Cuarenta y uno

Kenneth se debatió mucho entre quedarse toda la noche con ella o irse a su cama.


La verdad, la primera opción era más que tentadora aunque no vistiera ropa para dormir. Brook estaba acurrucada entre sus brazos, descansando la cabeza en su pecho y respirando profundamente. Kenneth no podía dejar de mirarla mientras acariciaba su pelo. No podía sentirse más complacido de tener el placer de cuidarla.


Si alguien entrase en aquel momento, la reputación de la chica quedaría manchada hasta el punto de darle a Kenneth la excusa perfecta para pedirle que se casara con él.


Levantó su cara con cuidado, en una suave caricia y admiró sus rasgos. Aquella era la mujer a la que quería ver todos los días al despertar.


Sus perfectos labios estaban entreabiertos creando miles de sensaciones en él. Quería tocarlos, besarlos, lamerlos, morderlos... - Respira, Kenneth. - se dijo en un suspiro.


Y entonces, buscar una excusa para desposarla no era tan buena idea. Prefería pedírselo de un modo formal y romántico para que a ella no le quedara ninguna duda de que lo hacía por voluntad propia.


Con mucho cuidado dejó a Brook sobre el colchón y acomodó su cabeza en la almohada, sonriendo al ver su ceño fruncido al notar el cambio. No pudo evitar besar su frente antes de incorporarse, alisar su ropa y retirarse hasta los pies de la cama mientras la miraba por última vez.


Entonces recapituló. Tal vez Brook no aceptaba casarse con él. Sus dientes se apretaron.


Tan raro no sería, le había evitado el día entero. Y por más que las ultimas tres horas hubieran sido ellos mismos, sintiéndose y acercándose el uno al otro como solían hacer, podía ser que hubiese sido el golpe en la cabeza lo que la hubiese dejado atontada y por consiguiente se hubiera comportado así.


Inspiró por la nariz y sacó el aire lentamente por la boca. Debía relajarse. No sacaría nada bueno comiéndose la cabeza cuando ella no podía resolver sus dudas.


Mañana lo hablarían.


Entró en su habitación y se dirigió al baño.


Muy bien, su plan hasta ahora era bien simple: hablar con Brook, descubrir qué le pasaba con él, descubrir que había pasado con Saint Clair y luego casarse con ella.


Sonrió ante el espejo. Sí sus hermanos pudieran leer su mente, se destornillarían. Tal vez, solo tal vez, podían echarle una mano con sus tres cometidos.


Al llegar a su cama y desabrochar el primer botón de la camisa le pareció escuchar la puerta de Brook abrirse. Kenneth sostuvo el aire un momento esperando oír algo más. Pisadas en el pasillo o algo por el estilo. Tal vez se había despertado sola y se había asustado. Bien, no. Brook no se asustaría por algo así.


Y no se escuchó nada hasta aquél golpe seco que resonó en la casa y provocó que Kenneth corriera hasta el pasillo y encontrara la puerta de Brook entornada.


Miró a ambos lados del corredor. No había nadie. Eso significaba que quien fuese había entrado, no salido.


Debía ser Gillian, Simone que venía a comprobarla o su tío. Seguro. Pero todo el bello del cuerpo de Kenneth estaba erizado.


Algo no andaba del todo bien. ¿Por qué no cerraría del todo la puerta Simone? A no ser que tuviera prisa por irse.


Un gemido se escuchó desde dentro y fue en el momento en el que Kenneth puso la mano en la maneta, que la puerta tiró hacia adentro abriéndose.


Y lo que tuvo delante de los ojos le hizo perder la razón. Si John o James hubiesen estado allí en aquél momento, hubiesen sabido al instante que el chico iba a hacer algo horrible, por la expresión en su cara.


Saint Clair cargaba con el cuerpo inmovil de Brook sobre un hombro mientras sostenía una botella transparente con la otra mano.


Los dos hombres se miraron, un silencio imperó en el espacio y en Glassmooth entero. Y entonces Saint Clair tiró de la puerta en un intento por volver a cerrarla y quedarse dentro con la chica. Pero Kenneth fue más hábil, y le pateó la mano con una fuerza bruta.


Saint Clair dio varios pasos hacia atrás, tambaleándose con el cuerpo de Brook a su merced. Kenneth sentía que perdía el control. Una ira inhumana comenzaba a correr por sus venas inundando cada parte de su cuerpo con aquél veneno impuro.


Y cuanto más contemplaba la escena, peor se ponía. Iba a matarlo. Iba a destrozarlo por tocar a su chica.


Saint Clair debió advertir la mirada en sus ojos, porque rápidamente soltó a Brook en la cama de una sacudida y se tiró a buscar la puerta abierta tras ellos.


Kenneth le barró el paso y con la fuerza de un puñetazo dirigido a su rostro lo tiró de espaldas al suelo.


- ¿Qué haces aquí? - gruñó.


Saint Clair no contestó, solo se tapó la nariz sangrante con la mano libre.


Kenneth aprovechó para sentarse a horcajadas sobre él inmovilizando su cuerpo.


- ¿Qué quieres de ella? - descargó un puñetazo en la mejilla. Saint Clair jadeó, se repuso y le miró con sus negros ojos desafiantes. - ¿Qué cojones haces aquí? - ahora alzó la voz y le clavó un nuevo puñetazo en la otra mejilla.


Saint Clair intentó moverse bajo el peso de Kenneth, pero era imposible. Estaba atrapado bajo una masa inamovible. Y aquella masa estaba dispuesta a lo que fuese.


- Veo que a ti también te gusta. - algo así dijo Saint Clair bajo la sabana de sangre que ahora cubría su cara.


- Dime que haces aquí Christopher. - bramó Kenneth antes de darle un nuevo golpe.


Saint Clair sabía que iba a perder aquella batalla si no conseguía sacarse de encima a Benworth. Entonces recordó la botella que sostenía en su mano derecha y golpeó a Kenneth en el hombro. Tanta fue la fuerza que la botella estalló cortando su camisa y su piel en diminutas heridas, desintegrándose en el suelo en diminutos pedazos.


Pero Kenneth no se movió. Ni sintió el dolor.


- Me la llevaba. - le soltó con una sonrisa horrible. Kenneth golpeó sus perfectos dientes creando otro río de sangre. No lo pudo evitar.


- ¿Por qué? - le dijo agarrando las solapas de su chaqueta e incorporándole para tener su cara más cerca.


- ¿No está claro? Es hermosa. Si no te la quito yo, te la quitará otro. - se encogió de hombros con desdén.


¿Como podía ser? Christopher Saint Clair estaba sangrando mal herido, indefenso y sin nada que hacer para salir de la situación y seguía comportándose como si no fuese gran cosa.


¿Por qué aquél media mierda estaba haciéndole aquello a Brook? ¿Qué sacaba él de raptarla como un canalla? ¿Obligarla a casarse con él?


El fulgor volvió a estallar dentro de Kenneth que comenzó a golpearle sin poder parar. Una vez tras otra dejando cada vez su cara más irreconocible.

Iba a matarlo. Y eso sería un problema cuando lo pensara con la cabeza fría.


- Espero que no la hayas tocado. - gruñó sabiendo que el cuerpo bajo él ya no iba a responder más. Estaba inconsciente. - Y espero que nunca más vuelvas a mirarla.


Entonces escuchó un gemido, que paró su puño en el aire. Levantó la vista para ver a Brook moverse sobre la cama. Cuando se incorporó y le vio, sus rasgos se helaron.


Miró a Saint Clair debajo de él, miró a Kenneth y jadeó. La escena era bastante tórrida.


Luego recordó haber abierto los ojos y ser golpeada con una botella en la cabeza, que ahora le palpitaba y le dolía demasiado para estar bien.


¿Qué hacía Kenneth allí? ¿La había rescatado? Se movió hasta quedar en el suelo y gatear hasta Kenneth que seguía mirándola inmóvil, dándose cuenta de la horrible escena que estaría presenciando ella.


Mierda.


Miró a Saint Clair al tiempo que Brook ponía dos dedos en su cuello para encontrarle el pulso. Estaba desconfigurado, su cara roja, herida e hinchada.


Al ver que su pulso latía, Brook miró a Kenneth, respirando agitado, salpicones de sangre en la camisa y la cara, el brazo herido y el labio inferior morado de tan fuerte que se lo mordía mientras la miraba con preocupación.


- Kenneth, suéltalo. - le murmuró ella tocando sus manos fuertemente agarradas al cuello de Saint Clair.


Kenneth ni se lo pensó. Le soltó y se dejó caer hacia atrás quedando sentado. Luego la miró, tenía un golpe en la frente que lucía de lo más oscuro. Y cuando se percató de que los ojos de Brook estaban en él también, se permitió el lujo de alcanzar su muñeca y tirar de ella hasta envolverla en un abrazo.


- ¿Te ha hecho daño? - dijo él con el rostro escondido en su sedoso pelo.


Tal vez ella le odiara después de ver aquello, pero él no se arrepentía ni un poco.


- Solo me ha golpeado. - Brook, para su sorpresa, se escondió más en su pecho absorbiendo su aroma masculino.


Ella se sentía inexplicablemente emocional. Por primera vez desde la muerte de sus padres había sentido miedo al abrir los ojos y ver que quien tenía delante no era él. Y además aquél hombre iba a herirla.


Kenneth la retiró para verla. Observó sus piernas desnudas, enroscadas cerca de las de él y, aunque ella le había dicho estar bien, buscó algún indicio de forcejeo o herida. Cuando vio que no había ni uno, se relajó notablemente.


- Dios, - suspiró mirando sus ojos - me he asustado.


Brook le miró sorprendida. Una leve sonrisa tiró de la comisura de sus labios.


- ¿Tú? - dijo ella. - Yo sí que me he asustado.


Kenneth volvió a abrazarla mientras besaba su pelo una y otra vez.


- Ya estoy aquí, no va a volver a tocarte. - murmuró sin apartarse. Sintió que ella asentía. - ¿Te dijo algo? ¿Sabes por qué lo ha hecho? - Brook negó una vez. - ¿Que te dijo en la cena?


Se quedó callada. ¿Debía decirle a Kenneth la verdad? Había acudido en su busca, a rescatarla y le estaba eternamente agradecida por ello. Pero, ¿eso quería decir que Brook significaba algo más para él? Algo más que todas aquellas otras con las que supuestamente había jugado Kenneth.


- ¿Qué soy yo para ti? - dijo Brook de pronto frunciendo el ceño.


Kenneth pareció sorprendido ante aquella salida. Y aquél hubiera sido el momento ideal para decirle la verdad, decirle lo que se proponía. Y tal vez, si Brook le hubiera dado cinco segundos más de reflexión, él lo hubiera dicho. Pero sin embargo ella irrumpió con un:


- ¿Soy tu amiga? - sus ojos se veían intensamente oscuros. Y fue el turno de Kenneth de fruncir el ceño. - ¿Me respetas como respetas a...- Brook pensó antes de decir - Sally?


¿Por qué la estaba comparando con su hermana? ¿Es que no se daba cuenta qué ella era muy distinta a su hermana? Y que lo que él sentía era distinto que lo que podía sentir por su hermana. ¡Por el amor de Dios, que tontería!


Y eso mismo pensaba Brook. Que cobarde era. Después de preguntar algo tan comprometido como aquello, se descubrió temiendo que él admitiera no sentir nada. Que admitiera estar jugando con ella o considerarla solo una amiga. Por eso se rectificó a tiempo resignándose a perderse su respuesta real.


- No eres como Sally para mi, Brook. - murmuró Kenneth con seriedad. - Eres...- hasta dudó de qué decir.


Amiga: no. Conocida: ni hablar. Otra entre tantas: nunca. Brook era LA chica. Aquella que se encontraba una vez en la vida. Aquella con la que uno salía del laberinto y se casaba. Pero, ¿como decirle aquello sin quedar como un idiota si le rechazaba?


Y entonces, ella, al ver su silencio sonrió lentamente entendiendo que Kenneth tenía en la cabeza un cacao tan grande como el suyo, se inclinó cerca de él y besó su mejilla. Al retirarse, le miró a los ojos y murmuró: - Gracias por venir a por mí.


Kenneth había dejado de respirar, sentía sus labios escocer por las ganas que tenía de unirlos a los de ella, su corazón repiqueteaba a cien por hora y sus manos seguían envolviendo su cuerpo de un modo íntimo del cual no se había percatado hasta ese momento.


- No me des las gracias. - le dijo en respuesta.


- ¿Qué vamos a hacer con él? - dijo ella mirando a un Saint Clair quieto.


- Desterrarlo de Glassmooth.


Kenneth y Brook ataron a Saint Clair a la pata de la cama. Ambos sabían que aquél pobre hombre no iba a poder moverse en varios días, pero no iban a subestimarle.


Luego Kenneth agarró la mano de Brook y ambos bajaron por la escalera de servicio hasta la cocina donde dieron con Julius que los miró boquiabierto.


- ¿Señor? - dijo. - ¿Qué les ha pasado? - observó la sangre en Benworth y el feo golpe en la frente de la señorita Daugherty.


- Julius, necesitamos tu ayuda y tu discreción.


- Descuide.


Los tres subieron hasta la habitación de Kenneth, donde se encerraron después de comprobar que nadie les había visto.


Brook miró el sitio con interés. Aunque todo estaba iluminado por una mísera vela, todo el cuarto tenía aquél serio aire de Benworth.


Fue a sentarse en un sillón réplica del suyo y miró como los hombres pensaban qué hacer con Saint Clair.


- Nadie debe enterarse. - dijo Kenneth. - No le ha hecho nada a Brook, pero no quiero que su reputación quede manchada.


- Por supuesto señor. Absolutamente nadie va a saber nada sobre este episodio. Fingiremos que ha partido por un tema familiar y lo mandaremos de vuelta a su casa.


- Muchas gracias Julius.


- Señorita, - Julius se giró resolutivo a ver a Brook. Ella irguió la espalda. - Quédese en esta habitación hasta que saquemos a ese hombre de la suya. Y puede asegurarse de que yo mismo haré guardia todas las noches ante su puerta. Siento que le haya ocurrido esto.


- Muchas gracias Julius. - repitió Brook con una débil sonrisa.


- Yo guardaré su puerta, no te preocupes.


Eso fue lo que Kenneth dijo mientras abría la puerta y salía tras de Julius.


- Ahora vengo. Enciérrate aquí. Llamaré tres veces seguidas. - le dijo a Brook antes de salir al pasillo.


Ella asintió y se levantó. Cuando llegó delante de la puerta él la miró fijamente y suspiró:

- Gracias a Dios que estás bien. - acarició su rostro con dos dedos, en una tierna caricia y se largó.


Julius y Kenneth recogieron a un Saint Clair que ya estaba volviendo en sí, y lo metieron en una calesa de vuelta a su casa, cualquiera que fuese esa. Las criadas hicieron su equipaje y lo mandaron horas más tarde.


Cuando Kenneth tocó tres veces a la puerta, Brook tardó menos de cinco segundos en abrir.


Al volver a verla se percató de que ahora sus mejillas estaban sonrosadas aunque el golpe se veía más oscuro y parecía preocupada.


- Estás herido. - le dijo mirándole. - Ven.


Y allí estaba la Brook decidida y segura que a él le gustaba y le dejaba sin aliento, pues la joven enredó su mano con la de él y tiró hasta tenerlo dentro de su propia habitación. Luego cerró la puerta y dio media vuelta a la llave.


Le guió hasta el sillón en el que ella había estado media hora sentada, esperándole, intentando no pensar en el incidente con Saint Clair y le obligó a permanecer quieto.


Luego sacó un barreño de la habitación del baño y lo llenó del agua potable que abastecía la jarra encima de la mesita de noche de Kenneth. Pues no era el momento de llamar a una sirvienta para que les rellenara un cubo de agua.


De algún lugar que Kenneth no vio, sacó un par de toallas pequeñas color crudo y cuando lo tuvo todo listo, lo colocó delante suyo y se sentó encima de sus rodillas a su lado en el sillón.


Kenneth tenía una sonrisa divertida. - ¿Qué? - sonrió ella de vuelta.


- Siéntete libre de coger lo que quieras. - bromeó.


Había disfrutado inmensamente de verla moverse por su espacio como si perteneciera a él. Descalza, despeinada y en un pijama sucio - dejando a parte que era de sangre-. Si alguien le hubiera dicho que apreciaría tantos momentos íntimos de Brook, no lo hubiera creído.


Y entonces rodó los ojos y en un bufido le soltó: - No finjas que te molesta.


Kenneth sonrió aun más grande antes de darse cuenta de que Brook le miraba con solemnidad.


- Voy a limpiarte.


Asintió sintiendo como su corazón de pronto se aceleraba. Era obvio que aquél era su propósito, pero hasta aquél momento no había reparado en que para limpiarle, ella iba a tocarle.


Brook no dudó ni un segundo al hundir por completo una de las dos toallas en el cubo y escurrirla. Luego se adelantó un poco más hacia él y le miró.


Kenneth también la miró, sus ojos estaban oscuros e intensos.


Ella llevó su mano libre al fuerte y cuadrado mentón de Kenneth, obligándole a incorporarse hasta quedar frente a frente y con las rodillas tocándose.


Entonces comenzó a borrar las motas de sangre del rostro de Kenneth sin sorprenderse de no encontrar herida.


Los ojos de Brook recorrían su rostro de un modo que le hacía sentir privilegiado. Tenerla allí cien por cien por él era algo que no todo el mundo tenía el placer de vivir. Y se sentía increíble.


- Ni siquiera es tuya toda esta sangre.


Kenneth le dedicó una sonrisa ladina y los ojos de ella fueron a sus labios. No lo pudo evitar.


- ¿Lo dudabas? - murmuró.


Brook se obligó a encoger un hombro y seguir con la faena.


Ahora la sangre bajaba por su fuerte cuello hasta su pecho, y ella fue siguiendo el reguero de gotitas sin dudar. Era tanta su decisión que Kenneth se sintió inseguro.


- ¿Has hecho esto antes? - le preguntó arrugando el ceño. Brook le miró a los ojos un segundo antes de seguir con su tarea.


Su mano libre cada vez recorría más piel del joven sin siquiera darse cuenta o dudar de donde apoyarse o tocar. Y eso no pasaba desapercibido para él.


- No. ¿Por qué? - le dedicó una ligera sonrisa mientras seguía entretenida.


- Pareces toda una experta. Ni siquiera dudas en tocarme.


Cuando Kenneth dijo aquello, Brook irguió la espalda y quitó sus manos de él.


- No. - le dijo en algo así como un lamento. - No lo decía para que parases.


- Probablemente esto sea lo más escandaloso que he hecho en mi vida. - Murmuró mirando sus manos y reparando en ello por primera vez.


Estaba tan empeñada en hacer algo por él, después de todo lo que él había hecho por ella. Quería agradecérselo de algún modo.


- No se lo diré a nadie. - le dijo con una sonrisa ladeada. - Pero termina. - Brook le miró estrechando sus ojos. - Por favor.


Entonces, totalmente a propósito encogió sus hombros, pasó una mano por su pelo, despeinándolo y rodó los ojos.


Brook abrió la boca en una "o" gigante y le golpeó el hombro sano. - ¿Qué haces? - exclamó. - ¡Te aprovechas de mis debilidades, Kenneth! - cruzó los brazos sobre su pecho. - ¡Eso es cruel!


Kenneth estalló en una carcajada despreocupada mientras dejaba caer su cabeza en el respaldo del sillón. Le encantaba aquella chica. Simple y sencillamente.


Al final Brook se unió a él mientras negaba con la cabeza.


- Eres horrible. - murmuró cuando ambos pararon de reír. - Muévete, quiero ver tu hombro.


La chica se levantó y esperó a que Kenneth se sentara en medio del sillón para ella poder acomodarse a su otro lado.


Cuando estuvo sobre sus rodillas, metió la toalla en el barreño y la limpió mientras le miraba de reojo permanecer inmóvil.


- Quítate la camisa, por favor. - dijo ella en un susurro.


Kenneth hubiese bromeado o sonreído o hubiese aprovechado para ponerla nerviosa, pero él mismo estaba tan expectante que simplemente obedeció.


Desabrochó los botones de la camisa uno a uno con una lentitud que a Brook la dejó con la boca seca.


Cada botón que cedía abierto dejaba ver un poco más de piel. Y su piel era...exquisita.


Bronceada, tersa y fuerte.


Cuando se incorporó y se quitó la camisa, Brook no pudo apartar los ojos de su torso. Era perfecto.


Todos sus músculos bien trabajados marcaban con fuerza su abdominal, sus dorsales, sus pectorales y sus hombros y brazos. Era increíble ver por primera vez un torso tan bien esculpido.


Sentía un calor irremediable recorrer su cuerpo des del centro de su ser, cubriendo todos los rincones. Ni siquiera recordaba cómo respirar.


Sí era verdad que en todas las veces que la había abrazado o envuelto en sus brazos, había podido imaginar lo que debía haber allí debajo. Pero aquello era mejor que imaginar.


- ¿He encontrado otro de tus puntos débiles? - Kenneth estaba mirándola burlón.


Brook, inmediatamente se sonrojó y volvió a mojar la toalla en un intento de dispersar la atención.


- Cállate. - murmuró.


El chico no pudo evitar sentirse estúpidamente halagado.


Brook llevó la toalla a su hombro y comenzó a dar toques no tan ligeros con tal de limpiar la sangre. Kenenth rió estrepitosamente y Brook le dedicó una mueca.


- Esta sí es tuya. - observó ella una vez más concentrada en su tarea.


- Mhm.. - fue todo lo que él dijo mientras se relajaba.


Luego limpió sus puños rasgados e hinchados.


- Bien. - unos minutos más tarde Kenneth se percató de que había cerrado los ojos. - Ya está. - dijo ella.


Se incorporó y miró su hombro y sus manos limpias. Cuando ella se levantó, el cogió su muñeca y la sentó de vuelta. Metió la segunda toalla en el barreño y limpió el golpe de su frente.


- Simone va a tener un problema tapando esto. - murmuró ante ella, sin camisa y con el ceño fruncido. - Suerte que sigues siendo tan hermosa como siempre. - Brook se estremeció, Kenneth la miró ensimismado.


Aquello era mejor que cualquier sueño que pudiera tener.


Permanecieron así hasta que él terminó. Luego la acompañó hasta su habitación todo y que debían faltar menos de tres horas para el amanecer, la ayudó a acostarse y se tumbó en el sillón al lado de la cama.


- No has tenido un ataque de pánico. - murmuró Kenneth mirando los ojos de Brook.


- Creo que lo tendré tarde o temprano. - le contestó con una mueca.


- Voy a estar aquí si eso pasa.


Aquél susurro quedó suspendido en el aire.


- Esta vez no te vayas. - susurró ella después de un rato.


Cuando Simone entró en la habitación, Kenneth se levantó silenciosamente, acarició la frente de Brook y se marchó.


Después de darse un baño y despejarse, vendó sus manos y entró en su despacho.


- ¿Sabes que ha pasado con el señor Saint Clair?


Evangeline estaba notablemente preocupada moviéndose de un lado a otro de la estancia mientras retorcía sus manos. James y Sally parecían molestos, no sabría decir si por lo que la madre preguntaba o por el vaivén.


- No. - dijo Kenneth impasible. - Se ha ido por un tema familiar.


- No. Alguien le ha dado una paliza. - dijo Sally claramente preocupada.


Kenneth escondió sus manos tras su espalda y se dirigió a su mesa. Luego dejó las manos en sus rodillas, tapadas por el escritorio. James lo vio.


- Es el heredero del Conde. - anunció el pelirrojo estudiando la fisonomía de su hermano.


- ¿Qué? - Kenneth se giró a ver a James con el ceño apretado.


- Christopher Saint Clair es el heredero del Conde. Su familia es sumamente importante. - la madre de los chicos comenzó. - Y alguien en Glassmooth le ha desconfigurado la cara, Kenneth. Eso es horrible. Nos va a dejar en muy mal lugar.


- El conde Saint Clair no va a quedarse con los brazos cruzados. - dijo Sally con voz justiciera.


- ¿Como sabéis todo eso? - preguntó Kenneth. - ¿Desde cuando es hijo de un conde? ¿Por qué nadie lo ha mencionado antes?


El peso de la situación caía sobre él. Aquello era más serio de lo que se pudiera haber imaginado. Pero la reputación de Brook no iba a ser puesta en entredicho, no importaba lo jodido que el tema se pusiera.


- Era obvio hermano. - murmuró James.


- La señora Saint Clair ha mandado una carta a nuestra madre avisando de las condiciones en las que ha llegado el futuro conde a casa esta mañana. - esa fue Sally.


Maldición, ¿tan cerca vivía Saint Clair que ya había llegado una carta? Kenneth aguantó un bufido.


- Le mandaré una en respuesta, pidiéndole disculpas y descubriré quien ha sido. - dijo. - Cuando le encuentre le echaré de Glassmooth.


- Bien. - dijo Evangeline.

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