntó ladeando la cabeza en un gesto increíblemente apuesto.


- ¿Qué? - la voz de Brook sonó entrecortada.


- No me importa. - encogió un hombro. - No me importa nada que no seas tu. Siento...- cerró los ojos y apoyó su frente en la de ella. - muchas cosas que nunca antes he sentido con nadie. Y, tal vez tú no sientas lo mismo, pero no voy a parar hasta conseguir lo que quiero. - Levantó la cabeza y volvió a mirarla a los ojos con una sonrisa. - Lo siento.


- ¿Qué quieres? - murmuró Brook sintiendo su cuerpo entero arder. Necesitaba escucharlo. Necesitaba que se lo dijera.


La sonrisa de Kenneth se hizo aun más grande cuando entendió lo que ella quería. Y sin dudarlo ni un segundo, le dijo:


- A ti.


Y aquello fue suficiente para que Brook agarrase el cuello de su camiseta ajustada y le acercase hasta encontrar sus labios. Un gruñido se escapó de Kenneth, acelerando la respiración de la chica. E inmediatamente, le correspondió.


Se besaron con urgencia, hambrientos. Como si llevaran demasiado tiempo bagando por un desierto y sus bocas fueran todo lo que necesitasen en aquel momento.


Kenneth pasó una mano por detrás del cuello de Brook y bajó otra hasta sus caderas, tocándola con una suavidad matadora y sin nunca sobrepasarse.


Ella había olvidado por completo donde estaba y qué se suponía que le preocupada. No existía Saint Clair o el secreto de sus tíos o ni siquiera el decoro. Todo en lo que ella pensaba era en Kenneth, tocándola, besándola...


Él sentía su pecho hinchado, lleno. Y aunque había estado anhelando el momento desde que la besó aquella primera vez, ni por asomo sentía sus ansias menguar.


- Dime que si. - murmuró sin dejar de besarla.


- ¿Que sí qué? - preguntó ella sintiendo las caderas del chico apretar contra las suyas.


Dios, le costaba pensar y no había sensación mejor que aquella.


Kenneth se separó de golpe, dejó de besarla y apartó ligeramente su cuerpo del de ella.


La miró. Miró sus ojos, aquellos preciosos ojos que le quitaban el sueño, su perfecta nariz, su pelo dorado esparcido por la almohada, sus labios entreabiertos hinchados y húmedos.


Estaba jadeante, desaliñada y sonrojada. Y él estaba tirando de toda su fuerza de voluntad para no volver a besarla.


Sin embargo, tocó con sus dedos sus labios en una caricia que a Brook le costó un suspiro ahogado. Kenneth resopló y sacudió la cabeza antes de mirarla de nuevo a los ojos y decirle:


- Dime que te casarás conmigo.


La boca de Brook cayó abierta. - ¿Qué?


Es decir, sí, no era tonta, acababa de escuchar todo lo que él le había dicho y estaba ardiendo por dentro al oír aquellas increíbles palabras. Pero por nada del mundo esperaba aquello.


- Tranquila, - dijo mordiendo su labio. - te lo pediré de un modo formal y perfecto. Pero - suspiró y besó sus labios. No pudo resistirse. - necesito saberlo ahora. - se miraron. Ella estaba extrañamente callada. Kenneth sintió los nervios comerle.


- ¿Lo dices en serio? - dijo frunciendo el ceño.


- ¿Por qué iba sino a besarte? - le preguntó. - No beso a las mujeres por gusto. No estoy jugando contigo, Brook. Si estoy aquí, - hizo una pausa - es por qué...lo quiero todo de ti.


Otro silencio. La chica parpadeó sorprendida. - Pero yo no tengo nada que ofrecerte. - murmuró ella. - Ni riquezas ni herencia.


Kenneth frunció el ceño y mordió su labio. - Eso no puede importarme menos. - le contestó.


Brook se quedó viéndole. ¿Realmente estaba pasando aquello? El señor de Benworth acababa de decirle que quería casarse con ella. Y ella estaba completamente bloqueada.


- ¿Qué es lo que sientes tú? - Kenneth estaba cada vez más nervioso por el silencio de ella.


Brook vio aquél cambio y no lo pudo evitar, se incorporó sobre sus codos, quedando más cerca y le miró a los ojos. Alargó una de sus manos y le obligó a dejar de morderse el labio y luego, después de un eterno suspiro le dijo:


- Me sacaste del laberinto, ¿no? Kenneth sonrió aliviado.


- Eso creo. - le dijo fingiendo inocencia.


- Supongo que entonces no tengo más remedio. - encogió un hombro de forma coqueta.


- No lo tienes. - gruñó Kenneth antes de atrapar el labio inferior de ella entre sus dientes. Al soltarlo la miró. - Pero conseguiré que confieses que te mueres por mí.


Brook golpeó su hombro antes de que él volviera a besarla sin parar.


Un rato más tarde, ella yacía entre sus brazos sintiendo los latidos del corazón de Kenneth en su mejilla y su mano acariciar su pelo.


El chico casi ni durmió pensando en lo que haría la mañana siguiente.


De vez en cuando la miraba y sonreía en la oscuridad de la alcoba. Jamás hubiera pensado que volviera a sentirse como un niño hasta el punto de no importarle las reglas o la cortesía.


Bien, con ella siempre había sido cortes y caballeroso pero jamás había seguido las reglas. Cualquiera que supiera su historia entera la desaprobaría inminentemente.


No era apropiado pasar tanto tiempo a solas con una joven sin haberla desposado primero. A no ser, claro, que fuese tu amante.


Brook no era tal cosa, pero Kenneth ya la sentía suya, aunque todo lo que hubiesen hecho fuese besarse. Y no, no le pasaba nunca por alto el hecho de que ella pudiese pensar que Kenneth solo quisiera utilizarla.


Por eso siempre se mantenía sin cruzar la raya de los besos aunque ahora mismo su cuerpo entero estuviese rígido como una piedra y deseoso de ella.


Cuando el primer rayo de luz despuntó, Kenneth meció suavemente a Brook. - Tengo cosas que hacer, nos vemos más tarde. - murmuró en su pelo. Ella asintió mientras él se levantaba y besaba su frente.


- ¿Qué haces? Kenneth se había aseado y vestido e irrumpido en la habitación de James para abrir de un tirón las ventanas.


- Necesito que vengas conmigo. - le dijo Kenneth.


- ¿A donde?

Tal vez James hubiese pasado de él si las circunstancias no hubiesen sido las que eran. Pero al tener el tema de Saint Clair tan cercano, se sentó en la cama y le miró con interés.


- A Londres. - Kenneth le miraba con decisión.


- ¿A Londres? - James frunció el ceño. - ¿A que?


- Necesito un anillo.


La sonrisa de James fue enorme. Por fin su hermano daba el paso que todos habían estado esperando. Hasta Evangeline Benworth, sin hablar ni saber nada, sabía que poco le faltaba a su hijo para pedirle la mano a aquella joven exquisita.


Bien, de hecho la señora Benworth lo supo des del primer momento en que la vio y la hospedó en el ala este.


- Deja de mirarme de ese modo. - rió Kenneth.


- Luces...


- ¿Enamorado? - le cortó. Luego su sonrisa creció aun más.


- Más que nunca.


- Venga, entra.

Había pasado el día entero, Brook no había sabido nada de Kenneth y no pudo evitar sentirse un poco inquieta.


¿Donde estaría? ¿Se habría escondido de ella? ¿Estaría arrepentido?

Mierda. No. No podía seguir pensando de ese modo. Lo último que le faltaba era un problema más.


Sally había amanecido con ganas de aventura aunque le costó más de lo habitual convencer a Brook. Quería descubrir de qué hablaban Evangeline y Gillian el día anterior.

Y aunque la joven Daugherty tenía el mismo propósito, no tenía muchas ganas de jugar a las espías. Así que convenció a Sally de que lo mejor sería ir directamente a preguntarle a su tía.


En realidad, Brook no sabía como sentirse sobre Sally descubriendo un secreto que ni ella misma podía imaginar cuan grande era.


De todos modos, allí estaban. Delante de la habitación de los Dwight a las cinco de la tarde.


Brook tocó la puerta y Gillian la hizo pasar. Al entrar no cerró del todo para que Sally pudiese enterarse.


O la dejaba escuchar o se le tiraría al cuello. Pues se sentía la directoria de todo aquel entramado.


- Hola cariño. Que sorpresa.


Gillian Dwight estaba delante del tocador y su doncella estaba arreglándole el peinado.


- Hola. - sonrió ella. - Vengo a hablar contigo.


- ¡Oh! - exclamó contenta. - Dime.


- Creo - dudó un segundo sobre lo que iba a decir.


¿De verdad estaba lista para preguntarle aquello a su tía? ¿Y si lo que tenía que contarle era demasiado para sus oídos?


- Dime. - la instó.


- Que hay algo de la muerte de mis padres que no se me ha explicado con detalle.


Sally al otro lado de la puerta se congeló. ¿La muerte de sus padres? ¿De eso iba el tema? ¡Oh Dios! Si lo hubiese sabido jamás se hubiera entrometido en los asuntos de Brook y los Dwight.


Pero sin embargo, ya que estaba allí, iba a quedarse a escuchar.


Gillian borró la sonrisa de su cara y miró a su pequeña Brook con seriedad. Allí plantada tenía la oportunidad que había estado buscando, pero entonces vio aquél deje quebrado en la mirada de su sobrina y se le rompió el corazón.


Le había mentido y eso era horrible. Pero decirle la verdad sería peor. Definitivamente. Así que dijo: - Creo que lo sabes exactamente todo, cariño. - intentó sonar amable y cariñosa. - ¿Por qué crees algo así?


Brook la miró frunciendo el ceño. ¿De verdad iba a seguir negándoselo?


- Yo no estaba con los vecinos cuando la casa se incendió. - le contestó ella. - Estaba volviendo del establo.


Gillian recordó a la pequeña niña cubierta de cenizas y agarrada a una pequeña obejita, con los ojos clavados en el cadáver de un edificio y los restos de su familia, que antaño encontró. Tragó el nudo de su garganta.


- En realidad. - Brook sintió esperanza al oír que su tía decía aquello. Pero ella se limitó a decir: - Siempre supusimos que estabas con la vecina. Eras muy pequeña y no supiste decirnos de donde venias.


Bien. Iban a mentirle toda su vida.


- ¿Quién provocó el incendio? - La joven sonó tan fría que hasta a Sally se le heló el cuerpo.


- Cielo, - Gillian se levantó intentando parecer tranquila, pero Brook estaba perdiendo la paciencia. - los investigadores dijeron que fue un accidente.


- ¿Una vela prendió la casa? - le dijo con recelo.


- Exacto. Una vela que estaba -


- En la mesa de la cocina. - Brook terminó la frase por Gillian.

Entonces hubo un silencio. Ambas se miraron. Brook con dureza y Gillian con tristeza. Sabía que si seguía defendiendo una mentira más que descubierta, alejaría a su pequeña de ella. Pero francamente prefería eso a que viviese con miedo el resto de su vida.


Con el tiempo la perdonaría.


- ¿Quién es Katherine?


Cuando Brook pronunció aquél nombre Gillian jadeó. ¿Hasta donde recordaba? ¿Como sabía aquél nombre? ¿Qué había visto aquella pobre niña?


Cuando se la llevaron de la casa en ruinas pasó más de cuatro meses sin hablar. Solo mantenía aquellos hermosos ojos bien abiertos observando su alrededor haciendo un estudio exhaustivo de todo lo que pasaba cerca.


El medico les dijo a los Dwight que la pequeña estaba en shock. Debía haber visto algo que su cabecita no podía asimilar.


Cuando pasaron esos cuatro meses, Brook despertó un día siendo la niña que solía ser. No tan alegre y ni risueña, pero parecida.


Entonces el medico dedujo que ella misma había decidido bloquear sus vivencias como una herramienta para su propia supervivencia.


Siempre fue fuerte y siempre fue luchadora. Pero ¿hasta que punto podía aguantar descubrir algo que, tiempo atrás, su propia cabeza había decidido vetar?


- No sé de quién me hablas. - le dijo con una sonrisa temblorosa.


Brook asintió, con aquellos ojos observadores que tenía desde niña. Luego dio varios pasos hacia atrás antes de decir:


- No me ayudes, entonces.


Y desapareció.


Durante la cena estuvo pegada a Sally y a John y no miró a sus tíos más de lo estrictamente necesario.


Gillian le había contado el episodio a Thomas y él desaprobó que no hubiese sido sincera con Brook, pues él sí creía que podía superarlo.


De todos modos, así estaba el tema. Brook se sentía desamparada. Aquellos en los que siempre había confiado estaban manteniendo un secreto lejos de sus orejas. Y el único con el que tenía ganas de hablarlo, no había bajado a cenar.


Sally se había mantenido exageradamente pegada a Brook. De vez en cuando agarraba su mano con afecto o le dedicaba una sonrisa. Pero decidió no tocar el tema.


Cuando Kenneth y James llegaron a Glassmooth era demasiado tarde para bajar a cenar, así que optaron por bajar después.


Kenneth entró en su habitación, suspiró y se quitó la chaqueta. Del bolsillo derecho sacó un pequeño estuche y lo miró detenidamente.


Lo primero que debía hacer era ir a pedirle a Thomas que le concediese la mano de Brook.


Su cuerpo reaccionó acelerándose. Estaba inusualmente nervioso. Muy nervioso. Y necesitaba calmarse.


Se dirigió directo a la jarra de agua de su mesita de noche. Se sirvió un baso y se lo bebió sin pestañear. Luego se sirvió otro más.


Al mismo tiempo, en el salón de las damas, Brook preguntó:

- ¿Donde están tus hermanos?


- Han ido a pasar el día a Londres. Han llegado hace un rato. - le contestó Sally. - Kenneth tenía un asunto que tratar. - se encogió de hombros. - Supongo que algo relacionado con las tierras.


- Ahá. - aquél suspiro que soltó le provocó una sonrisa a Sally - Creo que he tenido suficiente por hoy. - le dijo ajena. - Me iré a dormir.


- ¿Quieres que te acompañe? Podemos hablar un poco, si te apetece.


La sonrisa de Sally era tan dulce y esperanzada que a Brook le dolió negarse.


- Tal vez mañana. - besó su mejilla y salió del salón bajo la atenta mirada de su tía, Evangeline, y Emma Lambert.


Y entonces, en varios rincones de Glassmooth sucedió algo curiosamente coincidente.


Mientras Brook cerraba con llave su habitación, una carta se deslizó por debajo de su puerta.


Una copia exacta de esa misma carta llegó hasta la habitación de James, donde el chico se preparaba para bajar al salón con los invitados.


Y una tercera copia llegó hasta Sally, cargada por un sirviente.


"Nos encontramos en mi habitación a media noche. Hay algo importante que tengo que deciros.

Kenneth"


Los tres corresponsales sonrieron.


Simone estaba tan eufórica como siempre, parloteando para arriba y para abajo sobre los cotilleos en la cocina que envolvían a Brook y a Benworth.


- Dicen que ha ido a buscar un anillo de compromiso.


- Menuda estupidez. - murmuró Brook.


Pero su pecho iba a cien por hora y las manos le temblaban. Kenneth quería casarse con ella y la había citado en menos de diez minutos en su habitación y ahora se hablaba de un anillo.


- Relájate Brook - se dijo.

No podía emocionarse en demasía por si acaso.


Pero ya era tarde. Demasiado tarde.


La joven no pudo aguantarse más y salió al pasillo. Cogió una bocanada de aire por la nariz y la expulso por la boca y tocó la puerta, tres veces.


Con el tercer golpe, la puerta se abrió ligeramente, pues no estaba encajada, solo ajustada.


Brook sintió como sus manos sudaban y una sonrisa nerviosa se escapaba de sus labios. Suspiró y entró.


"¡Oh Brook, relájate!" Se dijo


La estancia estaba oscura, a excepción de tres velas que reposaban en varios sitios de la habitación.


- ¿Kenneth? - susurró.


Algo se movió en la cama, llamando su atención por completo. Se acercó varios pasos hasta que distinguió qué era aquello.


Kenneth, tapado hasta la cintura sin nada que cubriera su perfecto torso, parecía estar dormido.


E igual de desnuda, Emma Lambert apoyaba su cabeza en los pectorales de él mientras emitía un suave gemido.


El corazón de Brook se paró. Literalmente.


Emma levantó su cabeza y la miró con cara de sorpresa. Entonces se sentó y tapó su pecho desnudo con las sabanas.


- ¿No sabes llamar? - le soltó.


Sus ropas estaban esparcidas y desordenadas por el suelo. Las medias de Emma colgaban del respaldo del sillón, vueltas del revés.


A los pies de Brook, la camisa rasgada de Kenneth.


Parecía que se hubieran arrancado la tela el uno al otro sin importar qué.


Brook quería vomitar. Quería gritar, o destrozar algo o salir corriendo, pero solo miró a Emma. Miró a Kenneth, con su cuerpo tan cerca del de ella.


Imágenes de él besando a Emma del mismo modo que la había besado a ella, llegaron a su cabeza. Bien, a la vista estaba que a Emma le había hecho más cosas que besarla.


Luego la imagen de amanecer a su lado en la posición que ahora compartía con otra, rasgó, como las ropas en el suelo, su fortaleza.


Sintió su alma fragmentarse en miles de pedazos y entonces lo comprendió: Le amaba. Estaba enamorada de él. Había confiado en todo lo que Kenneth le había dicho y así de fácil, le había roto el corazón.


Emma le dedicó a Brook una sonrisa radiante. - ¿Qué es esa cara? - dijo con un puchero. - ¿Creías que te amaba? - ahora rió estrepitosamente. Tan estrepitosamente que Kenneth frunció el ceño en su relajado sueño. - Lo siento. Sé que somos un poco extravagantes. Pero así es nuestra relación. - la miró con asco antes de añadir: - Lárgate, muerta de hambre.


Brook no pudo formular palabra. Tal vez debería haberse tirado encima de ella y abofetearla por tratarla como a un pedazo de mierda, pero no pudo, pues la culpa solo era suya.


Había escuchado a aquellas chicas cotillear sobre lo que Kenneth y Emma tenían y había decidido ignorarlo.


Un sollozo escapó de sus labios antes de que pudiera taparse la boca con ambas manos, haciendo reír a Emma una vez más. Y entonces, sin permitirse mirar de nuevo al hombre que amaba salió corriendo de su habitación.


- ¡Brook! - la chica chocó contra algo duro al salir al pasillo. James la sostenía con una sonrisa que desapareció al ver su rostro abnegado en lagrimas.


- ¿Qué sucede? - susurró Sally llegando a su lado.


Brook se apartó de ellos y se metió en su habitación sin siquiera preguntarse qué hacían allí.


Cuando James y Sally entraron a ver a Kenneth, quedaron tan helados como el corazón de Daugherty.

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