Cuarenta y dos

Brook estaba con sus tíos y unos amigos, los que habían estado el día anterior con ellos, en la mesa redonda del desayuno, y quedaban exactamente cinco huecos libres.


Sabía para quien iban a ser cuatro de ellos, y cuando fue hasta la mesa donde se servía la comida, se acercó a John ajeno a ella.


- Buenos días señor Morris. - dijo a su espalda.


- Buenos días. - antes de voltearse ya estaba sonriendo, como siempre.


- ¿Quiere sentarse con nosotros?


Entonces el rostro de él se heló. Brook frunció el ceño y bajó la vista al suelo, pero John agarró su mentón y la obligó a mirarle de nuevo.


- ¿Que le ha pasado en la cara?

- Me caí. - soltó.


Simone había trenzado su pelo y despeinado la trenza que caía en ondas perfectas sobre su hombro derecho tapando por completo el golpe de su mentón.


La frente, que estaba de un color oscuro, no había logrado taparla en su totalidad, pero ambas creyeron que estaba bien disimulada.


Sin embargo, y aunque no era el caso de sus tíos, John lo había visto al momento. Aunque las mujeres de la sala estaban más atentas al peinado en sí.


No era habitual ver a una mujer con el pelo semi suelto, enseñando la longitud de este. Siempre se debían llevar moños y recogidos altos, por eso la trenza llamó más la atención que el golpe.


Kenneth entró en aquél momento al salón. Sus puños se apretaron a sus lados al ver a John tocar a Brook y ella no apartarse.


Iba con un vestido verde claro con detalles crudos y con su cintura bien estrecha, como era habitual en sus modelos, realzando su esbelto y delicado cuerpo. Arrebatadoramente atractiva.


El peinado que llevaba era demasiado tentador. Quería coger sus manos y arrastrarla de nuevo al dormitorio para envolverla en sus brazos y acariciar su pelo y su espalda y besar su cabeza y su frente.


Pero ella seguía allí dejando que John notara el suave tacto de su piel¿Por qué no se apartaba? ¿Es que no había significado tanto para ella la noche anterior?


- Kenneth, tenemos que hablar después del desayuno. - murmuró James a su lado.


Sally se separó de ellos y trotó, literalmente, hasta Brook y Morris. Evangeline la miró tensa.

Cuando Brook vio a su hermana, buscó en las puertas por Kenneth. Y él se sintió tremendamente aliviado al ver como ella se separaba de John para sonreírle.


- ¿Como estáis? - dijo Sally con una débil sonrisa.


- Perfectamente. - le contestó John. - ¿Y tu, pequeña?


Sally comenzó a responderle mientras se situaban delante de la mesa y agarraban un plato vacío cada uno. Kenneth y James se unieron a ellos.


El primero, se colocó muy hábil al lado de una Brook sospechosamente atenta a las rodajas de pan.


No estaba nerviosa, enfadada o evitándole. No. Podía confirmarlo por el modo en el que ella le observaba de reojo. Kenneth quiso agarrar su cintura y hacerle cosquillas para que perdiera la compostura y le diera uno de aquellos juguetones golpes en el hombro.


- ¿Como has amanecido? - preguntó en un susurro sin disimular una sonrisa. Al instante, su fragancia a camomila le envolvió en una nube de ensueño.


Dios, podría morir envuelto en su olor.


Brook se sirvió un trozo de pan antes de responderle: - Sin ti.


Luego se giró a mirarle y Kenneth sostuvo sus ojos sintiendo su pecho dejar de bombear. ¿Sin él? ¿No le había gustado eso? ¿Estaba coqueteando?


Brook sonrió, una sonrisa sincera y grande que provocó que el joven heredero de Glassmooth perdiera el hilo de sus pensamientos y entendiera que la había echado de menos. Habían pasado a penas dos horas desde que se habían separado, pero al volver a verla comprendió que la había extrañado demasiado.


La observó detalladamente, como queriendo absorber todos y cada uno de sus detalles.


- Tu frente está más oscura. - le dijo reparando en ella.


- Te has quitado las vendas. - le contestó en respuesta al ver sus manos.


- Las heridas son pequeñas y las vendas llamaban la atención. - le explicó. Brook asintió y luego le miró recelosa.


- No cambies de tema. - murmuró. Kenneth le sonrió al pan en un intento de disimulo - Quiero despertarme y que sigas conmigo.


La voz de Brook sonó clara y él, olvidó que estaban rodeados de invitados y no pudo evitar mirarla intensamente.


- No sabía eso. - murmuró mirando sus carnosos labios.


¿Acababa de darle una esperanza a la que agarrarse? ¿Brook acababa de decirle que quería tenerle al lado al despertar?


- Lo sabes ahora. - la comisura de los labios de la chica se elevó en un gesto juguetón.


Sí. Brook quería tenerle a su lado al despertar. Y sí. Estaban coqueteando. El pecho de Kenneth se hinchó al instante.


- Pues sabiéndolo, - miró sus ojos con seriedad - da por hecho que voy a amanecer a tu lado todos los días de mi vida.


Y aquello era tan cierto, o quería él que fuese tan cierto, que les dejó a ambos paralizados.


Mierda. Tal vez se había pasado. Tal vez Brook se iba asustada de su lado y corría a por John. El prudente de John.


¿Por qué diablos se dejaba llevar por las emociones?


Pero entonces vio como la joven mordía su labio para no sonreír abiertamente antes de soltarle: - Eso suena a promesa.


Y le rodeó con los ojos clavados en él, como si fuera a tirársele encima de un momento a otro, y se largó a por algo de queso.


El cuerpo de Kenneth ardía. - Casaros ya y terminar con esto. - murmuró Sally que ahora se servía pan.


Brook no entendió en que momento su bocaza decidió jugar al tonteo con Kenneth sin su permiso. Sí que le había demostrado cosas que a su parecer habían sido sinceras, la noche anterior. Pero ¿era eso suficiente para tirarse a sus brazos? Por qué era lo que estaba haciendo.


Debía ser más prudente y no tan descarada. No quería que Kenneth se tomara aquello como una invitación a terminar lo que ya había empezado unas noches antes.


No. Eso no era lo que ella quería. Sin embargo...¿despertar con él todos los días de su vida? Eso sonaba demasiado bien.


Cuando Kenneth llenó su plato y se sentó en la mesa, todos ya estaban hablando de lo extraño que era lo sucedido con Saint Clair. Brook miraba sus cubiertos con insistencia y no hacía absolutamente ningún comentario.


Cuando él se sentó delante de ella, usó como refugio sus ojos. - No debemos hablar de esto aquí. - dijo Kenneth en un murmullo divertido.


Brook le miró con el ceño apretado. ¿Estaba bromeando con algo tan serio? - Podría estar el culpable cerca y nunca confesar por haberles oído hablar del castigo que se merece.


- Razón no te falta. - dijo Evangeline totalmente de acuerdo.


Brook cerró sus ojos fuerte para no ponerlos en blanco. Kenneth sonrió abiertamente viendo aquél gesto.


Y tan abierta y sincera fue su sonrisa que los presentes en la mesa que hasta ahora no habían presenciado ningún desliz del señor Benworth, miraron boquiabiertos al chico antes de volver su vista al objeto de su buen humor.


Gillian miró a Evangeline con los ojos bien abiertos. Evangeline solo asintió.


Ya se lo imaginaba.


Luego, su tía miró a Thomas, que observaba a Brook, que ya volvía a comer.


- Es muy joven. - murmuró. Gillian sonrió y besó su mejilla.


- Le compraremos un piso al lado del nuestro en Londres y la visitaremos todas las tardes.


Si la joven Daugherty que había llegado hacía varias semanas a Glassmooth, hubiera estado atenta a todo aquél disparate se hubiera reído hasta caer al suelo redonda.

Pero tal vez, solo tal vez, la joven Daugherty en la que se había convertido ahora, solo se hubiese sonrojado.


Cuando el desayuno terminó James arrastró a Kenneth al despacho. Sally se colgó del brazo de Brook y se propuso pasar la tarde hablando de lo desolada que se sentía por la inminente partida de Saint Clair.


Pero antes de salir por la puerta, Kenneth alzó la voz y dijo: - Sally, ¿donde vais a estar?


Todo el mundo quedó en silencio. Sally se sonrojó ante tanta expectación. Sí Sally sonrojada. Y Brook sonrió, aunque no sabía si por Kenneth o por su amiga.


- En el campo de criquet. - fue John quien respondió.


- ¿Estas jodidamente loco? - gritó James antes siquiera de entrar en el despacho.


Kenneth le miró y aguardó.


- ¿Le has pegado una paliza al hijo del conde?


Su hermano mayor reflexionó un momento en qué debía decir. Y luego optó por hacer aquello que tanto le gustaba de Brook. Decir la verdad mintiendo.


- No. - le soltó. James entró al despacho y se sentó enrrabietado en uno de los sillones. Cuando Kenneth estuvo en el de delante, le fulminó con la mirada.


- En mi defensa diré que no sabía que era hijo de un conde. - se encogió de hombros. - Nadie me lo dijo.


James bufó. - Se te ha ido la cabeza. ¿Sabes en cuantos problemas puedes meterte por esto?


- No exageres. - dijo con desdén.


- ¡Kenneth! - gritó James exasperado. - Puede retarte a un duelo.


En los ojos de Kenneth no se reflejaba ni una sola expresión. Eso puso aún más nervioso a James. ¿Cuando habían cambiado los papeles?


- Entonces podré matarle. - murmuró.


Su hermano se alborotó el pelo, se levantó de un salto y sirvió dos vasos de whisky. Se bebió el suyo de un trago y volvió a servir otro. Luego le tendió el segundo a un Kenneth entretenido.


En serio, el hermano despreocupado era James. ¿Qué pasaba con Kenneth?


- ¿Qué pasó? - dijo al fin.


- Ayer por la noche me acosté tarde. - dijo apoyando sus codos en sus rodillas. El vaso daba vueltas en sus manos y sus ojos verdes estaban muy oscuros. James le miró intrigado. - Escuché un sonido en la habitación de Brook. Saint Clair le había golpeado la cabeza y se la llevaba arrastras de su habitación para Dios sabe qué.


James se quedó boquiabierto. La cabeza no le procesaba, ni siquiera podía hablar.


- Le di una lección y le eché de mi casa. - concluyó.


- Gracias al cielo que duermes delante de ella. - susurró. - ¿Le ha hecho algo?


Kenneth sonrió al ver que aquello era lo primero en lo que pensaba su hermano. Eso decía mucho de él.


- Solo golpearla.


- ¿Tú estás bien? - dijo ahora sin salir de su asombro.


- Me hirió el hombro, pero Brook se encargó de eso. - Kenneth miró el liquido en sus manos mientras su cabeza evocaba el dulce momento que habían vivido en el sillón.


- ¿Qué diablos quería de ella? - dijo ahora James.


- No lo sé. - murmuró. - Eso me recuerda que anoche le dijo algo después de la cena. Él a ella. Y ella pareció muy afectada.


- ¿No sabes qué? - James estaba preocupado, intrigado, enfadado...de todo un poco.


- No. - dio un sorbo a su copa. - Probablemente deba ir a preguntárselo.


- ¿No tiene miedo? - intervino.


- Brook no le tiene miedo a nada. - susurró con una sonrisa orgullosa.


Después de un silencio, James sonrió. - Pareces un niño enamorado.


Kenneth miró los ojos de su hermano. Y sonrió de vuelta.

- Quería comentarte - dijo irguiendo la espalda y carraspeando su garganta. - que le voy a pedir que se case conmigo.


James sonrió de oreja a oreja. Le miró anonadado y soltó una risotada. Kenneth aguardó a que terminara.


- ¿Qué ha hecho contigo esa chica? - negó divertido. - Creo que eres la mejor versión de ti mismo. - ahora rió a carcajadas. - Hasta le has pegado a un hombre y lo has mantenido en secreto por su honor.


Su hermano siguió aguardando.


- Gracias a Dios que has recapacitado. - se levantó, levantó a Kenneth a la fuerza y le abrazó. - Ya has abierto los ojos.


Un abrazó lleno de tantas cosas que los dos sintieron aquel momento como uno de los más valiosos de sus vidas.


- Descubramos qué pasa con el hijito del conde y organicemos una boda, hermano.


Cuando James y Kenenth se unieron a Sally, John y Brook. Esta última estaba deseando escapar de allí.


- Gracias a dios que estáis aquí. Creo que va a estallarme la cabeza. - les dijo levantándose de su silla y encontrándoles a medio camino entre el campo de criquet y la puerta de Glassmooth.


James soltó una risotada antes de ver su frente oscura. Era un buen golpe. Podría haberla matado.

Entonces llegó hasta ella y le plantó un beso en la mejilla. Fue un beso tierno y protector. Nadie iba a volver a tocar a la mujer que le había devuelto a su hermano.


- Sabía que necesitabas que te salvara. Por eso he venido.


Brook rió saliendo de el asombro inicial y miró Kenneth, mirándola divertido con sus brazos cruzados en el pecho.


La tarde pasó rápida y la cena todavía más. Y cuando Brook se retiró a dormir, Kenneth asintió hacia un Julius que salió detrás de ella.


- ¿La amas?

Kenneth parpadeó sorprendido al ver la pequeña figura de Emma Lambert plantada delante de él con la mirada iracunda y los brazos en jarras.


- ¿Disculpe? - fue todo lo que pudo decir.


- Ha bailado conmigo más de seis veces, señor Benworth. Eso se considera algo. - levantó seis perfectos dedos.


- No he contado tantos bailes, señorita Lambert. Pero me temo que bailar, - dijo serio - hasta donde yo sé, no es lo mismo que pedir su mano.


- Entonces ha estado jugando conmigo. - bajó los dedos y cruzó las manos bajo sus pecho haciendo que resaltaran exageradamente.


Kenneth se sintió violento y miró un cuadro a tres metros por encima de su cabeza. - No he jugado con usted. - dijo en un tono menos amable. - Usted sabía que solo eran bailes. Igual que baila con Saint Clair o Morris.


- No me lo pareció. - Kenneth la miró a los ojos. Toda aquella belleza que deslumbraba de sus poros, dejaba de ser pura a la que pasabas con ella el tiempo suficiente para verla enfadada. - Debo advertirle que Daugherty es una doña nadie. Y que juega con usted y con Morris.


Kenneth alzó una ceja. El colmo de la ironía.


- Debo advertirle yo, - le dijo en un murmullo. - que no se atreva a hablar mal de ella o de ningún otro de mis invitados.


- Está enamorado de ella. - gruñó Emma perdiendo todo el atractivo.


Curioso. Si Brook gruñía a él le daban ganas de comérsela a besos. Pero en el resto de mujeres nunca había tenido aquel efecto.


- Buenas noches señorita Lambert.


Kenneth se giró y la dejó allí plantada. Emma estuvo a punto de amenazarle o de gritar a los cuatro vientos que sabía que tenía un romance con Daugherty. Pero se calló. Decirlo en voz alta no sería inteligente.


En cambio murmuró: - Te verás casado conmigo, Benworth. No importa qué.


Tres golpes en la puerta y Brook saltó de la cama en la que estaba sentada contando los segundos para abrir.


Kenneth vestía una camiseta blanca de manga corta y unos pantalones de dormir negros. - Vengo cómodo.


Venía perfecto. Perfectamente perfecto. Dios, lo que aquél hombre le hacía a sus sentidos no podía ser sano.


Se retiró un paso, mordiéndose el labio para no suspirar y le dejó entrar.


- ¿Y tu ataque de pánico? - preguntó divertido mientras ella cerraba la puerta y giraba la llave.


- Ni rastro de él. - encogió un hombro con una sonrisa.


- Bien. - asintió Kenneth. - Ven aquí. - murmuró.


Brook caminó hacia él descalza, y cuando estuvo delante suyo, él la abrazó con fuerza y sin reparo.


Ella no sabía bien a qué se debía aquél placer, pero no lo cuestionó, sino que enroscó sus brazos en él y se dejó proteger.


- Me moría de ganas de abrazarte. - murmuró en su pelo.


Brook sonrió con la mejilla aplastada en sus fuertes pectorales mientras miles de mariposas revoloteaban en su interior.


Luego él llevo sus manos a sus hombro y la separó mirándola a los ojos.


- Hay otra cosa que quiero hacer. - le dijo con una sonrisa de niño malo. Un mechón de su flequillo caía en medio de su frente.


Brook llevó una mano hacia arriba y acarició su cara antes de hundir los dedos en su pelo y peinarle de aquél modo que hacía él. De aquél modo que tanto amaba.

Kenneth cerró los ojos. - Eso mismo. - asintió luego, con un suspiro que la dejó encantada.


- ¿Querías que te tocara el pelo? - rió.


- No, quiero tocártelo yo a ti.


Kenneth se separó de ella y la llevó hasta la cama. Ella subió y se sentó con la espalda en el respaldo, en cuanto Kenneth subió con ella, la envolvió en sus brazos y comenzó a deshacer su trenza con ambas manos n


- Adelante, siéntase usted libre de deshacer mi peinado. - dijo ella bromeando.


Kenneth arrugó su nariz en una mueca tierna, pero nunca dejó de deshacer su pelo trenzado. Cuando el cabello de la joven caía en cascada sobre su espalda, comenzó a pasar sus dedos entre él, como si lo peinara.


Brook le miró y se asombró de ver cuanto le gustaba verle con aquella expresión serena que tenía cada vez que estaban juntos y tranquilos.


- Emma Lambert me ha asaltado cuando tu te has ido.


La espalda de Brook se tensó notablemente, pero no dijo nada. ¿Juntos y tranquilos había dicho?


- Quería saber si la estaba utilizando. - Kenneth hizo una mueca mientras seguía con la tarea de amar el cabello de su chica.


- Y ¿la has utilizado? - murmuró Brook con un poco de temor.


- En cierto modo. - esa respuesta sirvió para que ella apoyara las manos en sus pectorales y se alejara para observarle mejor.


- ¿Qué significa eso? - le dijo con el ceño apretado.


- He bailado con ella para que mi madre creyera que me gustaba y no me presentara a más jóvenes. - se encogió de hombros. - Eso es usarla ¿no?


- ¿Solo eso? - preguntó ella en un hilo de voz. Se miraban a los ojos - ¿No ha pasado nada más?


Kenneth sonrió con ternura y llevó su mano al rostro de Brook. Acarició con su palma la mejilla de ella y dejó que sus dedos quemaran su piel.


- Nada más. - dijo. - Nunca.

698 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo

Epílogo

© Todas las obras, textos, artículos, historias y personajes están registrados en el Registro de la Propiedad intelectual con licencias vigentes. 
Su copia, plagio o uso sin autorización expresa de la autora; es ilegal.

© 2023 by Name of Site. Proudly created with Wix.com