Veintiséis

- ¿Que te ha parecido el señor Benworth, cariño?


Gillian la interceptó en su camino a ninguna parte.


- Bien. - dijo ella un poco áspera.


- ¿Solo bien? - insistió su tía.


- Sí, tía Gillian, solo bien.


- Oh, vamos. Si es el hombre más apuesto que hayas visto en tu vida. - dijo riendo.


- No lo es. - replicó Brook. - He visto a otros más guapos.


- No mientas. - la miró con una sonrisa de suficiencia. - He estado presente durante toda tu vida y jamás se ha presentado ante ti alguien como él.


- Tal vez mis gustos no son como los tuyos. - se excusó sintiendo los ojos de su tía comerse a Kenneth tras ella.


No sabía como sentirse, ese era el problema. En realidad sería muy fácil dejar las cosas claras, hablar con la verdad por delante y averiguar por qué él se lo habría escondido. Pero si le decía la verdad y la verdad era que estaba aburrido y ella le pareció un buen objetivo para su entretenimiento, dolería.


- No hablamos de gustos aquí. - siguió Gillian. - Cualquier mujer o hombre o niño que tenga ojos -


- De acuerdo tía Gillian. - la cortó Brook cansada de seguir con lo mismo. - Es el hombre más apuesto que he visto en mi vida.


- ¡Oh, gracias! - se llevó una mano al pecho y fingió respirar con dificultad. - Me estaba agotando solo de pensar lo mucho que iba a costar sonsacártelo.


- Porqué rendirte no era una opción ¿no? - dijo y estuvo a punto de...


- Ni se te ocurra rodar los ojos. - eso.


Pasó una camarera con copas de champan e insistió en que Brook tuviera una en la mano.


Cuando lo hubo probado, Gillian volvió a la carga.


- Considero necesario añadir algo.


- Considero necesario pedirte que no vuelvas a sacar el mismo tema. - dijo Brook fingiendo estar interesada en algún círculo de invitados.


- Bien. - asintió Gillian pasando de ella. - Debo decirte que tú has causado el mismo impacto en él que él en el resto de invitados. - Brook quiso...- Me enfadaré si ruedas los ojos.


- No lo he hecho. - se excusó.


- El caso es que no aparta sus ojos de ti.


Brook decidió que haría como si no hubiera escuchado aquello y se resignaría a aburrirse hablando del tiempo y lo hermoso que estaba el salón con los demás invitados. Pero no pudo.


Al mismo instante en que Gillian dijo aquello, ella se giró y le buscó entre la multitud.


No fue tarea difícil dar con él, pues destacaba. Parecía estar permanentemente bajo un halo de luz procedente del techo.


Sí bien estaba rodeado de una familia con dos hijas, ambas vestidas de azul, que le hablaban animadamente, era cierto que sus ojos estaban en ella. Pues en cuanto le encontró conectaron directos con los suyos dejándola sin aliento.


Entonces él se mordió el labio una milésima de segundo antes de asentir a algo que le estaban diciendo. Y ella se giró de nuevo respirando entrecortado.


- Dios mío, me han temblado las piernas hasta a mi. - murmuró Gillian divertida.


- No vas a parar, ¿verdad? - le preguntó Brook resignada. - Va a ser así toda la noche.


- Pararé si no rechazas un baile con él. - dijo con una sonrisa de satisfacción.


- ¿Qué te hace pensar que siquiera va a pedírmelo? - le dijo elevando una ceja.


- Créeme, lo hará. - contestó sin perder la sonrisa. Luego susurró para sí misma: - ¡Oh Dios mío, todo esto es tan romántico!


- Oh, por favor. Eres peor que Simone.


Gillian llevó una mano enguantada a su boca y rió disimuladamente. Como hacían las señoras de alta cuna.


- Simone debe andar loca con los cotilleos esta noche. Creo que mañana por la mañana pasaré por tu habitación para que me ponga al día.


- Me parece perfecto. - mustió con todo el sarcasmo que pudo.


- ¡Brook! - gritó Sally desde la otra punta de la sala. Todo el mundo giró a verla. Todo el mundo, menos Kenneth que miraba a Brook.


Esperaba que mirara a su hermana con reprobación, como estaban haciendo Evangeline y Gillian, cada una desde su lado. Pero no, Brook tenía una sonrisa ladina en el rostro mientras aguardaba a que Sally llegara a ella.


Ahora entendía porqué a Sally le gustaba tanto la chica Daugherty. Era todo lo que la caracterizaba tanto dentro como fuera de una sala repleta de invitados. Sin importar qué.


- Querido, - Evangeline Benworth apareció al lado de Kenneth. Miró a sus interlocutores. - me temo que debo apartarle de la entretenida conversación que está manteniendo con ustedes. - les dijo a la familia.


- Claro, Señora Benworth. - contestó el señor con el bigote en el que Kenneth reparó por primera vez.


- Sigan pasando una buena velada. - les dijo él poniéndose en marcha siguiendo a su madre.


Para su sorpresa le condujo hasta donde Brook había estado momentos antes que Sally volviera a llevársela a parte.


En aquel rincón estaban los Dwight y algunos matrimonios más, sin hijas ni ganas de interrogarle.


- Bien, - dijo su madre agarrando su brazo y pintando su característica sonrisa falsa de cuando iba a hablar de algo serio delante de todo el mundo sin que nadie se enterara de nada. - voy a atreverme a decirte que no me importa si tus ojos están permanentemente en la señorita Daugherty, mientras finges hablar con los invitados. Pero al menos escucha la mitad de lo que te dicen antes de que el salón entero se percate de que son invisibles para ti.


Kenneth miró a su madre sorprendido.


- Si, cariño. - asintió ella ahora sonriendo de verdad, pues su hijo fijándose en alguien no era algo que pasaba todos los días. Y menos fijándose en aquel alguien que ella había colocado allí expresamente para él. - Se nota demasiado.


Kenneth solo pudo resoplar. ¿Qué más iba a hacer? ¿Negarlo? Bien, podía probarlo.


- Estoy atendiendo a todas las conversaciones y siendo tan galán y cortés con todo el mundo como lo he sido con la joven de la que supuestamente hablas.


- Ya, bien. - dijo Evangeline con una sonrisa bien grande. Luego le dio un tirón en el brazo y lo encaró en el círculo de los Dwight. - ¿Recuerdas a mi gran amiga Gillian Dwight, hijo?


- Claro. - asintió él mientras Gillian se acercaba a ellos. - Encantado de volver a verla, señora Dwight.


- ¡Oh, querido! - dijo Gillian - Te has convertido en todo un hombre desde la última vez que te vi. Estás muy apuesto.


- Muchas gracias. - le contestó a Gillian con tanta resolución como le había contestado a todas las otras mujeres que le habían dicho aquello.


Pero, obviamente, en la señora Dwight no vio ni un atisbo de maldad ni intención de ir más allá con sus palabras. Ni siquiera parecía interesada en atraparle para su hija. O sobrina. O Brook.


Al instante miró por encima de la cabeza de su madre y Gillian, que comenzaron a hablar de la última vez que ésta había visto a los hermanos Benworth, y buscó.


Pero, ahora se arrepintió. Pues sus ojos fueron a parar a los de Emma Lambert. Y ya era tarde para fingir no haberla visto, pues ella, rápida como una bala, tiró del brazo de su madre y se plantó ante él.


- Señor Benworth, por fin tenemos un momento. - dijo Emma llegando a su lado y colgándose de su brazo de modo que el codo de él quedó completamente rodeado por su pecho escotado.


Evangeline y Gillian se giraron a mirarles, la primera con una ceja levantada, la segunda con cara de póquer, pero ambas mirando los pechos de Emma.


- Hola señora y señorita Lambert. - Kenneth movió el brazo que ella tenía atrapado en un vano intento de escape.


- ¿Como ha estado señor? - dijo la madre de la joven pareciendo ajena a lo descarada que era su hija. - No le hemos visto desde el baile de mascaras del mes pasado en Londres.


- He estado ocupado. - se limitó a decir Kenneth intentando sonar amable.

Brook desde algún rincón del salón, no podía evitar buscar a Kenneth con la mirada.


Y lo intentaba, se obligaba a mirar la copa en sus manos o los ojos de Sally, que parloteaba sin cesar con unos y otros. Pero era imposible. Como si fuera una norma estipulada por ella misma, cada pocos minutos le miraba.


Y cuando le miró aquella vez, estaba con Emma Lambert. Una despampanante Emma Lambert que reía y bromeaba con él. Desde su posición no pudo ver qué expresión tenía él, pero a juzgar por las reacciones de ella, debía estar siendo encantador.


Emma quería casarse con Kenneth, eso era lo que siempre le decía Sally. Y hasta la había amenazado con mantenerse lejos de él antes incluso que Brook le hubiera visto. Al parecer no tenía por qué preocuparse, Kenneth Benworth, aun que una vez le había dicho que "había visto cosas más hermosas que Emma", no parecía reacio a estar cerca de ella.


Ahora sí miró su copa y no volvió a alzar la mirada ni a abrir la boca en ningún momento más.


¿Habría un momento peor para ponerse a recordar los momentos que habían vivido juntos? No. Probablemente no. Pero ya era tarde para retenerse.


La cabeza de Brook comenzó a revivir conversaciones y situaciones de los últimos cinco días. Cómo se conocieron, cómo se volvieron a encontrar en los establos, cómo él le contó la historia de su padre saliendo a cazar, cómo estuvo de acuerdo con ella en el tema del matrimonio, cómo le hizo cosquillas sobre el caballo, el momento en el que bajaron la colina, cuando él susurró en su oreja mientras observaban el valle...y cómo le dijo que se casaría con cualquier mujer adecuada.


Más le valía dejarse de juegos y alejarse de él. Por qué si no lo hacía, temía que acabaría mal.


¿Qué posibilidades tenía de volver a Londres? ¿Gillian se lo permitiría? Tal vez si se lo explicaba todo...pero no. Ni con esas la dejaría, la haría aprender de sus errores y apechugar con la situación.


- Señoras y señores. - Evangeline Benworth alzó la voz y se hizo un abismal silencio en la sala. - Pueden pasar a la sala contigua para que comience el baile.


Los invitados estaban eufóricos, exaltados. Cuando levantó la cabeza de sus manos se dio cuenta de que en algún momento, mientras ella permanecía a kilometros de allí, el grupo en el que estaba había cambiado.


Aun que Sally seguía a su lado, se sorprendió al ver al señor Saint Clair junto a ella y a un James más que callado delante de Brook.


- ¿Está bien? - le murmuró.


- Claro. - dijo ella sonriendo.


Al fin y al cabo, no había con nadie más que le apeteciera estar a parte de los dos Benworth. Era la gran cosa que justo en el momento en el que tuvieran que ponerse a bailar, delante de ella apareciera James.


Pero no, no iba a ser todo tan fácil. Pues una voz, detrás de Brook se sumó a ellos: - ¿Bailará conmigo el primer baile, señorita Daigherty?


Los cuatro que formaban el círculo se giraron sorprendidos, unos más que otros, a mirar a Kenneth, plantado allí con sus verdes ojos clavados en la hermosa joven.


La burbuja. Se estaba creando aquella burbuja invisible que los atrapaba lejos del resto, cuando Sally codeó a Brook.


Y entonces, la joven cogió una bocanada de alre, y de un modo precipitado le dijo:


- James me lo pidió primero. - y a tientas, sin dejar de mirarle agarró el brazo de el aludido.


James, ni corto ni perezoso dio un paso adelante con aquella flamante sonrisa suya y dijo:

- No es verdad.


La cara de Brook palideció, Sally resopló y Kenneth, sonrió abiertamente dejando a todo el que lo viera, estupefacto.


Kenneth Benworth sonriendo en público. Hasta sus hermanos se miraron con los ojos como platos.


- Señorita Daugherty, sería un placer. - volvió a decir.


Y ¿qué remedio tenía? Pues ninguno. Fulminó a James, que seguía mirando a su hermano sin poder creérselo, y cogió el brazo de Kenneth que con sutileza soltó todo el aire que estaba reteniendo.

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