Veinticuatro

Efectivamente, Brook contó unos cuatro vestidos rojos y tres coral, entre ellos el de la más que enfadada Emma Lambert.


Pero vale decir que como el de Emma no había ninguno, pues el ancho escote que destacaba sus perfectos atributos debía avergonzar hasta a su madre. Estaba claro que aquella joven iba a por todas.


Y echando un nuevo vistazo se dio cuenta de que, aunque ninguna tan descarada como la pelirroja, no era la única que lucía escote.


- ¿Como ves la selva esta noche? - preguntó Sally apareciendo a su lado y entregándole una copa de vino tinto.


Brook la miró con una sonrisa. Llevaba un vestido amarillo de lo más clásico y elegante.


- Caldeada. - le contestó. - ¿Crees que tu hermano va a tener tiempo para todas estas damas?


- No creo que le quede otra opción. - dijo ella con desdén. - Pues si él no va a saludarlas, ellas irán a por él.


- Pobre. - murmuró.


- Sí, voy a disfrutar viendo cuán larga se le hace la noche. - contestó Sally con una sonrisa traviesa.


Brook había entrado con sus tíos apenas unos minutos antes de que Sally apareciera. Ahora estaban hablando con una pareja a escasos centímetros de ellas.


Se dio cuenta, a medida que el rato pasaba, que las jóvenes a su alrededor la miraban con desagrado después de casi lamerle los pies a una Sally poco dispuesta a conversar, y que cada vez más hábiles se ponían varios pasos delante de ellas hasta que se vieron, Brook, Sally, los Dwight y la otra pareja, arrinconados en la esquina más alejada de la puerta principal.


- ¿A ninguna le interesa James? - preguntó ahora Brook queriendo mantener su mente ocupada del tema principal que rondaba su cabeza en cada silencio.


- A varias, pero primero probaran suerte con el heredero.


- Es penoso. - bufó.


- ¿Tu crees? - la miró Sally interesada.


- Claro. - le dio un trago al vino e hizo una mueca adorable. Sally rió. - A mi me gustaría que me amaran por mi interior y no por mi posición o riqueza.


- A mi también. - suspiró su amiga.

Brook, interesada en aquél dramático gesto, dejó de mirar el ambiente de jóvenes expectantes y madres pisoteándose para verla a ella.


- ¿Qué pasa con Saint Clair? - preguntó en un susurró.


- Mírale a tu derecha. - bufó Sally.


Brook miró lentamente hacia la derecha para descubrir a la más radiante Emma hablar efusivamente con el señor Saint Clair. De pronto observaron como agarraba a otra joven del codo, rubia platino, y la plantaba delante del caballero.


- ¿Qué hace? - preguntó Brook frunciendo el ceño.


- Presentarle a Sophie Tucker, para que se vaya con ella y no conmigo.


- ¿Se iría contigo? - Brook giró a mirarla. - Quiero decir, ¿que significa irse contigo? Instantáneamente pensó en si las escapadas que ella hacía con su desconocido no eran las únicas reuniones secretas ocurriendo en Glassmooth.


Pero no era el caso. Nadie podía estar tan loco como ellos.


- Quiero decir que se enamorará de ella. O de su físico o de su fortuna, da igual, y se casarán.


- Realmente te gusta el señor Saint Clair. - afirmó Brook.


Y para su sorpresa, Sally asintió mirando el vino dentro de su copa.



- Y ¿por que solo le miras de lejos? - preguntó volviendo la vista a Saint Clair, que ya estaba hablando con una Sophie más que sonrojada.


- Porqué, mírame. - Brook se giró de pronto. Sally se mordía el labio. - Luzco como una niña.


La primera vez que la vio, Brook pensó que Sally Benworth tenía rasgos aniñados, inocentes. Pero eso, nunca opinó que le restara atractivo. Al contrario, era el toque que la hacía distinta.


- A mi me pareces hermosa, Sally. - le dijo con una pequeña sonrisa. Ella hizo una mueca. - Creo que deberías esperar a que Sophie Tucker se largue para ir a hablar con Saint Clair.


- ¿Estás segura? ¿No va a quedar desesperado? - preguntó ansiosa con los ojos puestos en la pareja.


- No. Ves segura, habla sin dudar y sonríe mucho. - le guiñó un ojo. - Eres una Benworth, es normal que te preocupes por tus invitados.


- Tienes razón. - dijo aún dudosa.


Entonces Sophie se largó, Brook cogió la copa de Sally y la arrastró hasta un Saint Clair de espaldas a ellas. Cuando estuvieron allí, Brook tocó su espalda, hizo girar a Sally hasta plantarla delante suyo y se largó a tiempo para que él no viera el espectáculo.


Le escuchó decir:

- Señorita Benworth, está hermosa esta noche.


Sonriente regresaba a su rincón apartado del resto de invitados, cuando James apareció a su lado con una amplia sonrisa, imitando la suya.


- Qué hábil. - dijo él enarcando una ceja. - ¿Está pervirtiendo a mi pequeña hermana?


- Ni hablar. - contestó Brook con la cabeza bien alta y una sonrisa. - Estoy ayudándola.


James asintió y caminó a su lado, divertido, y cuando llegaron a la esquina señaló sus manos.


- ¿También va ayudarla a terminarse su vino?


- Claro que no. - rió Brook y le tendió la copa de su hermana. Él la cogió y bebió. - ¿Como está pasando la velada?


- Entretenido. - contestó. - ¿Y usted?


- También, supongo.


- ¿Pretende que alguien se fije en usted? - preguntó de pronto. Hizo una mueca divertida cuando ella le miró. - Es que no me queda muy claro.


- ¿Disculpe? - preguntó ella ladeando la cabeza.


- Está esta noche más hermosa que nunca, pero se mantiene en este rincón creyendo que nadie es consciente de usted. - se inclinó y susurró: - Se equivoca.


- Primero que nada, - sonrió divertida - gracias por ese alago. - James sonrió del mismo modo, haciéndola sentir cómoda. Luego siguió: - Y segundo, me mantengo en este rincón por qué estoy cómoda. - dijo modosa.


Pero luego al ver el brillo creciendo en los ojos de él, que le advertían que sabía que mentía, se aventuró a decir: - O por qué si pruebo a ponerme más adelante, éstas víboras hambrientas me despedazarán.


James se limitó a reír, llamando la atención de los que estaban más cerca. Luego bebió otro trago y miró a Brook.


- Veo que el odio de las jóvenes casaderas tampoco ha pasado desapercibido para usted.


- Ni por asomo. - mustió Brook fingiendo cara de miedo. James volvió a reír.


Y entonces sintió que algo no cuadraba, al entender que aquella risa la había escuchado antes. Varias veces antes.


- ¿Tiene más familia a parte de sus hermanos y madre? - dijo sin pensar.


- No. Solo quedamos nosotros. - James encogió los hombros y el pulso de Brook se disparó al reconocer aquél gesto, también. Y luego...


Luego pasó una mano por su pelo y lo despeinó despreocupadamente antes de mirarle con aquellos ojos verdes que antes ya la habían mirado.


- ¿Como lo lleváis? - Thomas se unió a ellos. Brook no pudo apartar la mirada del hermano de Sally, esperando ver algo que le deshiciera de la mente la idea que se estaba montando.


- Muy bien, aquí observando la escena. - contestó James risueño.


No podía ser cierto. De ningún modo, lo que rondaba su cabeza podía tener un ápice de verdad. Absolutamente no.


Los hombres delante de ella entablaron una conversación. Pero Brook no podía concentrarse ni en una de las palabras que salían de sus bocas.


En cambio no dejaba de mirar a James, viendo cada vez más cosas en él de las que había visto antes.


Luego miró a Sally hablar risueña con el señor Saint Clair. Sus gestos, su naturalidad, aquella nariz recta, aquellos dientes perfectamente blancos en aquella boca perfecta.


Dios mío. No podía ser.


- Tío Thomas. - dijo sin quitar los ojos de la joven. Los dos hombres dejaron de hablar, sorprendidos por aquella interrupción y aguardaron. - ¿Con quién salió a cabalgar ayer?


- Con James, el señor John Morris y - Brook le miró. - el señor Benworth.


- ¿Nadie más? - preguntó ella impasible.


- No, cariño. ¿Por qué? - dijo Thomas comenzando a preocuparse por el cambio en ella.


- ¿Ningún contable? ¿O ayudante del señor Benworth? ¿O amigo? - le faltaba el aire.


- Sólo tu tío, - intervino James. - yo, John Morris y mi hermano: Kenneth Benworth.

El corazón de Brook latía más rápido de lo que cualquier ser humano crea que un corazón puede latir. Pero intentó retenerse de creer ideas precipitadas.


Tal vez no era lo que pensaba, a pesar de que la sonrisa de James era cada vez más grande al ver maquinar la mente de la joven.


Tal vez él no era Kenneth Benworth el amo de Glassmooth. Porque tal vez, aquél desconocido le había mentido y no iba a presentarse aquella noche allí. O tal vez, solo le había mentido en cuanto a la salida con su tío se refería.


Pero, ¿por qué iba a hacer algo así?


- Brook, ¿qué sucede? - dijo Thomas.

No tenía sentido. Nada tenía sentido, pero cobraba sentido a la vez. ¿Por qué él conocía aquellos rincones secretos? ¿Por qué su padre le sacaría a cazar por las supuestas tierras de otro hombre? ¿Por qué tenía tanta faena? y ¿Por qué nunca quiso decirle su nombre?


- ¿Señorita Daugherty? - dijo James más que divertido.

Pero todo aquello también encajaba en el perfil del ayudante del amo. ¿No? Estaba respirando demasiado rápido, casi jadeaba, y lo supo por qué James dejó de divertirse para agarrar con fuerza su débil codo y pasar la mano libre por sus ojos.


Y entonces, en aquél momento, desde algún rincón del ancho salón, la voz de Evangeline Benworth anunció la llegada de Kenneth Benworth.


Las puertas se abrieron, la gente se retiró a ambos lados de la estancia, en silencio y con cautela, antes de estallar en un caluroso aplauso.


Y allí estaba él. El joven desconocido.

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Epílogo

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