Treinta y séis

- Necesito terminar lo que empecé anoche.


Brook estaba bloqueada, apretada contra la puerta cerrada y mirando a Kenneth en la penumbra de la habitación a oscuras.


Solo la luz de la luna se filtraba por la ventana ajustada, pero era suficiente para distinguir el esbelto cuerpo de la joven ante él, cubierto por la fina seda del camisón y el albornoz.


No había nada que pudiera verse con claridad, claro, pero el simple hecho de verla descalza, con el pelo suelto cayendo sobre uno de sus hombros y en su habitación, era todo lo que necesitaba Kenneth para pensar en ella el resto de noches de su vida.


Se colocó delante, lentamente, mirándola con detalle. Desde la cabeza hasta los pies. Sintiendo su cuerpo calentarse al instante.


Aquello era lo que quería. A ella.


Sus labios estaban entreabiertos, invitándole a acercarse más. Sus ojos brillaban expectantes, y su pecho subía y bajaba lentamente. No estaba nerviosa, estaba a la espera y eso era tan desafiante como placentero.


La joven no podía formular ni una palabra racional, así que no dijo nada. Solo le miró. Estaba exquisitamente atractivo aquella noche. Su pelo, como siempre alborotado, caía sobre su frente, sus labios estaban apretados, y sentía calor por todo su cuerpo con cada repaso nuevo que él le daba. Sabía lo que venía, sabía a qué había venido él. Qué quería de ella. Y no tenía miedo, ni un poco.


No había besado a un hombre en su vida, pero sabía que en aquél momento, aquél era el único hombre que quería que la besara. Sus labios picaban con la anticipación.


Kenneth dio un paso hacia ella, despacio, tentativo, y apoyó las manos a ambos lados de su cabeza. Su dulce aroma a camomila le envolvió por completo, haciéndole sentir en otro mundo. En un lugar idílico. En aquél lugar que compartía solo con ella. Entonces inclinó la cabeza hacia abajo un poco.


- Brook. - susurró al tiempo que con su nariz rozaba la frente de ella, que cerró los ojos sin querer.


- ¿Qué? - lo dijo tan flojo que dudaba que la hubiera escuchado.


- Mírame. - Susurró.


Y entonces, sin esperar a que ella le obedeciera, agarró su mentón con dos dedos y la obligó a mirarle un momento efímero, en el que Brook pudo ver la decisión en aquél verde eterno, para luego eliminar el espacio que les separaba y besarla.


Al instante, el mundo pareció detenerse para siempre. Pero enseguida sus respiraciones se tornaron erráticas mientras el suave toque de los labios de Kenneth, provocaba en Brook un placer incalculable.


Y él, que había pensado en aquél momento desde que la vio por primera vez, la envolvió en sus fuertes brazos sintiendo su frágil cuerpo, más expuesto que nunca bajo aquel cada vez más fino albornoz.


Podía sentir sus turgentes pechos presionados contra los pectorales de él, su vientre en el suyo y sus caderas demasiado unidas. Aquello era una prueba de fuego, pues solo había ido allí a besarla, pero sus manos recorrieron sin querer la espalda de Brook, juntándola más a él, sintiéndola como siempre había querido, sintiéndola suya.


En aquél momento, las manos de ella fueron al pecho de Kenneth tocándole con decisión hasta envolver sus dedos en su nuca, cosa que unió más sus labios, hasta el punto en el que ella los dejó entreabiertos.


Y eso fue todo lo que Kenneth necesitó para seguir adelante. ¿Había creído que un beso con Brook sería modoso y tímido? Porqué se hubiera equivocado.


Con su lengua acarició su boca, para luego adentrarse en ella saboreándola, sintiéndola y gozando como nunca en su vida había gozado de un beso con una mujer.


¿Podía ser eso posible? Los besos son dulces y adictivos, sí. Pero aquello no lo había experimentado nunca antes. Se sentía hambriento. No creía tener nunca suficiente.


Un jadeo de Brook antes de que enredara sus manos en el cabello de la nuca de Kenneth y tirara de él más cerca, presionándose a sí misma entre la puerta y el duro cuerpo de él con un golpe seco.


Dios santo, si seguía jadeando de ese modo y tirando de su camisa con aquella pasión, temía llegar al límite.


La chica no podía creer lo que estaba pasando. Se sentía plena y dichosa por primera vez en más de siete años. Y todo era gracias a él. Al joven que tenía delante, tocando su cuerpo con una mezcla de delicadeza y rudeza que la dejaban temblando. Y besando sus labios como si nunca más pudiera volver a hacerlo.


- Brook. - murmuró Kenneth en su boca, dispuesto a decir algo más, pero ella volvió a besarle dejándole sin aliento ni pensamientos racionales. Total, ¿cuantas veces tenía una la oportunidad de besar a un hombre como él? Había que aprovecharla.


- Brook, - dijo varios minutos después, cuando recordó lo duro que estaba. - necesitamos parar.


Ella le besó una vez más, tirando de él más cerca y sintiendo todo el esplendor de Kenneth presionado contra su vientre. Hasta ese momento no lo había notado, pero en aquel instante se quedó sin aliento y le soltó, permitiéndole retirarse.


Un calor inhumano dejó su cuerpo alterado y húmedo.


- Dios mío. - susurró Kenenth mirándola entre sus brazos, despeinada, con ojos salvajes y los labios hinchados.


No pudo evitarlo, volvió a besarla, pero sin darle el control en ningún momento. Por eso fue, que se permitió el placer de, aquella vez, hacer un contacto dulce.


Volvieron a separarse y se miraron en silencio. Ambos estaban sonrientes, como niños, y mantenían sus manos cerca del otro. Brook pensó que aquél sería un buen momento para hacer lo que tantas veces le había visto hacer a él, y pasó una de sus manos por los mechones del flequillo de Kenneth tirándolos hacia atrás en una caricia suave. Él la observaba con gozo.


- Este gesto - murmuró ella - es el que me abrió los ojos. - Kenneth la miró con una arruga en la frente y ella siguió. - Te lo había visto tantas veces a ti, que cuando James también lo hizo la noche del baile, até cabos.


- ¿Sigues enfadada por eso? - se atrevió a murmurar tentando sus suerte.


- No. - dijo sin más. - Todavía intento acostumbrarme a pensar en ti como el señor de Glassmooth.


- Soy el mismo que era antes que lo supieras. - sintió la imperiosa necesidad de acariciar la frente de Brook con la nariz después de dejarle allí un tierno beso.


- No sabes las veces que he dicho que no me interesaba el señor Benworth. - dijo sonriendo cuando él apartó los labios de ella y la miró de nuevo - Y mírame ahora. - soltó un resoplido.


Simone saltaría en la cama.


- Entiendo, entonces, que te intereso. - dijo elevando una ceja de un modo juguetón. Brook rió y le dio una pequeña palmadita en el hombro.


- Ni por asomo. - negó decidida. - Eres tú quien tiene interés en mi.


- ¿A si? - dijo elevando el mentón en un gesto fingido de soberbia.


- Sí. - le dedico una sonrisa amplia. - Has venido hasta aquí para besarme. ¿No?


Esperaba que él le hiciera una mueca, lo negara o le soltara algún comentario de listillo con un gesto de desdén, pero sin embargo dijo: - Y creo que quiero hacerlo muchas veces más. - y la besó nuevamente dejándola sin aliento.


Era increíble. Aquello era increíble. Kenneth era increíble.


- Entonces, - dijo Brook unos minutos más tarde, cuando el silencio y la oscuridad les tenían como parte de la nada. - ¿saldrás corriendo si te pregunto qué estamos haciendo?


- Brook, - le contestó riendo. - eso solo fue una vez, no pienso huir de ti. - sin poder evitarlo enredó las puntas de la larga melena de ella en sus dedos. - Te llega el pelo a la cintura. - murmuró recordando cuándo se lo había preguntado en el lago.


- No cambies de tema, Kenneth. - le dijo elevando una ceja.


- No sé que estamos haciendo, - le contestó con serenidad. - he intentado alejarte de este lío y limitar nuestras citas, pero no puedo. - se encogió de hombros. A Brook le encantó. - No puedo no verte, porque verte es el mejor momento del día. Y necesito esa clase de momentos en mi vida.


- Oh. - fue todo lo que pudo decir Brook ante aquella confesión.


Kenneth la miraba con decisión, para corroborar que lo que acababa de decir, lo había dicho consciente y con toda la intención. Quería que ella lo supiera. Y entonces añadió:


- Voy a cortejarte.


Brook le miró alucinada y uso todas sus fuerzas para decir: - ¿Qué? - Kenneth sonrió divertido y besó de nuevo su frente.


- Voy a hacerte la corte delante de todos, para que sepan que estoy interesado en ti. - le aclaró.


- ¿Has bebido? - soltó ella mirándole con los ojos como naranjas.


- Qué tontería. - bufó él. - No es tan sorprendente que quiera conquistarte. - al fin y al cabo, Kenneth Benworth había estado conquistando a Brook Daugherty desde la misma tarde en la que se conocieron bajo el roble. Pero no se debía subestimar aquél momento, pues lo estaba reconociendo en voz alta.


- Olvídalo Kenneth. - le dijo Brook con un gesto tierno mirando sus manos unidas en la nuca de él. - No es una buena idea.


Kenenth frunció el ceño considerablemente. - ¿Por qué? - le preguntó con seriedad.


- ¡Oh vamos! - le miró con media sonrisa, sin saber muy bien si él estaba tomándole el pelo. - No puedes cortejarme delante de todos tus invitados si no tienes...


- ¿Qué? - estrechó los ojos intentando adivinar a qué se refería ella.


- La intención de casarte conmigo. - murmuró con los ojos en su pecho. Kenneth la miró en silencio, por eso ella se puso nerviosa y soltó: - Es decir, todo el mundo esperará que me lo pidas si te ven conmigo. No es lo que yo digo, es lo que dicen las normas de cortesía. Así que no me hagas la corte, o, bueno, si más no, no en público. - Dios, vaya intento patético de salir de allí con dignidad.


- Bien. Pensaré en ellos. - fue todo lo que él dijo antes de elevar su barbilla y besar su boca una vez más antes de decir: - Esta noche pensaré en el modo de vernos los próximos días. - Brook asintió. - Hasta entonces, buenas noches. - Kenneth besó su nariz - Que descanses. - ahora besó su mentón. - Y tengas dulces sueños. - y su boca.


Besarla era todo en lo que podía pensar. Madre mía, aquella había sido una de las mejores noches de su vida. Ni siquiera era consciente de cuanto necesitaba cruzar aquella barrera con Brook.


Se separó a regañadientes y cruzó el pasillo hasta su habitación, dejándola sin aliento, apoyada en la puerta, con una sonrisa soñadora y miles de dudas revoloteando por su cabeza.


- Espero que no vengas de cometer una locura. - James estaba estirado en el sillón al lado de la cama de Kenneth. Él se sobresaltó al encontrarlo con una mirada felina.


- ¿Qué haces aquí? - preguntó.


- Cuidar de ti. - James sonrió y Kenneth bufó.


La verdad es que ya le parecía extraño no haber visto a su hermano en todo el día. Ni siquiera había estado en el laberinto.

- ¿Te has pasado el día durmiendo? - le preguntó. - Ni siquiera has bajado al laberinto.


- He pasado el día en la cama, me he resfriado. - Kenneth reparó por primera vez en los círculos bajo sus ojos y su nariz roja y moqueante. Entonces estalló en carcajadas. - Eres un hermano encantador. - murmuró el pelirrojo con fastidio.


- Te está bien empleado por tirar a las chicas al agua, en primer lugar. - le dijo cruzando sus brazos.


- Cierto, deberé tirarte a ti primero la próxima vez. - le contestó tajante. - Ahora dime qué ha pasado.

Un silencio más tarde, Kenneth contestó:

- Solo la he besado. Luego cruzó la habitación en grandes zancadas y se plantó detrás del biombo para desnudarse.


- Primero la besarás y luego harás algo que la arruine. - murmuró James viendo la silueta de su hermano.


- James, no voy a ir tan lejos. - le dijo Kenneth molesto.


- Si no vas a ir tan lejos, - ahora alzó la voz enfadado - ¿por qué estás haciendo esto?


- Primero que nada, - dijo saliendo del biombo sin camisa. - deja de gritar. - se miraron ambos con seriedad. - Y segundo, - suspiró. Kenneth suspirando era algo que dejó a James con la boca cerrada - lo hago por qué no puedo parar.


Observó como su hermano se llevaba ambas manos a la cabeza y se despeinaba de un modo desesperado. Una sonrisa asomó sus labios. "Kenneth estás perdido" pensó con humor.


- No puedo mantenerme alejado de ella. - siguió. - Ni siquiera puedo intentarlo. Así que no, no estoy haciendo las jodidas cosas bien, pero de algún modo conseguiré no hacerle daño.


- Si alguien os pilla, - le dijo ocultando el buen humor que de pronto sentía - vas a tener que desposarla.


Kenneth se giró, se metió en el biombo y se terminó de desnudar. Y entonces murmuró: - Entonces lo haré.


- Eso pensaba. - se dijo James en un murmuro.

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