Cuarenta y tres

- Brook, - dijo Kenneth entonces.


Seguían sentados uno al lado del otro con una pequeña distancia entre ambos.


- Saint Clair, - ella leyó su mente. - conoció a mi madre.


Kenneth necesitó un momento para entenderlo. Su madre murió igual que su padre. ¿Saint Clair? ¿Qué tenía ese miserable que ver con los Daugherty?


- Eso fue lo que me dijo en la cena. Que me parecía a ella.


La joven miraba sus manos juntas y apoyadas en sus rodillas. Él la observó.


- ¿Solo eso? - murmuró Kenneth viendo el peso de tristeza en sus hombros. - ¿Ninguna información más?


Brook negó. Él apartó un mechón que acariciaba su mejilla, obligándola a mirarle. Su mirada era de desconsuelo y Kenneth no iba a permitir que la joven se sintiera de aquél modo.


Pero ¿como podía él ayudarla? ¿Qué diablos quería Saint Clair de su chica? ¿Por qué de pronto le había soltado aquello? Había vivido en la misma casa que ella tres semanas. La había visto y tenido la oportunidad de hablar con ella todo ese tiempo. Entonces, ¿por qué ahora?


- ¿Crees que lo dijo para turbarte? - la voz de Kenneth sonó como un gruñido amenazante.

Tal vez sabía que Brook necesitaría tiempo a solas y ese tiempo le permitiría abordarla y llevársela.


Sus puños se apretaron. Gracias a dios que había acudido a tiempo a por ella sino solo el cielo sabía lo que le hubiese deparado el futuro.


Aunque Kenneth tenía claro que no hubiese cesado en su búsqueda hasta dar con ella.


- No lo sé. - Brook mantenía sus labios apretados.


Kenneth volvió su atención a ella. Si supiera todo lo que haría por verla feliz...


- ¿Quieres hablar del tema? - susurró con ternura.


- Siempre creí que mis padres murieron en un incendio que destruyó nuestra casa al sur de Surrey. - cuando Brook suspiró, Kenneth sintió un miedo insano.


Él escuchaba por primera vez la historia y aunque sabía que no había sido un episodio agradable, no lo imaginó tampoco traumático. Luego dio gracias por qué ella estuviera allí. Hermosa y radiante. Y sí, aquello era muy egoísta, pues sus padres también merecían vivir, pero ella era todo en lo que él podía pensar.


- ¿Donde estabas tu? - se atrevió a decir.


- Siempre he creído que estaba cenando en casa de la vecina. - dijo con una sonrisa amarga. - Pero mis vecinos no tenían ni para comer ellos.


Kenneth aguardó mientras ella cruzada sus piernas delante de su cuerpo, como un indio, y miraba sus delicados pies descalzos como si allí fuera a encontrar la fuente de todas las respuestas.


- Tuve una pesadilla. - Brook le miró por debajo de sus pestañas para encontrarle pendiente de ella. - Y anoche, cuando me encontraste en la escalera - tragó con dificultad. - volvía de la habitación de mis tíos. Me esconden algo. Las cosas no son como todos creen que fueron.


- ¿A qué te refieres? - dijo él sintiendo la imperiosa necesidad de alcanzar su mano y mecerla entre las suyas. Fuertes y protectoras.


- "Está empezando a recordar" dijo Gillian. Tal vez lo que soñé no fuese una pesadilla...


- Sino un recuerdo. - dijo él con un gesto de la cabeza. Ella quiso asentir pero estaba inmóvil mientras un torrente de emociones corría por su pecho. - ¿Qué recordaste?


A Brook le asombró cómo de rápido Kenneth había creído en todas y cada una de las palabras de ella. Aunque sonaran a locura o propias de alguien mentalmente poco equilibrado.


- Iba a cenar, volvía del establo cuando vi a una mujer apuntar con una pistola a mis padres a través de la ventana de la cocina.


Brook tenía los ojos clavados en los de Kenneth, pero no le veía realmente, sino que evocaba las imágenes de aquél sueño una vez más.


Él la observaba sintiendo su pecho comprimirse. Veía en su mirada la verdad, Brook había recordado aquello, y sabía que era verdad por el modo inusualmente inseguro del que hablaba del tema. Por lo frágil que estaba siendo, por primera vez desde que la había conocido.


- ¿Quién más sabe todo esto? - le preguntó con el ceño fruncido.


- Solo tu y yo. - le dijo.


Algo creció dentro de Kenneth. Brook confiaba en él. Al fin tenía lo que buscaba, por ilógico que fuese que ahora pensase en aquello.


Y ahora que lo tenía, iba a guardarlo y mimarlo como el mayor de los tesoros.


La miró. La joven más bonita que había visto en su vida, con el corazón más sincero y tierno a la vez que fuerte y decidido. Había estado pasando por todo aquél tormento ella sola. Sin lloriquear ni lamentarse de su suerte. Eso era insólito y digno de una reverencia.


Entonces sus ojos azules comenzaron a nublarse y él sintió un pinchazo de dolor en lo más profundo de su cuerpo.


- Hola ataque de pánico. - murmuró Brook con una mueca.


Kenneth tiró de su mano entre las de él y la envolvió en un eterno abrazo.


- Hola. - susurró acariciando su pelo con ternura. Ella sollozó y escondió su cara en el pecho de él. - Nunca más vas a estar sola, mi amor. - besó su cabeza sintiendo su cuerpo envuelto en una burbuja de sentimientos. Brook estaba viviendo el momento más agridulce de su existencia.


Permanecieron de aquél modo mientras el rostro de ella se llenaba de lagrimas. No entendía las emociones que corrían en su interior.


Estaba asustada por lo que le depararía el futuro, indignada porque nadie nunca le dijo la verdad y encantada por sentir tanto amor por parte de aquél apuesto chico.


Cuando se separó del pecho de Kenneth fue porque sintió su mejilla tan mojada como la camiseta de él.


Él, al instante, envolvió su rostro con sus manos y secó sus lagrimas con los pulgares. - ¿Por donde empezamos? - le dijo decidido. Iba a encontrar todas las respuestas que ella necesitara. - Habla con tus tíos.


Brook rió y sorbió por la nariz. - ¿Tu amor? - le miró con los ojos bien abiertos.


Kenneth sonrió lentamente mientras admiraba lo deprisa que se estaba reponiendo del momento. Era más que fuerte.


- Sí, - dijo - mi amor.


Se miraron en silencio un instante demasiado largo.


- Veamos, - Brook levantó un dedo y lo clavó en su pecho. - ¿a cuantas jóvenes más has encandilado llamándolas de ese modo?


Sabía que debía mantenerse serio para que sus palabras calaran en ella. Pero el gesto le pareció tan osado y descarado que inclinó la cabeza hacia atrás y soltó un risotada.


Brook sintió su pecho vibrar bajo su dedo y quedó atrapada en aquél maravilloso momento.


Podía llover todo lo que quisiera. Podía la vida llevarla hasta los confines de la tierra, pero algo era cierto: jamás sentiría por nadie lo que sentía por Kenneth Benworth.


- Estás hecho todo un embaucador. - dijo aquello que alguna vez ya le había dicho. El pecho de Brook latía tan fuerte que temía que él estuviera escuchándolo.


Kenneth le dedicó una sonrisa torcida, y mientras atrapaba la última lágrima errante que rodó por el rostro de la joven murmuró: - Solo intento que te enamores irrevocablemente de mí. - y pasó una mano por su pelo oscuro como ella había hecho un rato antes.


Brook se apartó y le miró claramente sorprendida. Cuando él apretó sus labios ella golpeó su hombro y bufó.


- Deja de hacer eso. - le dijo en un gruñido.


Y ahí estaba. Brook gruñendo era perfecta. Sintió su cuerpo calentarse y apretarse insistentemente.


- No gruñas, Brook. - le advirtió con una sonrisa diabólica.


La chica le miró divertida. - No creo que pudieras conquistarme aunque te lo propusieras. - mintió miserablemente mientras subía su cabeza bien alta. Sólo pretendía distraer la atención de aquella sexy advertencia.


- ¿A no? - Kenneth enarcó una ceja. - Yo diría que ya te mueres por mí. - entonces levantó la espalda del respaldo de la cama y sin darle a Brook tiempo de reacción acarició la nariz de la chica con la suya.


Brook jadeó, pero no se movió y eso puso los nervios de Kenneth a prueba. Tenía su boca tan cerca, que solo si se acercaba un poquito más...


- Fanfarrón. - le soltó ella dejando su aliento viajar hasta la boca del chico. Y entonces se separó y le miró indiferente.


Kenneth soltó sin disimulo una bocanada de aire.


- Deberíamos dormir. - le propuso ella.


Kenneth la miró un momento más, en su pijama y con el pelo suelto, sentada como un indio y con su bonita sonrisa dulce. La anhelaba.


Luego asintió y se levantó y para su sorpresa Brook agarró su muñeca.


El chico la miró desde arriba, con un gesto interrogativo.

- Quédate.


- Te he prometido que no me iré a ningún lado. - se atrevió a acariciar su mejilla. Ella cerró los ojos y suspiró dejándose llevar por el momento.


Al abrir sus ojos de nuevo le dijo: - Quédate aquí. - y clavó un dedo en la cama. - No tienes por qué estar incomodo.


- ¿Tanto confías en mi? - dijo él divertido sentándose para quedar a su altura. Luego la miró con intensidad.


"Por favor, que se arrepienta. Por favor Dios, no dejes que tome yo esta decisión, porqué no hay nada que desee más"


- Supongo. - susurró.


Una sonrisa juguetona adornó su perfecta cara y Kenneth sabía que no tenía opción. Aunque no dormiría en toda la noche y se levantaría tenso como el acero, no podía prohibirse a sí mismo disfrutar de ella.


Brook se tumbó y se tapó con las sabanas, Kenneth se estiró delante de ella, destapado, mirando el techo y a una distancia considerable. La chica alargó su mano hasta agarrar el cuello de su camiseta y le obligó a rodar de costado para tenerle de frente.


- Respira. - murmuró divertida. Kenneth rodó los ojos como si acabara de decir algo ridículo.


- Buenas noches. - le dijo mirando fijamente sus ojos.


- Gracias. - una sonrisa tímida cruzó la cara de la joven. - Por todo. - Kenneth alargó su mano y cubrió la de ella que descansaba en la almohada. - ¿Tu estás bien? ¿No vas a tener un ataque de pánico?


Kenneth sonrió divertido. - Estoy perfectamente. - le dijo


- ¿No te preocupa Saint Clair? - el ceño de la joven se arrugó.


- No. - apretó su mano con delicadeza. - Todo va a estar bien.


Y bajo aquella promesa la joven se durmió varios minutos más tarde.


Cuando abrió sus ojos nuevamente, tenía la sensación de haber pasado una noche plena. Se sentía descansada y su mente parecía estar en paz.


Kenneth estaba sorprendentemente dormido ante ella. Durante la noche se habían movido y el espacio que les separaba ahora eran unos pocos centímetros. Tan pocos que si se movía un poco podía besar sus labios.


Y eso sería indecoroso. Así que se separó y se ayudó de las manos para sentarse en la cama a una distancia prudencial de él.


Al sentir el movimiento, Kenneth gruñó algo y estiró el brazo hasta dar con su pierna. Luego encontró sus caderas y sin ningún tipo de reparo, tiró de ella devolviéndola de nuevo a su estado horizontal y escondió la cara en su cuello.


- ¿Qué haces? - dijo con los ojos como platos.


- Te prometo que ahora te suelto. - dijo haciéndole cosquillas en la clavícula con sus labios. - Solo dame un momento más.


Brook miró el techo con sorpresa. ¿Qué significaba aquello? Luego miró el cuerpo de Kenneth cubriendo el suyo. El estaba desparramado ocupando tanta cama como cuerpo tenía y respirando profundamente.


- ¿Te has vuelto a dormir? - dijo ella levantando su cabeza. En respuesta otro gruñido. La chica rió. - Kenneth, Simone llegará en cualquier momento.


- Dile que hoy no la necesitas. - murmuró en un quejido.


- Vamos, va. - Brook volvió a levantarse y esta vez Kenneth no la retuvo.


La mañana pasó rápida y sin ninguna novedad, y fue cuando terminaron el desayuno que Sally le propuso a Brook dar una vuelta por el jardín este. El jardín en el que se vieron por primera vez ella y su hermano.


Sally se estaba lamentando de lo mucho que le gustaba Saint Clair, y Brook fingía interés mientras se preguntaba una vez tras otra si toda aquella movida tendría repercusiones negativas para Kenneth.


- Espera. - Sally puso una mano en el pecho de Brook y se quedaron quietas y en silencio.


- No lo sé, Evangeline. - decía la voz de Gillian al otro lado de los matorrales en los que ellas aguardaban.


Brook hubiese tirado de su amiga lejos de allí al saber que eran sus madres, pues nunca hubiera sentido interés por espiar una conversa. Pero sin embargo, las cosas habían cambiado.


- Es lo mejor para todos, Gillian, querida. - le contestó su amiga.


- ¿Hablan de tu boda con mi hermano? - murmuró Sally divertida.


- Cierra el pico. - le dijo mordaz Brook.


- Puede que nos odie eternamente. Le hemos mentido durante demasiado tiempo.


- No. No hablan de boda. - siguió Sally arrugando el ceño.


- Sois su familia, os ama. - la voz de Evangeline sonó un poco más lejana. - Os perdonará.


Un silencio más tarde, Brook vio como Sally ataba cabos y la miraba extrañada.


- Es más complicado que eso. No quiero que por culpa de saber la verdad viva con miedo el resto de su vida. - Gillian.


- Se la ve una chica fuerte.


- Ha pasado por mucho.


Aquella última réplica la escucharon de lejos ya.


- ¿De qué hablaban?


La pequeña Benworth arrastró a Brook hasta un rincón.


- Se lo mismo que tu. - fue lo que ella le dijo.


En realidad no tenía muchas esperanzas puestas en que Sally la creyera. Pero estaba tan absorta en lo que había escuchado, que casi ni la atendió.


- Te aviso, - sin embargo dijo, apretando los labios con decisión - por si no te has dado cuenta aún, de que te esconden algo.


La noche cayó, la cena pasó más rápido que el desayuno y los tres golpes en la puerta llegaron antes de lo imaginado.


Brook abrió y le sonrió a un Kenneth vistiendo su ropa de dormir. Aquella ropa que marcaba tan bien los músculos de su vientre y sus brazos.


Cuando él la vio no pudo evitar dedicarle una sonrisa radiante. - Hola. - susurró ella.


- ¿Me echabas de menos? - bromeó él.


Brook rodó los ojos y se separó para que pasara. Cuando Kenneth entró y ella cerró con llave, algo sonó en el pasillo.


Pero ellos estaban tan absortos en mirarse el uno al otro, que ni siquiera lo escucharon.


- ¿Has hablado con tus tíos? - le dijo él de pie en medio de la estancia.


- No, no he encontrado el momento. - Brook caminó hasta la cama, pasándole de largo y trepando en ella.


Él la siguió y se acomodó a su lado. - Cuéntame que has hecho hoy. - susurró la chica.


Kenneth la miró, sonrió y no pudo evitar pensar en lo mucho que le encantaría sentarse a cenar en su casa, en la que él le compraría a ella y contarle todos los días qué había hecho en las horas en las que la faena los había mantenido separados.


- Hoy. - dijo Kenneth - He pensado mucho.


Brook, le miró. Sus ojos irradiaban aquél brillo de interés que tanto le gustaba ver a él. - ¿En qué has pensado? - preguntó.


- Pues en el futuro.


Ella sonrió y se tumbó en la cama, a su lado, entonces se giró, quedando de lado, y le observó interesada. Él la miró desde su posición sentada.


- Hace unas semanas mi presente y mi futuro solo eran Glassmooth. - le contó Kenneth viéndola. - Ahora es distinto. - aquello sonó como un murmullo. - Sé hasta donde quiero estar dentro de veinte años.


Brook estaba completa. Aquella era la palabra. Se sentía completa y todo era por él. Kenneth la hacía sentir de ese modo.


- No puedo creerme que hagas algo más que no sea peinarte con esa cabeza tuya. - el chico se encontró totalmente desprevenido del ataque y la miró. Ella aguardaba sus ojos con una sonrisa ladina.


- ¿Como te atreves? - le dijo con una mirada oscura. - Mas vale que lo retires.


- No lo voy a retirar. - Brook levantó una ceja desafiante.


- Retíralo. - le gruñó poniendo sus manos delante de ella y moviendo el cuerpo para tenerla más cerca. Era ardiente. Malditamente ardiente. Y Brook sintió que no podía parar.


- ¿O qué? - gruñó de vuelta.


Oh no. Brook gruñéndole como si fuese mala, no era algo que iba a poder aguantar mucho tiempo antes de tirársele encima.


- O te obligaré. - su voz le traicionó. Debería estar cortando el rollo para que aquello no evolucionara en lo que más anhelaba. Comerle la boca. Pero no podía. No podía.


- Me encantará verlo. - su voz demasiado grabe una vez más.


Entonces Kenneth con agilidad se subió encima de ella a horcajadas dejando el peso necesario sobre sus caderas para que no pudiera escapar.


Brook jadeó sorprendida. Creía que Kenneth no sería capaz de aquello. Pero allí estaba, encima de ella, dejándola que se volviera loca poco a poco mientras sentía su piel arder.


Entonces, el chico colocó las manos en sus costillas y comenzó a hacerle cosquillas como aquél día sobre el caballo. Brook comenzó a reír estrepitosamente y a moverse debajo de él de un modo que a Kenneth le ponía enfermo. Dios, cada roce era una tortura. Todo en él estaba duro y al límite.


Y ella estaba llorando de tanto reír. - Suéltame, por favor. - dijo a duras penas.


Kenneth la miró disfrutando del espectáculo.


- Tú lo has querido. - se limitó a decir encogiendo un hombro.


Brook pataleó. - Por favor, Kenneth. - le suplicó. - Por favor.


Él seguía haciéndole cosquillas sin cesar. - Retíralo.


- ¡Lo retiro! - exclamó ella con verdadera facilidad. - Eres el hombre más inteligente del mundo y amo tu cabello.


Kenneth se dejó caer sobre sus codos colocados a ambos lados de la cabeza de la chica y la miró divertido. Ella luchaba por recuperar el aire. Pero sorprendentemente no era por el ataque de risa que no podía respirar, sino por la cercanía de él.


Sus labios estaban separados por pocos centímetros y Brook sintió como se construía algo muy fuerte en su pecho. Quería besarle, necesitaba besarle.


Y Kenneth lo vio, lo vio y lo deseó más que ella, pero allí, en una cama, no podía besarla. Dios, de ninguna jodida manera iba a dejarse llevar hasta aquél punto.


Pues sabía bien que si la besaba ahora, no pararía hasta hacerle el amor.


Y entonces su cuerpo se endureció todavía más y se obligó a rodar al lado del cuerpo de Brook para romper el momento.


Ambos miraron el techo en silencio, intentando respirar con normalidad y sintiendo el calor que el cuerpo del otro irradiaba. Sus corazones estaban desbocados y ambos habían sentido aquella tensión que necesitaba ser inminentemente resuelta.


- Dime donde te ves en veinte años. - dijo Brook entonces.


La chica creyó que ya no iba a escuchar la respuesta, pero Kenneth la sorprendió después de un largo silencio. - Trepando árboles con mi mejor amiga. - contestó orgulloso. Brook rió dócilmente.


- ¿Ahora soy tu mejor amiga? - giró su cara para mirarle. Sus ojos estaban muy oscuros, mordía su labio y respiraba demasiado rápido. Brook sintió su cuerpo entero vibrar.


¿Qué era aquello? ¿Por qué mirarle le hacía parecer una niña descontrolada?


- En veinte años lo serás. - encogió un hombro Kenneth. - Aunque yo no he sido el que ha dicho que hablara de ti. - Brook le golpeó el hombro. Él intentó, en vano, relajarse antes de sonreír.


- ¿Y en cinco? - Brook volvió a mirar el techo al tiempo que Kenneth enredó sus dedos con los de ella inconscientemente.


- Montando a caballo con mi mejor amiga. - se limitó a decir.


- Bien. - asintió. - Me gusta.


- Lo sé. - la miró de reojo con una sonrisa divertida. Brook estuvo a punto de llamarle fanfarrón, pero sin embargo preguntó:


- ¿Y en dos meses?


- Casado con ella.


Ese fue el turno de Kenneth para mirarla.


¡Ya está! Al fin lo había dicho. Al fin le había confesado a Brook sus intenciones.


Y ella miraba el techo sin apenas respirar. El corazón le iba a salir por la boca.


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