Treinta y siete

Cuando Brook bajó a desayunar aquella mañana, se sorprendió a sí misma intentando escuchar la conversación de las dos jóvenes delante de ella, ajenas totalmente a su presencia.


- Sí, es cierto que mira mucho a la señorita Daugherty. - dijo una de ellas. - Pero Benworth va a hacerle lo que hace siempre con las chicas que le entran por los ojos.


La otra chica disimulo muy mal una risotada. - Aún recuerdo a la pobre Melinda Stonestreet.


- Pobre. - rió la otra. - Pero, para ser honestos, todos nos esperábamos que después de conseguir lo que quería de ella, la dejaría.


Brook notó como todo su cuerpo se tensaba. ¿Qué había conseguido Kenneth de Melinda Stonestreet?


- En fin, - dijo la chica que estaba más alejada de Brook. - nosotras solo debemos aguardar a que Daugherty sea tan tonta como para acostarse con él y él se aburra.


Brook tuvo que taparse la boca para ahogar un jadeo. Aquello no podía ser cierto. ¿Lo era? ¡Dios, esperaba que no! Sentía un nudo en la garganta.


- Te precipitas Abbi. - le dijo la otra. - Emma Lambert es quien se quedará con Benworth. Ese tira y afloja que se llevan, es sospechoso.


- Sí. - asintió la primera. - Tienes razón.


- Lo único que es un hecho, - las chicas se alejaban con sus platos llenos, pero Brook alcanzó a escuchar: - Es que juega con la tonta de Daugherty.


Sentía los latidos de su corazón en las orejas.


- Brook, buenos días.


Brook se giró de pronto para descubrir a James con su amplia sonrisa.


Pero su cabeza daba vueltas, su corazón martilleaba con fuerza y sus manos temblaban sosteniendo un plato vacío.


Kenneth estaba jugando con ella y todos allí lo sabían. Probablemente hasta James lo sabía. Pero ella no cesaba en su empeño por confiar y creer en él. Él, que le había mentido des del principio.


Dios, era una completa estúpida. Todo aquello era ridículo desde todos los ángulos. ¿Por qué Kenneth Benworth preferiría casarse con una huérfana sin herencia antes que con Emma Lambert?


Entonces miró a Emma, que estaba sentada en la mesa con su madre y con los ojos clavados en Brook de un modo inquietante. Había rabia e ira en ella. Y entonces entendió porqué podía estar pasando todo aquello.


Kenneth usaba a Brook para poner celosa a Emma. Era una afirmación con pocas pruebas para reforzarla, pero en aquél momento se convirtió en la verdad absoluta bajo el punto de vista de la chica.


Estaba siendo el maldito peón que el rey usa para ganarle la partida a la reina.


Brook dejó con lentitud el plato sobre la mesa. - Buenos días James. - dijo con la cabeza bien alta.


Entonces se giró y salió del salón con tanta solemnidad que Sally se hizo a un lado para dejarla pasar. Tal vez su amiga llamara su nombre, tal vez le agarró el brazo. Pero Brook no sintió nada. Absolutamente nada.


Cuando entró en su habitación, Simone estaba doblando la ropa que Brook había usado la noche anterior. Y al ver su rostro improvisto de emoción, lo supo enseguida.


- ¿Qué ha pasado? - recorrió el espacio entre ellas, agarró sus manos inquietantemente frías y la arrastró hasta el sillón azul.


- Que soy completamente idiota. - Simone aguardó con sus ojos oscuros en la señorita. - Kenneth me besó anoche.


Simone jadeó. - Nos hemos visto a escondidas, Simone.- le dijo ahora mirando cuál sería su reacción. - Averigüé que era Benworth y aun y así, seguí viéndole. Sabía que me había mentido pero decidí confiar en él.


- ¿Y eso es malo? - dijo la otra sin acabar de entender.


- Oí a dos chicas hablar en el salón. - le dijo. - Lo que está haciendo conmigo lo ha hecho antes. - tragó un nudo de lágrimas mientras miraba sus manos agarradas con fuerza a las de Simone. - Melinda Stonestreet dijeron. Pero ha habido más.


Simone permaneció en un frío silencio. - ¿Está segura de eso?


- Completamente. - inspiró con dificultades. Expiró. - Soy tontísima.


- Es usted inexperta, no tonta. - le dijo la otra.


- Ya me dirás en que se diferencian ambas cosas. - bufó.


- ¿Estás bien, pequeña? - murmuró tocando sus mejillas.


Brook la miró, recordó lo que le había dicho hacía dos noches...Simone sabía que esto podía pasar. Que ella tarde o temprano entendería qué sentía dentro del pecho. De ningún modo consideraba estar enamorada, aunque nunca lo hubiera estado antes, sabía que no lo estaba. No podía estarlo, se lo prohibía por completo.


Pero tenía algo así como un apego y una ilusión creciendo en el pecho, que dejaban sus expectativas siempre bien altas cuando se trataba de Kenneth. Y eso no podía ser.


Sabía que lo que estaban haciendo no estaba para nada bien. Aquello iba más allá de una aventura inocente.


- Sí, Simone. - le dijo apretando los labios en una mueca.


Pero no estaba segura. La verdad es que le apetecía inmensamente perderse, largarse de Glassmooth y pensar con claridad.


- Necesito - comenzó Brook.


- Escapar. - terminó Simone por ella. ¿Qué haría Brook sin Simone? Gracias al cielo por qué ella estaba siempre a su lado, aconsejándola y apoyándola.


- Pero pídele a Gillian que venga con nosotras. - Brook la miró con ojos torturados. - No le diremos nada, solo desconectaremos. Pero ambas sabemos cuanto necesitas los mimos de tu tía.


- No quiero bajar al comedor, Simone.

La otra la miró con una sonrisa bien grande y la arrastró del brazo hasta un comedor ahora abarrotado. - Está en la mesa del fondo. - y le dio un último empujón, que la tuvo dentro de la sala antes de percatarse de con quien se sentaba su tía.


¿Realmente esperaba que estuviera con otras personas? Evangeline, Sally, James, Thomas, Gillian, una pareja más y Kenneth. Cogió una profunda bocanada de aire y se dirigió con la cabeza bien alta hacia su mesa.


No estaba lista para enfrentarse a él, y cada vez más claro veía que no estaba tan bien como se había convencido estar. Le afectaba. Le dolía. Se sentía traicionada y utilizada. Y ya no tenía tan claro que no sentía nada por él.


- Cariño, nos preguntábamos donde estabas. - dijo Thomas en el mismo instante que la vio.


Eso hizo que los cinco metros que les separaban se hicieran eternos debido a los ocho pares de ojos clavados en ella. Se obligó a sonreír y a mantener una expresión serena.


- Bajas muy tarde a desayunar. - le dijo Gillian acariciando su brazo. - Siéntate, cariño.


- En realidad - comenzó.


- Ya ha desayunado. Nos hemos encontrado esta mañana. - James intervino desde el otro lado de la mesa.


- ¿Sí? - dijo Thomas con una sonrisa.


- Sí. - luego se obligó a ser cortes y despreocupada, y con una fría sonrisa miró a los comensales. A todos menos a él. - Buenos días a todos.


- Buenos días bonita. - le dijo Evangeline a su otro lado. Brook le sonrió. No se le pasó por alto la mirada de reproche en Sally. Pero no pudo mantenerse viéndola.


- Tía Gillian, - le dijo en un murmullo. - ¿podemos hablar un momento?


Gillian frunció el ceño con ligereza antes de levantarse al instante y coger las manos de su pequeña. Luego miró a los comensales y sonrió. - Sigan comiendo, ahora venimos.


Brook sentía los ojos de Kenneth ardiendo en ella. Pero debía resistirse. No iba a mirarle, ni siquiera para atravesarle con los ojos. No se merecía ni eso. El silencio es el mejor de los castigos.


- ¿Qué sucede? - dijo Gillian inquieta cuando salieron del comedor y vio que allí también estaba Simone.


- He pensado que sería una buena idea - comenzó Brook mirando las manos de Gillian. - pasar el día las tres juntas como solíamos hacer en Londres.

Miró a su tía lentamente rezando por qué no hubiera notado que le estaba ocultando algo. Pero ella tenía una tierna sonrisa en la cara.


- ¡Oh mi amor! - dijo llevando sus manos a las mejillas de Brook con ternura. - Me parece una idea espléndida.


La sonrisa que se escapó de Brook llenó el pecho de Gillian. - Deja que termine de desayunar y vendré a por ti. ¿Que te apetece hacer? - le dijo dandole un beso en la nariz.


- No lo se. - dijo Brook. - Lo que tu quieras.


Gillian sonrió una vez más antes de envolverla en un fuerte abrazo. Su pequeña Brook, cuanto la quería y cuanto amaba aquellos pequeños gestos que tenía. - Ponte algo bonito y agarra un sombrero.


Kenneth había dejado de comer desde que Brook entró al salón. Solo verla se le aceleró la respiración y dejó de pensar con racionalidad o de ser capaz de escuchar ni una sola de las palabras que Albert Shereen, amigo de su madre, pronunciaba.


Y siguió en aquél estado cuando ella se volvió a alejar sin siquiera mirarle a los ojos. - ¿Que has hecho? - Sally le pateó por debajo de la mesa.


Kenneth la miró desconcertado y luego volvió a buscar en la dirección en la que se había ido.


¿Podía ser que Brook hubiera cambiado de actitud por el beso? Parecía tan complacida como él, ¿porqué no le miraba ahora? ¿Qué era lo que había hecho mal?


Se revolvió el pelo con una mano mientras mantenía aquella arruga entre sus cejas. James le miraba compasivo.


Cuando Gillian volvió, lucía una sonrisa tierna. Así que lo que Brook le hubiera dicho no era malo. O no era malo para Gillian.


- ¿Y Brook? - preguntó Sally impaciente.


- Sally querida, no seas mal educada. - le dijo Evangeline con una mueca elegante.


- Relájate hermano, - susurró James. - vas a partir el tenedor.


Kenneth soltó el tenedor en la mesa.


- Ha subido. - le contestó Gillian afable a su hermana.


- ¿No debería estar aquí con nosotros? ¿Qué va a hacer arriba sola? - insistió.


- Sally. Brook puede hacer lo que desee siempre que Tom y Gillian estén de acuerdo. - le cortó su madre con un tono tajante.


- Brook desayunó antes. - los complació su tía. A ella y a Kenneth que estaba necesitado de más información - Me está esperando arriba, vamos a pasar el día juntas.


- Qué bien. - dijo Tom con una gran sonrisa. - ¿Van a necesitarme las reinas de mi casa?


Kenneth miró a Thomas Dwight, tan elegante y clásico, con un porte inquebrantable, tocando la mano de su esposa con tanto amor que notó un pinchazo en el pecho.


Miró a su madre, que estaba con una sonrisa congelada mirando las manos de su amiga y su esposo unidas. La tensión se adueñaba de todo su cuerpo.


- No, mi amor. - dijo Gillian - Va a ser una tarde de chicas.

Entonces Kenneth reparó en aquello. No iba a ver a Brook en todo el día.


- ¿En qué consiste una tarde de chicas, Gillian, querida? - cuando Evangeline dijo su nombre, Gillian soltó la mano de su marido y la miró sonriente.


- En leerle a Brook mientras su doncella le trenza el pelo. - dijo divertida. - Una tarde de mimos, sin más. Pero lo tenemos como tradición desde que llegó a casa.


- Me encantaría asistir a vuestra tarde de chicas. - dijo Sally insistente.


- Bien. - Gillian parecía desconcertada. - Supongo que teniendo en cuenta lo bien que os lleváis tu y Brook, no hay ningún problema.


- Deberías subir a preguntarle en vez de comerte la cabeza con especulaciones idiotas. - le dijo James mientras se encaminaban a los establos a un paso demasiado rápido.


- Ni siquiera me ha mirado, James. - le dijo en un tono exasperado. - No entiendo nada. - murmuró mirando el suelo. - Fue...- susurró - perfecto. Y ahora se ha alejado de mí.


- Tal vez haya entendido que estás jugando con ella. - le dijo su hermano encogiendo los hombros.


Kenneth levantó la cabeza y le atravesó: - No estoy jugando con ella, no se cuantas veces tengo que repetírtelo.


- Demuéstraselo. - una gran sonrisa creció en su rostro.


- ¿Como? - preguntó con ojos torturados.


- Eso es cosa tuya.

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