Treinta y cuatro

Un lobo encolerizado crecía en el interior de Kenneth con cada paso más cerca que daba hacía John y Brook. Ellos todavía no se habían percatado de que él estaba allí, y eso le enfurecía más si cabía. ¿Tan ensimismada estaba Brook con su amigo que ni siquiera podía sentir su presencia? ¿Por qué no miraba, al menos, las puertas de Glassmooth para comprobar si él salía?


- Kenneth. - dijo de pronto John, con sorpresa, al verle venir.


Brook se giró tan sorprendida como él y le miró sin saber bien qué hacer, pues no esperaba volver a verle aquella tarde, y menos con la mandíbula apretada y los nudillos blancos. Sabía que estaba siendo una tonta, pues él la había plantado antes, pero no podía evitar sentir un apretón constante en el pecho al verle allí. Además su expresión de enfado y sus ojos de un verde tan oscuro que parecía negro, lo hacían ver ardiente y algo dentro del interior de Brook ardía también ahora que sus ojos se posaban en ella.


- John. - Soltó quitando los ojos de ella y atravesándole a él. - Me gustaría hablar con Brook.


John no pasó por alto el tono y se echó a reír antes de decir:

- Encantado de pasar este rato con usted, señorita Daugherty.


- Nos vemos más tarde. - le contestó ella con una pequeña reverencia.


Mientras John se alejaba, Brook clavó sus ojos en los de Kenneth y le miró impasible. ¿Qué se había creído? ¿Él podía estar con Emma Lambert todo el tiempo que quisiera, pero ella no podía pasar más de veinte minutos con John?


- ¿Cómo puedo ayudarte? - le preguntó ella con dureza.


- ¿He interrumpido algo? - la ceja de Kenneth se elevó en un gesto tremendamente soberbio.


- Una conversación amena ni más ni menos. - Brook levantó un hombro con desdén.


- Siento no poder entretenerte tanto como él, entonces. - escupió Kenneth.


- Menuda tontería. - murmuró Brook.


Si él mejor que nadie sabía que los momentos más divertidos y entretenidos los habían pasado juntos.


Kenneth se sentía furioso, pero cuanto más la miraba, más ardía el fuego en su interior y no las tenía todas consigo de que ese fuego solo fuera ira. Ella seguía tan hermosa como en el desayuno, pero ahora se le sumaban sus ojos duros puestos en él y acelerando su respiración sin misericordia. Pero sin embargo, Brook no parecía percatarse de ese hecho.


- He venido a hablar contigo. - dijo aflojando un poco su enfado y mirándola detenidamente.


Se había incorporado y plantado ante él demostrándole que no pensaba temerle ni retroceder por sus puños y su mentó apretado. Probablemente él no era consciente que esa pose amenazante era demasiado sexy. Tan sexy que sentía un tirón permanente en su bajo vientre y oleadas de calor electrizarle el cuerpo. Al igual que Kenneth cada vez que desviaba por error la vista y veía sus apretados y elevados pechos.


- Habla. - fue todo lo que ella le dijo.


- Lo de antes, en el comedor, no fue lo que parecía. - Dijo aquello esperando que Brook interviniera, pero ¿qué iba a decir? No había absolutamente nada que pudiera replicar que además fuera lógico.


Podía preguntarle por qué no quería verla más de noche, pero entonces parecería mendigar por sus atenciones, y si él había decidido no dárselas más, no sería ella la patética. Podía preguntarle a qué venía que la plantara por Emma. Pero entonces reconocería aquellos celos que había intentado tragar como si se trataran de una bola de pan seco en su garganta. Así que se calló y sin querer ni poder remediarlo, miró el suelo.


- Sonó tremendamente mal, - siguió él en un tono de disculpa que distaba mucho del enfado que había presenciado segundos antes. - me refería a que es peligroso escapar de noche. Ayer pudieron habernos visto.


Hubo un silencio en el que a ambos pareció estrujárseles el pecho. Luego Brook murmuró: - Entendido.


Kenneth la miró sin poder creer que no fuera a decirle nada más. ¿Entendido? Después de tantas aventuras juntos iba a contestar aquella disculpa oculta con un simple "entendido"? ¿Tan bien lo había hecho John?


- Quiero que digas algo más. - susurró dando un paso hacia ella. Tal vez debería enfadarse, pero la tenía delante, la miraba, y la quería cerca, quería poder tocarla, acariciarla...besarla.


- No tengo más que decir, Kenneth. - su voz sonó segura, pero no le miró de nuevo.


- Imposible, tú siempre tienes algo que decir. - se acercó un paso más en su dirección.


En aquel momento Brook levantó la mirada creando en Kenneth una mezcla de placer y expectativa, pues fuese lo que fuese lo que le fuera a decir, podía ver en su expresión, no le iba a gustar.


- No quieres que nos veamos a escondidas, pues entendido - se encogió de hombros. - No sé qué más quieres que te diga.


- Lo que tú opinas. - le contestó con el ceño apretado. - Lo que tú harías, o cómo lo plantearías.


- Para comenzar no te daría una vaga explicación de por qué no quiero verte y me largaría con el primero que se colgara de mi brazo. - aquella frase, Brook la dijo en un gruñido tan gutural que Kenneth sintió un escalofrío. - Pero probablemente tengas razón, lo mejor sea dejar de vernos. - Le miró, sus ojos verdes puestos en ella, esperando algo más. Pero ella no entendía qué más podía esperar, así que dio un paso lejos y después de murmurar: - Esto es una estupidez sin sentido. - comenzó a largarse.


- ¿Así defines nuestro tiempo juntos? - dijo él dando un paso y barrándole el camino. - ¿Cómo una estupidez?


- Sí Kenneth, - dijo ella dando otro paso a la izquierda y siendo nuevamente parada - ni siquiera sabemos qué estamos haciendo.


- Yo sí lo sé. - le dijo él con seriedad, rozando una mano con la suya.


Lo sabía mejor que nunca. Ahora, con ella allí, las dudas que sin ella presente le asaltaban, parecían menos importantes. Con ella allí, lo único que quería era no alejarse jamás de su lado. Pero eso no estaba listo para decirlo a vivía voz.


Los dedos de él se entrelazaron en los de ella.


"Mierda, contacto físico no." Si había contacto físico, Kenneth ganaría la partida a su cabeza y Brook se quedaría allí con él como una bestia mansa esperando, cómo quien es adicto a la morfina, un toque más de su piel. Inmediatamente dio un paso hacia atrás separándose de él.


- ¿Qué ha pasado con John? - dijo Kenneth sintiendo el pecho dolerle por tal rechazo.


- No ha pasado nada. - le contestó lentamente frunciendo el ceño sin entender a qué venía aquella pregunta.


- ¿Qué te ha dicho? ¿Qué ha hecho? - dijo ahora pasando una mano por su pelo alborotado y mirándola con una expresión al borde de la tortura. Sólo al borde, porque Kenneth Benworth nunca, jamás, expresaba nada más que seriedad y disciplina en los peores momentos.


- ¿De qué hablas? - preguntó ella negando con la cabeza.

- Has cambiado tu actitud conmigo. - le soltó de pronto retomando su voz grabe y su papel soberbio. - ¿Te has dado cuenta que prefieres pasar tiempo con él? ¿Eso es lo que ha pasado? - una sonrisa amarga decoró su rostro.

Brook le miró incrédula, su corazón a mil por hora, y ahora sus manos apretadas en puños.


- Tú has sido el causante de que mi actitud hacia a ti cambie, Kenneth. - de pronto estaba muy enfadada, mucho. Le dolía la mandíbulas de apretar los dientes.


- ¿Yo? - bufó y apartó la mirada de ella en un gesto rudo.


- ¡Sí! - gritó exasperada. - ¡Tú Kenneth! - Y de pronto el remolino de emociones que llebaba dentro desde aquella mañana, desde el casi beso de la noche anterior, salió: - Estabas hablando conmigo y de pronto te has largado con Emma y me has dejado allí, comiéndome la cabeza porqué no quieres verme más. - Cada vez gesticulaba más con las manos y cuidaba menos los modales, pero ¿qué más daba? Ya estaban gritándose mutuamente como dos críos.


- Yo no he dicho que no quiera verte. Brook. - gritó él también.


- ¡Tampoco lo has desmentido!


- ¡Lo desmiento! - le contestó. - En lo único que pienso durante el día es en verte. Brook cogió una bocanada de aire más que necesaria, y exhalo lentamente mientras Kenneth la miraba con, ahora, serenidad. ¿Cómo cambiaba de emoción con tanta fluidez?


- ¿Qué estamos haciendo? - volvió a preguntarle en un susurró. - Dices que lo sabes, pues dímelo.


Kenneth la miró un momento, viendo cómo de agitada estaba, como sus ojos lucían salvajes y descontrolados, y su mirada estaba llena de algo profundo y real que no acababa de descifrar. ¿Era enfado? No. ¿Dolor tal vez?

- Brook, anoche - comenzó, pero entonces un silbido llamó la atención de todo el mundo que estaba tanto fuera como dentro de Glassmooth.


Evangeline Benworth salió por el balcón principal con un tubo blanco que al hablar a través de él le amplificó la voz. Entonces dijo: - En una hora comenzará el juego del laberinto. Todas las jóvenes casaderas que suban a ponerse un traje rojo, los hombres debéis ir de negro.


Ambos suspiraron al mismo tiempo, fue un suspiro resignado, luego se miraron sorprendidos por tal coordinación y sostuvieron sus miradas. Y cuando el enfado de Brook parecía comenzar a apaciguarse, Kenneth rió aliviado al atar cabos. - Estas celosa de Emma Lambert.


Pues sí, estaba muy celosa, muchísimo. Tanto que quería destrozar algo.

Kenneth rió un poco más ante la mirada de ella, su risa sonaba dulce y tranquila, y eso enfureció aún más a Brook que volvió a la carga con la intención de largarse de allí, pero Kenneth no iba a dejar que se fuera. Así que atrapó su cintura para detenerla.


"¡Contacto físico no! Piensa en algo que le enfurezca para que te suelte" y dijo: - Tu también estás celoso de John, así que cierra la boca.


Se sostuvieron las miradas un instante más, creando su burbuja, su zona de aislamiento en la que todo lo que pasara fuera quedaba en un segundo y muy lejano plano, y no fue hasta que Sally gritó su nombre, que él la soltó. Y vale decir que a regañadientes. Ambos.


- ¡Brook, vamos! ¡Hay que vestirse!


- No hemos terminado. - le soltó él impasible.


- Claro que sí. - le contestó antes de largarse.

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