Cuarenta

- Brook. - Kenneth había perdido la cuenta de cuantas veces había susurrado su nombre. - Brook, despierta.


Al encontrarla tirada en las escaleras le faltaron segundos antes de estar a su lado arrodillado y meciéndola entre sus brazos. Comprobó que no estuviera herida y se relajó un poco al ver solo un pequeño golpe en su mentón izquierdo justo debajo de su oreja.


Después la llevó en brazos hasta su habitación, quitó sus botas y la metió en la cama antes de tocar la campana de servicio.


Cuando Simone entró a la habitación cinco minutos más tarde, encontró a Kenneth agarrando la cara de Brook, inmóvil, y con su frente apoyada en la de ella susurrando su nombre.


- ¿Qué - comenzó. Pero Kenneth levantó la cabeza y saltó lejos de ella, apoyando su espalda en las vigas de la cama.


- Se ha caído por las escaleras. - dijo.


Simone corrió a ponerse al otro lado de la cama e inspeccionó a su señorita como ya había hecho él. No le pasó por alto lo delicada que era al tocarla y lo preocupada que parecía. Era como si por primera vez en su vida, viera un vinculo real entre una señora y una sirvienta.


- ¿Como ha pasado? - dijo mirándo a Kenneth.


- He escuchado un ruido y la he encontrado en el suelo. - murmuró mirándola en la cama.


Sus ojos estaban cerrados, sus labios también. Sus mejillas parecían estar sonrosadas y en su rostro había una expresión de paz contagiosa.


Al momento, Kenneth agarró su mano y buscó el pulso en su muñeca, como para tranquilizarse sintiendo su latido entre sus manos.


- ¿No había nadie más? - dijo Simone mirando atentamente lo que él hacía.


- No he visto a nadie más. - contestó sin dejar de mirarla.


Dios, esperaba que estuviera bien. Casi no podía aguantarse las ganas de zarandearla, o levantarla o de hacer algo que la hiciera despertar. Y sin embargo no podía hacer otra cosa que mirarla, tocarla y susurrar su nombre.


Se sentía como un completo idiota.


- Voy a por los Dwight. - Simone dijo unos segundos más tarde, mientras se levantaba hacia la puerta.


- Estoy bien.


Los dos se giraron al oír aquella voz ronca. Brook frotaba sus ojos lentamente con su mano libre, mientras intentaba incorporarse y anteponerse a la oleada de calor que las manos de él creaban en su piel.


- Brook. - una vez más, fue todo lo que pudo decir Kenneth mientras volvía a acercarse a ella y la envolvía en sus brazos, estampando su cara en sus pectorales.


Fuertes y duros pectorales.


Brook que acababa de salir de un sueño extraño se sintió completamente traspuesta al abrir los ojos y verse protegida por Kenneth. ¿Qué se había perdido? ¿Por qué estaba tan cómoda aplastada contra él?


- ¿Qué ha pasado? - dijo ella contra su pecho.


- Te he encontrado en las escaleras. - Kenneth la separó, con las manos en sus hombros y la miró a los ojos. - ¿Estás bien? ¿Te duele algo?


Brook observó con asombro a Kenneth, parecía tan preocupado por ella que no sabía ni qué pensar. Lo que sí tenía claro, era que sus ojos eran los ojos más hermosos que había visto en su vida.


- No recuerdo nada. - mustió obligándose a dejar de pensar en aquello.


- Voy a por un poco de agua. - dijo Simone antes de dejarles solos.


- ¿De donde venías? ¿Recuerdas eso? - Kenneth estaba delante de ella, ya no la tocaba pero su actitud era protectora totalmente.


- De la habitación de Gillian. - susurró.


De pronto el recuerdo de lo que había escuchado tras la puerta de los Dwight, la asaltó. Estaba pasando algo que ella no sabía. Había algo que sus tíos ocultaban y ni siquiera sabía qué debía hacer. ¿Preguntarles directamente? ¿Seguir espiando? ¿Contarles lo de Saint Clair?


La cabeza de Brook comenzó a dar vueltas. Pero literalmente. Kenneth que vio como aquellos hermosos ojos azules se desenfocaban, la rescató de golpearse con la cabeza en la pared tras ella.


- Túmbate - murmuró ayudándola. - Necesitas descansar.


- Creo, - dijo en un hilo de voz - que necesito quitarme el corsé. Me cuesta respirar. - siguió sin aire.


Kenneth se quedó bloqueado un segundo. ¿Debía ofrecerse a ayudarla? Eso sería demasiado para aguantar, pero ella casi no podía moverse. Debía ayudarla.


Brook le observó cavilar y no pudo evitar sonreír. - No voy a pedirle que me desnude, señor Benworth. - igual que no pudo evitar coquetear con él.


- Aquí tiene. - Simone entró en la habitación con una jarra de agua que dejó sobre la mesita de noche.


- Os daré un momento.


Kenneth se levantó y salió de la habitación. Cuando hubo cerrado la puerta tras él Simone dijo: - Un jugador no cuida de sus "víctimas" de ese modo, señorita.


Brook ni la miró. Decidió que dudar sobre si Kenneth le convenía o no, estaba fuera de serie. Debía descubrir otras cosas más importantes.


Simone cambió la ropa de la chica por su camisón y su bata. Luego la miró insegura y frunció el ceño. - No debería verla así.


Brook se tapó con la sabana y la miró con desdén. Si ella supiera... - Dile que se vaya, entonces. - levantó una ceja. Desafiante. Pues ambas sabían que aquél chico no se iría de allí.


Kenneth sonrió cuando Simone se lo dijo, luego rodó los ojos y entró en la habitación. De ningún modo iba a irse a ninguna parte. Obviamente.


Caminó derecho al sillón azul, lo arrastró por el suelo hasta que estuvo bien cerca de la cama y se sentó delante de ella.


- ¿Qué haces? - preguntó Brook con los ojos bien abiertos.


- Aprovecharme de tu estado de debilidad y hablar contigo de lo que ha pasado hoy. - el fantasma de una sonrisa apareció en su rostro.


- Kenneth, - dijo ella - no es un buen momento. - Él la miró. - Podemos hablar mañana. Me siento cansada. - Brook llevó una mano a su cabeza.


- Es un momento tan bueno como cualquier otro. - le dijo él con serenidad. Pero sin dejar de preocuparse - Tengo algunas cosas que decirte.


Brook se giró a mirar a Simone, que miraba a Kenneth con sorpresa y admiración.


- Simone puede quedarse y escucharlo todo. - dijo él entonces.


Brook estrechó los ojos en su dirección, al ver su determinación entendió que no había nada que pudiese hacer para hacerlo cambiar de idea. Lo que no esperaba era que todo comenzara con un:


- Melinda Stonestreet fue la amante de mi padre.


Un silencio creció en la habitación. Simone no sabía donde meterse, así que optó por fingir que ordenaba el tocador.


Brook tardó un momento en procesar aquella frase y se incorporó de nuevo. - Kenneth, no tienes por qué contarme eso.


- Claro que tengo por qué hacerlo. - contestó él despreocupado. - Tu crees que Melinda es alguien importante para mi. Quiero que sepas la verdad.


Se miraron fijamente. Él con determinación y ella con confusión. Los ojos de Kenneth estaban totalmente en ella.


- ¿Por qué? - susurró.


- Por qué - Kenneth lamió sus labios antes de seguir: - he pasado grandes momentos contigo y he descubierto que eres alguien a quien quiero mantener a mi lado. - Brook tragó con dificultades intentando pensar en que no debía dejarse engañar. - Por ese motivo voy a ser totalmente sincero contigo.


- Kenneth, - dijo ella insegura.


- Déjame ganarme tu confianza, por favor. - le dijo apoyando sus codos en sus rodillas e inclinándose un poco más cerca de ella. - Es todo lo que te pido. - eso fue un susurro demasiado dulce.


Brook se quedó callada, mirándole, estudiándole y repitiéndose que no debía perder la cabeza. Inspiró lentamente y se recostó en la cama, de perfil, dandole el frente a él.


Qué apuesto era Kenneth Benworth, y que increíble era tenerle tan cerca, solo para ella. Aquello era una tortura.


Eso fue lo que necesitó Kenneth para entender que podía seguir su relato.


- Mi padre tenía un romance con una joven campesina. - pasó una mano por su pelo y se despeinó irresistiblemente mientras clavaba los ojos en la mano de Brook, encima de las sabanas. - Tuvo un hijo con ella y nos lo escondió a todos. - Brook restó observando los rasgos de Kenneth. Parecía resignado. - Al morir, una carta llegó a mí revelándome todo. Intenté pasar del tema, hacer ver que no sabía nada y así no pagar el chantaje que Melinda y su marido le estaban haciendo a mi padre.


- ¿Le chantajeaban? - susurró Brook. Kenneth clavó sus ojos en ella dejándola impresionada.


- Con ensuciar la reputación de mi padre contando la verdad. - le aclaró. Ella asintió débilmente. - Cuando vieron que yo me negaba a formar parte de su juego, Melinda se presentó en mi casa en Londres. - ahora hizo una mueca. - Entonces mi madre la vio y recordó haberla visto antes. Ató cabos.


Brook estaba con los labios apretados y la cabeza en la almohada. Estaba tan absorta en la historia que se le olvidaron sus propios problemas.


- ¿Tu madre lo sabe? - intervino sintiendo una extraña y profunda pena.


- Sí. - dijo secamente. - Tan solo diez días más tarde de la muerte de mi padre.


- Qué horror - susurró mirando más allá de Kenneth. Intentaba imaginar como se sentiría ella tras saber algo así. Destrozada probablemente. Tanto si se tratara de su marido como si se trataba de su padre. Una decepción.


- No sé por qué creerías que entre Melinda y yo estaba pasando algo. Pero ya ves - una sonrisa amarga - no es el caso.


- Lo siento. - Brook miró sus manos con ojos brillantes. Se sentía como una completa idiota. - Nunca debí insinuar algo así ni meterme en tus asuntos.


Kenneth levantó la mirada de Brook con la ayuda de dos dedos en su mentón, cuando sus ojos conectaron, vio la solemnidad en su mirada.


- No lo sientas. - le dijo. - Estoy feliz de haber compartido el secreto con alguien.


Kenneth, para sorpresa de todos, suspiró sintiendo un peso caer de sus hombros.


- Disculpen. - Simone se giró y anduvo lejos del tocador. - Creo que debo irme a dormir. - miró a Brook, que levantó su cabeza con el ceño fruncido, sin recordar que estaba allí. - ¿Está bien si me retiro señorita?


- No se preocupe. - dijo Kenneth antes que Brook pudiera siquiera pensar en qué pasaría si se quedaran solos. - Yo la mantendré a salvo.


Simone sonrió antes de hacer una pequeña reverencia y añadir: - Usen la campana de servicio si me necesitan.


- ¿Nadie más sabe este secreto? - Brook no esperó a que Simone se fuera y eso le encantó a Kenneth, pues significaba cuán interesada estaba. - ¿Sally? ¿James?


- Solo mi madre y yo. - dijo él negando.


Un silencio más tarde, Brook se sentó en la cama y le miró detenidamente. Kenneth sintió su corazón acelerarse.


- ¿Vas a dejar que siga chantajeándote? - murmuró con un brillo increíble en los ojos. Se veía desaliñadamente hermosa. Como la noche en la que la besó.


- No sé que más puedo hacer. - se encogió de hombros.


Brook miró sus pies descalzos mientras se devanaba los sesos pensando en cuan injusta era la situación de Kenneth. Si hubiera, alguna vez, recordado aquél momento en retrospectiva, reconocería que todo lo que tuviera que ver con Kenneth, le interesaba a Brook insanamente.


- Algo tienes que poder hacer. - susurró ceñuda.


Kenneth la miró asombrado por cuan preocupada por sus preocupaciones parecía. ¿Otra mujer cualquiera se interesaría así por algo como lo que acababa de contarle? Probablemente se estaría preocupando por a quién debía contarle el chisme primero.


Pero Brook quería solucionar su problema. Y Kenneth no pudo evitar sonreír encantado.


Cada vez tenía más claro que ella era lo que él había estado buscando en el silencio de su despacho.


- Así pues. - Brook levantó la vista a la espera de su réplica. Kenneth iba a preguntarle el por qué de su indiferencia aquella mañana. O qué le había dicho Saint Clair. Pero entonces vio sus ojos volver a desenfocarse. - Túmbate, Brook.


- Estoy bien. - le contestó cerrando los ojos con fuerza.


- Necesitas descansar, te has dado un buen golpe.


Mientras decía aquello, Kenneth se levantó y la tumbó poniendo sus manos en los hombros de ella. Brook quiso resistirse pero su cuerpo no reaccionó. Sentía todo el cuerpo cansado y adormecido. Sus párpados pesaban.


- No quiero dormir. - murmuró agarrando la camisa de Kenneth.


Él la miró, parecía inquieta y aquello no le gustó. No sería aquel el momento de hablar de lo de Saint Clair o de los problemas que parecían haber entre ellos, pero encontraría el modo de saberlo tarde o temprano.


Ella tiró más fuerte de él, con sus ojos cerrados y su respiración acelerada. Sin pensarlo dos veces, se sentó en su cama, al lado de ella, pasó sus manos por su frágil cuerpo y se la llevó al pecho, meciéndola con cariño en un increíble abrazo lleno de demasiadas cosas.


Brook no quería estar sintiendo aquello. No quería seguir allí apoyada. No quería. No podía permitírselo.


Sentía su corazón atravesar un acantilado de aguas bravas por un puente que pendía de un hilo. Sabía que si se dejaba caer nunca más podría volver a escapar de sus olas. Y ya no importaría cuán lejos la arroyara, cuán profundo la arrastrara...si caía sabía que no podría alejarse de él. De Kenneth.


Entonces él acarició su espalda y besó su cabeza una y otra vez mientras murmuraba palabras dulces.

- Debes descansar. - decía. - Duerme un poco.


Y cuanto más negro se volvía su entorno y más peso soportaban sus párpados, susurró: - No te vayas de mi lado.


Y se durmió.

Y entonces otra voz susurró: "Katherine"

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Epílogo