Veintisiete

- Así que no quiere bailar conmigo. - murmuró Kenneth.


Quiso sonar despreocupado y lo consiguió, pues Brook no advirtió la preocupación que le carcomía. No sabía bien como la joven estaba llevando toda la situación. Tal vez debería haberle dicho antes quien era él para que tuviera tiempo de asimilarlo y así, disfrutar del baile. Ambos. Pero ya era demasiado tarde, así que sólo quedaba intentar llevarlo lo mejor posible.


Estaban cruzando las grandes puertas que llevaban al salón, ella colgada del brazo de él, pero en una posición demasiado estirada como para estar cómoda. Nada tenía que ver con sus noches o sus tardes a solas.


Todos los invitados tenían los ojos fijos en ellos, y aunque intentaban continuar con sus conversaciones para aparentar normalidad, era casi imposible. Nunca jamás habían visto un comportamiento tan "humano" en el heredero de Glassmooth.


- No sé por qué pensaría una cosa así. - dijo Brook cuando creyó que ya no iba a hablar.


- Pues muy fácil, - dijo despreocupado. - Me ha dado calabazas delante de mis hermanos.


- No creo que sea para tanto. - masculló ella.


Estaban dentro del salón de baile. Era enorme, con grandes ventanales en las paredes, decoradas con cortinas burdeos. Algunas de ellas se balanceaban con la brisa que entraba del jardín. Los colores del espacio eran blancos y dorados y el suelo de mármol. Realmente, lucía como en un cuento de hadas, y estaba segura que todas las chicas presentes querrían estar en su lugar. Pero ella...no estaba segura.


Cuando Kenneth la colocó delante de él y se aventuró a mirarla de frente, advirtió que aquella no era su Brook, la chica con la que había compartido todas aquellas aventuras. No. Estaba tensa, casi ni le miraba, y ya no hablemos de abrir la boca.


- Míreme. -susurró Kenneth. Las parejas a su alrededor iban colocándose en la pista de baile, intercambiando cuchicheos y susurros tontos.


Brook levantó la mirada y fijó sus ojos en los de él. Aquél verde intenso la hacía sentir pendiendo de un hilo. Un hilo fino y débil que le estrujaba los pulmones y le impedía respirar, pero siempre manteniendo en ella la sensación de que en cualquier momento caería. Dónde y cómo era algo que se escapaba de sus parámetros. Pero se sentía caer.


- ¿Qué va mal? - preguntó mordiendo su labio inferior y sin dejar de ver la profundidad en la mirada de la joven ante él. Y en ese preciso momento, los músicos comenzaron a tocar el primer baile.


Por cortesía, el primer baile era aquél en el que las mujeres ocupaban un lugar frente a sus hombres y todos en dos filas. Durante los movimientos del baile, las parejas se intercambiaban con las dos parejas colindantes. Y aunque eso ocurriera, ellos no dejaron de mirarse a los ojos ni un instante. No existía nadie más. Ni siquiera se percataron de que a la derecha tenían a Sally con el señor Saint Clair y a la izquierda a James con otra joven. Cuando el baile terminó, Kenneth se acercó un paso hacia ella, e inclinando su cabeza hasta su oreja, susurró: - Necesito hablar con usted. - no le pasó desapercibido la dificultad que experimentó Brook para respirar. Y eso, aunque eran buenas noticias, no era todo lo que quería. - Quiero verla cuando esto acabe. A solas.


- No creo que sea una buena idea. - murmuró Brook.


¡Dios! ¿Por qué se estaba empeñando en destruir cualquier atisbo de fuerza que ella creara en su interior? Necesitaba mantenerse alejada de él, al menos un tiempo, para entender qué sentía y qué iba a hacer. Tantas posibilidades habían cruzado su mente durante la noche: escapar, explotar, ignorarle o vivir el momento. Y hasta ahora estaba viviendo una mezcla de todas y de ninguna. Un caos total. Eso era lo que su cabeza era. Y para colmo, entre tanto formalismo y rostro serio, él susurraba palabras que la desarmaban.


- No puede importarme menos. - murmuró alejándose un paso y mirándola a los ojos. Tenía una mirada determinada en los ojos, una ceja arqueada y la barbilla levantada de un modo soberbio.


- Señorita Daugherty, debería bailar conmigo ahora. - James apareció entre ellos intentando quitarle peso a la situación. Y no a la que ellos vivían en su propio mundo, sino a la que se estaba creando en el salón con todo el mundo cotilleando.


- Baila conmigo Kenneth. - Dijo Sally tirando del brazo de su hermano y llevándolo lejos en la pista. Cuando la música sonó y la veintena de señoritas suspiraron decepcionadas por perder otro baile con el señor de la casa. Sally apretó fuertemente el brazo de su hermano, que la miró de pronto- ¿Qué esta pasando? ¿Qué estas haciendo?


- Nada Sally. - murmuró mirando a su hermana.


- No me lo digas si no quieres, pero si Brook llega a comentarme que le incomodas o que te has pasado con ella...- Kenneth miró divertido a su hermana.


- ¿Qué harás? - la desafió.


- Pegarte. - le contestó con el mentón bien alto.


- Bien.


Kenneth Benworth bailó aquel y tres bailes más con diferentes señoritas intentando no toparse con Emma Lambert, que le tenía los ojos clavados desde que había pasado de ella para ir en busca de Brook cuando su madre anunció el baile.


Brook bailó con James y antes de fingir un mal estar, se vio casi obligada a bailar con John Morris. Entre el primero y el segundo aligeraron su humor, pero cuando se separó de este último el peso de la situación vino en su busca y decidió que lo más sensato sería retirarse discretamente.


A medida que la noche transcurrió, los invitados dejaron de especular sobre el señor de la casa y la hermosa Daugherty, pues él no había bailado más que una vez con ella, y eso no significaba nada demasiado comprometido.


- ¿Ya está aquí? - dijo Simone viendo que no era ni la media noche.


- Sí. - dijo Brook caminando hasta los pies de su cama y sentándose con desánimo. - Es Kenneth Benworth.


- Sí. - dijo Simone sentándose con ella y acariciando su espalda.


La verdad es que esperaba que Brook no se lo tomara del todo bien, pero pensaba que llegaría hecha una fiera o decidiría no hablarle durante tres días. Pero ¿triste? Ella jamás se había dejado ver sintiendo tristeza y no habían sido pocas las veces que, recordando sus padres, se había sentido de aquél modo.


- ¿Qué pasa? - preguntó sin esperanza.


- No lo sé. - dijo ella mirando sus manos con sus ojos bien abiertos. - Estoy triste y no sé decirte bien el motivo. - la miró con una media sonrisa. - Estoy furiosa por lo que ha pasado. ¿Ha estado tomándome el pelo todo este tiempo?


- No, señorita. - dijo Simone cogiendo sus manos. - Sólo estuve en una cita, pero no me pasó desapercibido el modo sincero y tranquilo en el que se comportaba con usted. No es de ese modo cómo un mentiroso se comporta.


- Ya no lo sé. - bufó. - Él, de entre todos, tenía que aparecer a rescatarme de un perro.


- ¿Por qué eso es un problema? ¿Por qué importa quien sea él, Brook?


- Porqué es el heredero, perseguido por docenas de señoritas, que puede tener todo lo que quiera y que ha puesto sus ojos en mí.


- ¿Y eso le molesta? - preguntó con una media sonrisa. - Por qué entonces es usted la única que se podría sentir así.


Iba a contestar a eso con algo más o menos coherente cuando tres golpes en la puerta las dejaron en completo silencio. Simone se levantó mientras Brook se miraba al espejo y admiraba lo que quedaba de una joven hermosa.


- Simone, ¿verdad? - Simone casi se derrite al escuchar su nombre en aquellos labios tan apetecibles, y Brook se levantó de un salto. No esperaba que él se plantara allí tan temprano, era el anfitrión. - ¿Puedes decirle a tu señorita que estoy aguardando en el pasillo?


- Claro. - murmuró Simone antes de cerrar la puerta y saltar emocionada.


- Ni se te ocurra decir que esto es romántico. - le advirtió Brook al ver que abría la boca. - Por qué es un completo lío.


Simone, con una sonrisa bien grande, hizo el gesto de cerrar su boca con una cremallera y se apartó para que Brook, a la que le temblaba hasta el alma, saliera despacio.


- Se ha ido temprano. - dijo Kenneth que estaba apoyado en la pared mirando insistentemente el suelo y cuando la vio se incorporó.


Había un par de velas en las repisas al lado de ambas puertas, que iluminaban la oscuridad del pasillo. Desde allí arriba se escuchaban los murmullos de la fiesta.


- Estaba cansada. - le dijo apoyándose en la pared de enfrente, la de su puerta.


La miró, aun vestida de blanco y tan hermosa que le costaba mantenerse lejos de ella. Cuando salió por la puerta, todo su alrededor se impregnó del dulce aroma a camomila.


- ¿Tan horrible es que sea Kenneth Benworth? - dijo de pronto Kenneth estrechando los ojos hacia ella, intentando entender.


- No creo que se trate de eso. - le contestó sin saber que acababa de quitar un peso de sus hombros, pues si era ese el problema, ya no había nada que él pudiera hacer para arreglar la situación.


- Entonces, ¿de qué? - dijo acercándose un paso más hacia la joven. No lo pudo evitar.


- ¿Por qué nunca me lo dijo? Es usted alguien importante y yo me comporté como una completa idiota con usted en muchas ocasiones. Me siento...- le miró con cautela, mordió su labio antes de volver la vista a la vela y terminar: - ridícula. Me siento parte de una broma que usted mismo ha maquinado para reírse de mí.


- No. - murmuró creando un eco en el pasillo. Se acercó un paso más. - No se lo dije por eso precisamente, - le contó - por qué usted resultó ser distinta a todas las demás des del primer momento.


- Una mal educada debe pensar que soy. - dijo ella sacudiendo su cabeza.


- De ningún modo. - negó él decidido y con cara de preocupación. - Sabe todo lo que opino de usted. ¿O se lo repito? - se acercó un paso más y apoyó una de sus manos en la pared a la altura de la cabeza de ella, que por su parte no podía apretarse más contra el frío muro. - Jamás me reí de usted, jamás pretendí que se sintiera ridícula o humillada. Todos y cada uno de los momentos que he pasado con usted...- ahora, con la mano libre elevó el mentón de ella para que sus ojos se encontraran y un agradable calor recorrió el cuerpo de ambos. - he sido yo mismo.


- Hoy, rodeado de toda esa gente, no parecía usted mismo. - le dijo Brook.


- Solo me he sentido como yo mismo en los momentos en los que he estado a solas con usted estos últimos días. - la joven le miró sin poder decir nada más. - No quiero que nada cambie entre nosotros, Brook. - susurró su nombre de un modo tan íntimo que sus rodillas temblaron.


- No estoy segura de que eso vaya a ser posible. - siguió ella. - Es usted Kenneth Benworth. - casi bufa después de decir eso.


¿Como volvería a comportarse como una niña delante del mismísimo dueño de Glassmooth? Eso no iba a pasar.


- De acuerdo, - dijo él retirando los dedos de su barbilla y pasándolos por su frente, resiguiendo las débiles ondas de su cabello. - déjeme intentarlo. Cuál sea mi nombre no debe importar más que lo que pueda demostrarle. Déjeme impresionarla.


Una sonrisa débil se creó en los rosados labios de la joven cuando él hizo alusión a aquella broma que compartían. Sentía todo su cuerpo a punto de salir flotando de allí sin su permiso. ¡Dios! Si hasta le costaba mantener los ojos abiertos mientras sentía sus dedos quemar su piel. ¿Sería él consciente de aquella sensación?


- ¿Cómo va a hacerlo? - le preguntó mordiendo su labio para reprimir que algún otro sonido pudiera escapar de sus labios.


- Del mismo modo que hasta ahora. - retiró los dedos de su piel y le dedicó una abierta sonrisa. - Haciéndole vivir una aventura.


Ella le miró y asintió. Tal vez estuviera cometiendo un grabe error. Pero por ahora se lo permitiría.

- ¿Kenneth?

La voz de su hermano sonó al final del pasillo haciéndoles saltar y separarse al instante. Ambos jadearon de la sorpresa.


- Voy, James. Dame un minuto.


- Date prisa, preguntan por ti. - contestó la voz de su hermano sin llegar a acercarse a ellos.


Ellos, que seguían mirándose el uno al otro como si no fueran a verse nunca más, como si necesitaran horas y más horas observándose para crear una copia fiel en sus cabezas a la que recurrir en sus momentos a solas.


- Váyase. - murmuró Brook con una media sonrisa.


- Es temprano, - frunció el ceño. - Baje conmigo.


- ¿Para que todo el mundo pueda mal pensar? - rió ella.


- No me importaría. - contestó encogiendo sus hombros.


- ¡Oh! Cállese. - bufó con una sonrisa tierna. Si el cometido de Kenneth era volver a ver a "su Brook" lo había conseguido.


- ¿Estamos bien? - susurró Kenneth después de pasar su mano derecha por su cabello. Brook asintió. - Quiero que quiera ser mi amiga.


Ella volvió a sonreír dudosa. Amiga. Su amiga. ¿Solo su amiga quería ser?


- Buenas noches, señor Benworth. - dijo separándose de la pared unos pasos.


- Kenneth - dijo él.


- ¿Qué? - le miró.


- Quiero llamarla Brook y que usted me llame Kenneth. - le respondió encogiendo sus hombros expresamente para hacerla reír. Ella no hizo otra cosa.


- Buenas noches, Kenneth. - murmuró sintiendo su pecho martillear con fuerza.


- Hasta mañana, Brook.


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