Veinticinco

James Benworth mantenía el brazo de Brook fuertemente sujeto sin saber qué hacer o qué esperar. Por otro lado, estaban siendo tan discretos que nadie estaba pendiente de lo que pasaba allí.


Imposible. Todos los ojos estaban pegados como un imán al increíble hombre que acababa de entrar en la sala de recepción.


Vestía un traje azul casi negro, con una corbata a juego y unos zapatos bien lustrados oscuros. Su cabello estaba atractivamente peinado de una manera descuidada. Y nadie pudo evitar fijarse en aquél contraste entre sus ojos verdes y sus pestañas negras. Aquél contraste que Brook admiró la primera vez.


Thomas Dwight estaba plantado delante de ella, tapándole la visión más allá del gentío.


- Hoy ha estado toda la mañana en la cama. - le dijo a James. - Tal vez no esté del todo bien.


- ¿Quiere sentarse? - le preguntó él a su lado.


Le miró. ¿Quería sentarse? No. Quería desvanecerse detrás de una cortina.


Aquello no podía estar pasando. Ni siquiera sabía como se suponía que debía tomarse aquel descubrimiento. Ni siquiera quería que él la descubriera en aquél estado.


Bien, ni en aquél estado ni en ninguno. Que no la viera, simplemente. Se sentía completamente ridícula.


Tomó una bocanada de aire, cerró los ojos un segundo antes de volver a mirar a Thomas y luego a James y decir:

- Solo un mareo. Estoy bien.


- ¿Estás segura? - insistió su tío. - ¿No quieres sentarte?


- No, tranquilo Tom. Estoy bien. - y como para corroborarlo esbozó una fría sonrisa.


James la soltó lentamente, sin saber qué hacer y se separó de ella un paso. Luego se percató que su hermano estaba deseando a sus invitados una feliz estancia mientras todas las jóvenes babeaban por él. No pudo evitar fijarse en que ondeaba las cabezas en busca de algo. O alguien.


Alguien que probablemente, a juzgar por el semblante serio que había adquirido, no querría ser encontrada.


Pero le hubiera sorprendido saber que la cabeza de Brook, impulsada por aquél terco orgullo suyo, oscilaba entre esperar pacientemente a que Kenneth llegara delante de ella y reprocharle todas y cada una de las mentiras. O esperar pacientemente a que Kenneth llegara y fingir no conocerle de nada ni tener el mínimo interés en él.


Se sentía tremendamente humillada y con ganas de correr lejos de allí.


¿Por qué el dueño de Glassmooth había decidido jugar con ella? Seguramente tendría miles de cosas mejores que hacer que pasar tiempo con una chiquilla impertinente que no le llegaba ni a la suela de los zapatos. Ni en cuanto a estatus social, ni en cuanto a comportamiento.


Se sentía con ganas de subirse en el primer carruaje que la devolviera a Londres y olvidar aquella tortura.


No quería ni imaginar cuanto podía haberse reído Kenneth con sus colegas hablando de ella.


- ¿Qué sabe de todo esto? - murmuró Brook con sus expresivos ojos, ahora improvistos de expresiones, clavados en James.


- Algunas cosas. - dijo él con cautela sin dudar ni un segundo de qué le estaba hablando.


¡Como podía haber sido tan tonta! ¿Como se había dejado engañar por él?


Vale, era cierto que cualquiera que tuviera ojos en la cara y un corazón que se acelerara con facilidad, caería en su juego. Solo era necesario echar un vistazo a las demás chicas, deseando cometer un desliz como el de Brook.


Y Dios, se había sentido tan cómoda, siendo ella misma, contándole cosas desde lo más profundo de su ser. Montados en su caballo, permitiendo que él la tocara de aquél modo que aun ahora la hacia temblar. ¿A cuantas mujeres habría llevado al lago? ¿O a la cabaña del bosque a ver las estrellas? ¿O al mirador?


- Parece que te va a salir humo por las orejas, Brook. - Sally consiguió sacarla del trance en el que había entrado desde que le vio.


La miró con sus mejillas sonrojadas, llegando directa de hablar con Saint Clair y quiso gritarle que se alejara de los hombres. Que la meterían en líos de lo más embarazosos. Pero una vez más, ¿qué sabía ella de hombres? Ni siquiera pensaba en ningún tipo de hombre hasta que se topó con Kenneth Benworth corriendo tras del perro de su hermana.


- ¿Como ha ido con Saint Clair? - se obligó a decir.


- Genial. He sonreído mucho y he sido totalmente cortés.


- Todo un logro viniendo de ti, pequeña tramposa. - dijo James en un murmullo.


Brook buscó a Kenneth, que había comenzado a saludar a los invitados. Estos se habían organizado en pequeños círculos mientras los camareros pasaban por el salón con bandejas de canapés y copas de champán, y él se dedicaba a ir de un círculo a otro saludando y conociendo a personas nuevas.


Se movía con facilidad, aunque parecía cortés y gallardo, siempre mantenía aquél aspecto serio y profesionalmente frío que ella misma había imaginado en el verdadero señor Benworth. Irónico.


Se preguntó donde estaban aquellas sonrisas, sus encogimientos de hombros o su modo de peinarse con la mano. Hubiera pensado que eran todo parte de una farsa para encandilarla si no hubiera visto esos gestos en sus hermanos.


En cambio, llegó a la conclusión que la farsa era él en sí. Se empeñaba en ser alguien distinto a quien ella conocía delante de los demás. O delante de ella. Ya no lo sabía. Y ya ni siquiera quería saberlo.


- ¿Quieres que te presente a Kenneth? - dijo Sally con el ceño fruncido al ver los ojos de Brook clavados sin reparo en su hermano mayor.


- Sí, claro. Todavía no le conoce. - intervino Thomas mientras le quitaba la copa de vino.


- En otro momento tal vez. - dijo Brook volviendo a mirarles. - Ahora se le ve muy ocupado.


- Tienes razón. - dijo Sally despreocupada. Cuando Thomas se marchó con Gillian y James se excusó, Sally susurró. - ¿Tienes hambre?


- No mucha. - dijo Brook.


- Ya, claro. - la miró estrechando los ojos. - Simone dice que no has comido en todo el día. Debes estar famélica.


- ¿Famélica? - sonrió Brook. - ¿Que clase de señorita diría algo así? Y, ¿por qué hablas con Simone?


- Por qué me gusta. - dijo agarrando su brazo y tirando de ella hasta las puertas abiertas, al otro extremo de la puerta principal, que daban al ilustre jardín que caracterizaba Glassmooth.


Jardín en el que curiosamente no había estado.


- ¿Estamos escapando de la fiesta? - dijo Brook sintiendo que el aire que entraba en su cuerpo comenzaba a ser regular.


- Más o menos. - le contestó poniéndose a correr hacia una puerta de servicio.


Cuando llegaron hasta ella, Sally se giró a mirarla con una sonrisa que Brook le correspondió desconcertada.


- ¿Vas a contarme qué se supone que estamos haciendo? - le preguntó.


- Supuse que correr por el jardín despejaría tu cabeza. - se encogió de hombros.


- Me tienes por una salvaje. - murmuró Brook.


- Algo así. Sally le dio la espalda y abrió la puerta de servicio. Cuando Brook la siguió, se percató de que ante ella tenían una ajetreada cocina llena de camareros que corrían arriba y abajo con bandejas llenas de comida y bebida.


Atravesaron la estancia sin que ninguno de ellos les dedicara más de dos miradas y se sentaron en unas sillas al fondo. Sally se levantó para quitarle la bandeja a un chico rubio, que pareció no inmutarse y se largó.


- Come. - le ordenó. Pero, como Brook se temía, no pudo esperar a que terminara el primer canapé antes de decirle: - Quiero saber qué pasa.


Y ¿qué iba a decirle a eso? Podía contarle la verdad y prepararse para comerse sus propias palabras. Pues le había dicho una y otra vez que nunca se fijaría en su hermano. O contarle una versión de los hechos.


- Vi a tu hermano hace unos días, cuando salí a pasear al establo. - comenzó. - No sabía que era él y él nunca me lo dijo...


Un silencio se instaló entre ellas. Sally repiqueteó ansiosa sus dedos contra la mesa.


- ¿Y?


- Y me comporté como una vulgar chica de campo. - murmuró ganándose una risotada de esas que Evangeline hubiera descrito como el graznido de un animal.


- Es decir, ¿como una salvaje? - preguntó divertida.


- Qué graciosilla eres. - contestó Brook con una mueca.


De pronto sentía su humor más ligero.


- Y - siguió - ¿Estás preocupada por lo que pueda pensar él?


- Claro, es humillante que resulte ser el dueño de todo esto. - dijo señalando la cocina abarrotada.


- ¡Oh Brook! - rió Sally. - Creí que sería algo más preocupante.


- A mi me preocupa. - le contestó frunciendo el ceño.


- Apuesto a que a él no. - soltó de pronto. - Kenneth puede parecer un soso, pero no lo es. No creo que piense nada malo de ti. Y si ese es el caso, - se puso las manos en la cintura - vamos a resolverlo.


- ¿Como? - preguntó Brook sorprendida ante tanta dereminación.


- Yo no lo sé. - dijo llevándose un canapé a la boca. - Es a ti a quien se le dan bien los planes.


Brook no pudo evitarlo, rodó los ojos. Y Sally la imitó varias veces para practicar el movimiento.


- Sally...- comenzó Brook. - Más te vale no hacer eso en público.


- Tranquila - balbuceó sin dejar de rodarlos.


Después de un silencio, la joven rubia propuso aquello en lo que había pensado dentro del salón:

- Puedo hacer ver que no le conozco de nada.


- Puedes probarlo. - le contestó sin prestarle más atención que esa.


Dos minutos más tarde, cuando se cansó de intentar el ridículo gesto, la miró con sus penetrantes ojos negros y soltó un:


- Come.


Los invitados entretenían a Kenneth con historias de sus familias y anécdotas que habían vivido aquella semana en Glassmooth mientras comían y bebían.


Muchos se lamentaban al saber que el apuesto dueño no tenía intención de hacer vida normal en su casa. Sino, que aparecería esporádicamente en algunos eventos organizados por su madre.


Las madres de jóvenes casaderas le taladraron a presentaciones y a adorables, según ellas, relatos sobre lo inteligentes y bien dotadas que estaban todas. A excepción del de Emma, que aun no había ido a saludar, no recordaba ningún nombre más.


Cada pocos minutos buscaba una figura ataviada en blanco con el pelo rubio. Pero se decepcionaba y se inquietaba cada vez que no era capaz de dar con ella.


Debía estar por allí en algún rincón y ya le habría visto y reconocido. Estaba ansioso por plantarse delante de ella y averiguar qué opinaba de todo aquello. Si le odiaba por ser rico, o si estaba molesta por haberle mentido. O si estaría esperándole con una de aquellas sonrisas que le quitaban el aliento.


- Deja de buscarla. - murmuró James apareciendo en uno de los círculos. - Ha salido. Te avisaré cuando vuelva y te escoltaré hasta ella.


Kenneth, sin ningún tipo de reparo, aunque los señores allí presentes pudieran pensar que no les estaba escuchando, se giró a agarrar la manga del traje de su hermano, para que no se largara.


- ¿Donde está? - preguntó en un susurró. - Y ¿Con quien?


- No sé donde está. Pero se la ha llevado Sally.


Cuando Kenneth pretendía arrugar el ceño, su hermano habló una vez más.


- Tranquilo, es mejor que os relajéis. Ambos. - y ahora sí que se fue.


¿Tan nervioso se le veía? Era cierto que lo estaba, que no podía dejar de pensar en el momento de verla, si iría o no de blanco y qué le diría.


La gente le hablaba y él asentía distraído, sin poder quitar de su mente a la joven que tanto trastornaba sus sentidos.


Y luego reparó en la segunda parte de la frase. Ambos. ¿Ella también estaba nerviosa? ¿Por verle? Dios, necesitaba encontrarla ya.


- Señorita Benworth, Señorita Daugherty. - decía John Morris ante las puertas del jardín antes incluso de que ella pudiera poner el primer pie en la sala.


- Tengo que irme. - murmuró Sally antes de escapar de allí como una miserable.


- Brook ha llegado. - le dijo James a Kenneth, que estaba a unos escasos cinco metros de la puerta del jardín.


Habían pasado más de veinte minutos desde que sabía que se había marchado, y saber que no estaba no le detenía de seguir buscando. Ya, patético; pero inevitable.


Cuando Kenneth levantó la vista hacia donde James señalaba con sutileza, tuvo ante él la escena que había temido imaginar tantas veces antes.


John Morris estaba hablando con ella. Y se hubiera sentido inexplicablemente enfadado por eso al instante, pero primero la miró y dejó de sentir cualquier cosa que le hubiera atemorizado hasta entonces.


No creía que pudiera haber en la tierra una mujer más hermosa. Iba de blanco, como él le había pedido. Y el vestido era exquisito. Además, su pelo, ya de por sí rebelde, estaba recogido en un bonito moño trenzado dejando sueltos algunos mechones de pelo color miel, que acariciaban su nuca desnuda. Nuca que él también quería acariciar.


Porque estaba viéndola de espaldas. Sí, pero no había duda de que era ella.


Y cuando miró el rostro de Morris, con su amplia sonrisa, apretó los puños y los dientes.


- Deshazte de Morris, James. - le susurró a su hermano.


- Fue un gran día el de ayer, sí. - decía John cuando James llegó hasta ellos.


- Me alegro. No he tenido ocasión de hablar con mi tío, pero ya sabe que siempre le gusta hablar con usted. - fue la respuesta de Brook.


- John. - James irrumpió con aquella sonrisa radiante de la que nadie podía sospechar.


Nadie excepto Brook, que le miró con los labios apretados.


- Hola James. ¿Qué pasa? - le contestó Morris con alegría.


- ¿Me acompañas un momento? - le contestó el pelirrojo. - Necesito tu ayuda para algo. - y le guiñó el ojo.


- Claro. - le contestó el otro sin dudar dejando a Brook totalmente intrigada. - Señorita Daugherty, hablamos en un rato. - se despidió dandole un beso en la mano.


- Descuide. - le contestó con una pequeña reverencia.


James tiró de John hacia el jardín, y ella les miró un momento antes de negar con la cabeza y girarse con decisión hacia el salón.


Y cuando estuvo girada se le cortó la respiración. Kenenth estaba a menos de dos metros de ella, mirándola fijamente con una expresión inescrutable.


Lucía soberbio. O soberbiamente apuesto. ¿Estaban temblándole las rodillas? Creía que sí.


Primero se miraron a los ojos, sabiéndose solos en aquel mundo que solían crear antes de que ella supiera quien era él. Luego, Kenneth le dedicó el fantasma de una sonrisa y mojó su labio para disponerse a hablar, antes de que Sally apareciera.


- ¡Oh, justo a tiempo! - dijo colgándose del brazo de su hermano. Que ni la miró, pues no podía quitar sus ojos de la joven ante él. - Kenneth, ésta es mi amiga la señorita Brook Daugherty.


Siguieron mirándose. Él intentando descifrar qué pasaba por la mente de ella, cuál sería su siguiente paso y ella controlando las ganas locas de salir de allí con él y pedirle explicaciones.


Y sin embargo, tendió su mano enguantada en un gesto cortés y despreocupado.


- Brook, él es mi hermano, el heredero de Glassmooth. Kenneth Benworth.


Brook miró un segundo a Sally, que le sonreía de oreja a oreja, y asintió. Entonces Kenneth envolvió su mano entre las suyas en un toque suave que la hizo temblar.

- Encantada. - contestó.


Se inclinó hacia delante, con sumo cuidado y siendo lento. Muy lento. Demasiado lento. Suficientemente lento como para que el corazón de Brook la traicionara. Le besó la mano.


- Lo mismo digo. - le contestó volviendo a mirar sus ojos.


- Glassmooth es maravilloso. - la voz de Brook sonó un poco débil. Pero cuando tuvo su mano de vuelta, subió el mentón y habló con más seguridad. - Gracias por invitarme.


- Gracias a usted por venir, señorita Daugherty. - le contestó él aun más seguro. Luego miró a su hermana y le dijo: - Sally, ¿quieres ir a por una copa de champan para la señorita Daugherty?


Y Sally que pilló la indirecta, se marchó sin rechistar. Ambos permanecieron callados hasta que la hermana de él ya no estaba en sus campos de visión.


- Hola Brook. - susurró él dejándola sin aliento.


Debería estar enfadada con él, debería soltarle una fresca y decirle que no se atreviera a llamarla por su nombre de pila sin su consentimiento.


Pero ni en sus mejores sueños habría sonado tan bien. Así que no pudo evitarlo y respondió.


- Hola Kenneth.


Kenneth sonrió y mordió su labio. Luego preguntó:


- ¿Estas enfadada?


- Supongo que si lo pregunta es por que sabe que tengo motivos. - a él no le pasó desapercibido que volvió a dirigírsele de usted.


- Sí. Te he escondido que soy...- apretó los labios en una mueca que le recordó a su señor desconocido. - bueno, el heredero.


Se miraron unos instantes en los que si a Kenneth le cabía alguna duda la desechó. Estaba enfadada. Mucho. Probablemente le costaría horrores ganarse de nuevo su confianza.


- En fin, señor Benworth. - dijo Brook rápidamente. Necesitaba salir de allí antes de comenzar a creer en él. - Debe estar muy ocupado, así que no le molesto. Le veré en otro momento.


¿Que esperaba? ¿Que se lanzara a sus brazos? Esa no hubiera sido la Brook que conocía. En cambio pasar de él sí era algo que hacía su Brook.


Después de mirarse una vez más a los ojos, se alejó dejándole allí plantado, viendo su espalda erguida y la flor blanca que caía de su pelo.


- ¿Y Brook? - justo llegaba Sally con el champan y la cara de fastidio.


- Se ha ido. - contestó Kennth agachándose y recogiendo la flor.

La olió antes de guardarla en su bolsillo, sin saber que Sally estaba mirándole fijamente.

793 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo

© Todas las obras, textos, artículos, historias y personajes están registrados en el Registro de la Propiedad intelectual con licencias vigentes. 
Su copia, plagio o uso sin autorización expresa de la autora; es ilegal.

© 2023 by Name of Site. Proudly created with Wix.com