Veintiocho

- Señorita Daugherty, buenos días.


Brook acababa de levantarse, después de una noche con sueños inquietos, se atavió en un vestido rosa claro de algodón, bien fresco, y bajó al comedor, no sin antes mirar con intensidad las puertas que quedaban en frente de su recámara. Intentó no imaginarse a Kenneth allí dentro, e intentó no fantasear con él abriendo la puerta y regalándole una de sus perfectas sonrisas. Pero no pudo evitarlo.


Aun así, recordó a Gillian diciendo que se presentaría allí para hablar con su doncella de la noche anterior y aunque esperaba que fuera una broma, no iba a quedarse para comprobarlo.


Cuando entró en el salón del desayuno, John Morris, con una amplia sonrisa y un traje informal que le quedaba ajustado en las partes correctas, la interceptó.


- Buenos días, señor Morris. ¿Cómo está? - le contestó con una sonrisa afable.


- Bien, me disponía a desayunar. - dijo sin dejar de mirarla. - Creo que usted también.


- Sí. - le dijo ella. - ¿Le apetece que nos sentemos juntos? Brook le propuso aquello a John por varias razones: primero que nada, por cortesía, pero además se sentía cómoda con él, ya que le resultaba un chico transparente y sencillo. Además no le había hecho mucho caso en las pasadas ocasiones, y al verlo allí con su sonrisa dispuesta, su pelo platino y sus simpáticos ojos azules a pesar de todo, sintió haber sido injusta con él. ¿Quien sabe? Podía resultar ser un buen amigo.


- Sería un honor. - eso fue lo que le contestó él mientras le tendía el brazo y se dirigían hacia la mesa preparada con los alimentos.


Justo en el momento en el que se sentaron en la mesa que daba a el gran ventanal abierto, con sus platos llenos, Sally entró al salón con una sonrisa que se desvaneció al verles.


- ¿Qué hacéis? - dijo sin tapujos.


- Pues, - contestó Brook fingiendo pensar en su respuesta - creo que estamos desayunando.


- Qué graciosa. - murmuró fulminándola. Brook no entendía aquél humor, pero le resultaba divertido picarla.


- ¿Quieres unirte? - le propuso John.


A la joven rubia no le impresionó que la tuteara, pues ahora que habia tenido una noche entera para reflexionar sobre todo lo sucedido, entendía que John Morris era el mejor amigo de Kenneth y por lo tanto había permanecido en la familia Benworth mucho tiempo.


Sally no contestó, en cambio se dirigió a la mesa del desayuno a llenarse bruscamente un plato de comida antes de sentarse con ellos en sumo silencio. Brook miró a John mirar a Sally fijamente. No entendió en absoluto.


- ¿Cómo terminó la noche? - le preguntó Brook. - ¿Bailaste mucho más con Saint Clair?


Sally levantó la mirada de su plato lleno y miró a Brook, miró a John y volvió a mirar a Brook ahora con una sonrisa radiante.


- Bailé tres bailes con él. - dijo.


- No me gusta para ti. - le dijo John. Estaba muy serio.


- Debe gustarme a mi y no a ti. – la sonrisa que Sally le regaló, fue helada.


Ambos se sostuvieron la mirada unos instantes, mientras Brook no podía empezar a imaginarse qué es lo que estaba pasando allí.


- Y, ¿vosotros qué? - dijo ella mirando a Brook. - ¿Habéis quedado para desayunar?


- No. - le contestó él mientras cortaba un trozo de jamón. - Nos encontramos en la entrada.


Sally ni le miró.


La tensión y el malhumor entre ellos era más que obvio, pero Brook, sintiéndolo mucho, no pudo reparar en ello, pues tenía otras cosas en mente.


- ¿Y James? - preguntó queriendo sonar despreocupada. Miró su plato y comió un pedazo de pan tostado, sabiendo que los dos comensales a su lado estaban leyendo sus pensamientos.


- Ahora bajará. - le contestó Sally con su sonrisa diabólica. - No creo que Kenneth baje. Nunca lo hace. Pasa de estas cosas.


- Es una pena. - murmuró John sin dejar de comer. - Casi no le he visto.


John y Sally siguieron comiendo sin siquiera reparar en como Brook había dejado de hacerlo. Pues ya encajaba una pieza más, a Kenneth Benworth no le gustaban las reuniones sociales por eso no bajaba a las cenas o desayunos, como ella le había preguntado una vez. Por eso nadie podía decirle quien era él, porque nadie sabía realmente si él estaba en Glassmooth o no y si hablaba de él o no.


Ahora miró a John y recordó la noche en la que le preguntó por Kenneth. Había mirado a James y Sally cuando ella mencionó los ojos verdes del chico. Y no le dijo que era él. ¿Estaría John al corriente de las citas de ellos, también?


En realidad, después de la noche pasada, quería ponerse a reír. Cuantas veces Simone había bromeado con ella casándose con el señor de la casa. Con ella conociéndole, con ella enamorándose de cuan apuesto era. En realidad estuvo bastante ciega durante toda la semana. Pues era más que obvio que aquellos ojos solo podían ser de Kenneth Benworth, y que todo en él irradiaba autoridad y mandato.


- Buenos días, familia. - la voz de James sacó a Brook de sus pensamientos. Cuando levantó la vista de su plato para verle, quedó atónita.


- ¿Qué haces aquí? - dijo Sally cuando vio quién iba con James.


- Desayunar. - contestó Kenneth mirando a Brook.


- Justo hablábamos de vosotros. - intervino John.


Kenneth y James ya venían con sus platos en las manos. Los pocos invitados que estaban en el salón, miraron a Kenneth con disimulo, mientras dejaba el plato en frente de Brook y se sentaba sin dejar de mirarla.

- Buenos días. - le susurró.


Tal vez Brook tardó un momento más de lo normal, pero consiguió pronunciar sus mismas palabras antes de recordarse que debía comportarse con normalidad. Kenneth sonrió mientras pasaba una mano por su pelo y ella se obligó a mirar el plato para que no fuera obvio lo que estaba sintiendo.


- Así pues, - dijo James queriendo romper el momento de silencio. - ¿Qué vamos a hacer hoy? Todos se giraron a mirarle, incluidos Brook y Kenneth.


- Podríamos hacer un picnic en el lago. - dijo Sally. - Brook no ha ido.


Brook apretó los labios para no sonreír abiertamente y miró su plato una vez más. Kenneth estaba admirando aquella reacción. Sólo él, en aquella mesa, podía entender por qué ella escondía su rostro.


El simple echo de saber que él compartía con ella algo que los demás no podían ni imaginar le provocó un regocijo inmenso. La chica más bonita que había pisado Glassmooth y que probablemente pisaría los salones de fiestas de Londres, tenía un vínculo con él. Y por lo que sentía por todo su cuerpo, no era cualquier vínculo, era uno de esos fuertes y especiales que atan los caminos de dos personas irremediablemente fuerte. Uno de esos que la gente dice que sólo pasan una vez en la vida.


- ¿Qué te parece? - siguió Sally ajena. - Es una actividad que se considera elegante, - comenzó para convencerla - pero que se puede llevar a cabo al aire libre. - Sonrió al ver los ojos azules de ella curiosos por la resolución - Una tarde a tu medida.


- Me parece perfecto. - le contestó con una mueca divertida. - Así podré enseñarte a ser una salvaje.


- ¿Más salvaje? - exclamó James llevándose ambas manos a la frente. - ¡No por favor!


Sally apretó los labios y estrechó los ojos hacia su hermano pequeño y por debajo de la mesa le propinó una patada, pero no la recibió quien ella esperaba.


- ¡Au! - exclamó en un grito ahogado John.


Sally se sonrojó de pies a cabeza y James estalló en carcajadas que resonaron en el comedor entero. Brook intentó esconder una sonrisa para que Morris no se ofendiera y miró curiosa cuál sería la reacción del hermano mayor, y ¡sorpresa! Parecía no haberse enterado de qué estaba pasando, pues seguía con los ojos puestos en ella de un modo que la dejó con una sensación de ardor por todo el cuerpo.


- Lo siento, John. - le pidió Sally.


- No te preocupes, sé que no iba para mí. - contestó él estrechando los ojos.


- No. - siguió. - Era para James. - una pausa. Brook y Kenneth en su burbuja, ambos esforzándose para no sonreír como tontos. - Debería probarlo una vez más. - murmuró mirando fijamente a su hermano mayor.


- ¡No! - dijo John mientras James gritaba: - ¡Venga, listilla!


Sally retiró la silla hacia atrás para, esta vez, no fallar en su cometido. Y cuando lanzó el pie debajo de la mesa, Kenneth retiró las piernas en un hábil movimiento y el golpe fue a parar a ningún lado. Brook con cara de sorpresa miró a su amiga. ¿Pero qué...?


- Atendernos, chicos. - casi gruñó Sally.


James fue a pedirle un cesto de comida a la cocinera para abastecer a los participantes del picnic. Ella les preparó sandwiches, queso y frutas, además de conseguir un recipiente en el que guardar el agua. Las chicas fueron a avisar a sus madres y a calzarse botas que les permitieran caminar con comodidad antes de encontrarse todos en la salida principal de la casa.


Les costó media hora llegar al lago, pues iban hablando y bromeando en grupo. Aunque Kenneth y Brook no hablaron directamente, de vez en cuando uno miraba al otro y se sonreían del modo más discreto posible.


Cuando estuvieron allí plantados, Brook se percató que habían accedido al lago desde otra entrada, y aunque ante ellos había un pequeño muelle, no era en el que estuvo con Kenneth la primera vez. En ese momento le miró, y le descubrió mirando fijamente, con el labio inferior atrapado entre sus dientes, algo delante de él. Cuando Brook buscó lo que llamaba su atención no pudo evitar hinchar el pecho de satisfacción al ver la esquina donde estaban los sauces. Él estaba pensando en lo mismo que ella. Los dos se miraron al mismo tiempo.


Parecían dos niños pequeños.


- Kenneth. - dijo Sally llamando su atención. - ¿Crees que las barcas aun estarán bien?


- Lo estaban la última vez que vine. - le contestó él.


- ¿Hace tres años? - se burló su hermano.


- En realidad hace menos. - se limitó a decirles.


A los dos pequeños Benworth les faltó tiempo para correr hasta un cobertizo escondido en medio de arboles, forzar la puerta, ya que no tenían llave y forzarla era mejor que ir a buscarla, y sacar dos barcas.


- ¿Vais a ayudarnos? - gritó James mirando a John, Kenneth y Brook que se habían quedado mirándoles.


Los dos primeros entre fascinados y sorprendidos y Kenneth observando entretenido cuanto tiempo iban a necesitar aquél par para darse cuenta de que ellos dos solos no podrían mover las barcas.


- ¡Ya vamos! - gritó Brook sonriendo de oreja a oreja, antes de echarse a correr hasta donde estaban ellos.


- Creo que deberíamos hablar. - murmuró John viendo a un Kenneth con sus ojos fijos en la chica.


- Podemos subir a mi despacho luego. - le contestó poniéndose serio de pronto.


- Te dije que era hermosa, - siguió el rubio. - que nunca habrías visto nada igual. - una pausa, ambos se miraron con tensión. - Pero no imaginé que se te olvidaría que no quieres casarte.


Keneth le miró impasible y no dijo absolutamente nada. Sabía que esa conversación llegaría tarde o temprano, pero aun no había pensado qué le iba a decir a su amigo de la infancia.


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