Veinte

- ¿Te encuentras mejor?


Sally estaba esperando la llegada de Brook delante de las puertas del salón. Había vuelto a Glassmooth hacía a penas veinte minutos y tuvo que vestirse rápido y corriendo bajo la insistente promesa de contárselo todo a Simone, al volver aquella noche.


- No pienso moverme de aquí. - le dijo sentándose en la cama con los brazos cruzados.


- Sí, estoy mejor. - le respondió Brook a Sally.


- Luces como si hubieras pasado el día correteando por el jardín. - le soltó de pronto, con ojo clínico.


Brook se paralizó. Literalmente. - ¿Por-por qué dices eso? - fantástico, acababa de afirmarle a la granuja delante de ella que estaba en lo cierto.


- Por que hay veinte millones de pecas más en tu cara. - murmuró. Brook llevó una mano a su nariz y la frotó, como si pudiera borrarlas.


¡Maldición! Por una vez debería haber cogido sombrero.


- Sally, querida, ¿cómo estas? - la voz dulzona de Emma Lambert provocó que ambas giraran a buscarla.


Llegaba ataviada en un vestido con un escote prominente. Los hermosos rizos rojos se enroscaban enmarcando su cara y resaltando sus ojos. Y aunque a Brook no le agradara del todo su presencia, suspiró aliviada por quitarse la atención de encima.


-¿Sally? - preguntó la aludida con receló. - ¿Va a usar mi nombre de pila?


- ¡Claro! - exclamó contenta.


Sally resopló y Emma la miró con desaprobación, pero continuó sin recalcar nada al respecto: - Voy a ser tu cuñada al terminar el verano, creo que ya es hora de ir tuteándonos y pasar tiempo juntas.


- Siento decirte, Emma, querida - la imitó. Brook se retiró un paso y fingió observar los cuadros - que si mi madre ha organizado esta farándula es por qué mi hermano no tiene claro con quién va a casarse.


La cara de Emma permaneció inescrutable y con aquella amplia sonrisa en los labios.


- La farándula que ha montado tu madre es, ni más ni menos, para que todos estén presentes y celebren con nosotros nuestro enlace. - la risa que dejó escapar a continuación, fue demasiado villana.


- ¿De verdad? - Sally fingió sorpresa. - No sabía nada. - parpadeó exageradamente aquellos extensos ojos negros. Brook seguía de espaldas a ellas. - Me encantará ver esa proposición de la que hablas.


- Lo se. Os va a encantar. Tanto a ti como a tu nueva amiguita. Hoy ya hemos hablado del tema.


Hasta Brook se interesó por eso. - ¿Tu y mi hermano? - preguntó Sally alzando un poco la voz.


- Claro, Sally - sonrió con ternura.


- Lo dudo. Mi hermano ni siquiera está en Glassmooth. - mintió sabiendo que Emma estaba siendo más tramposa que ella.


- ¡Oh! ¿No ha venido a visitarte? ¡Como es! - rió. - Está en Glassmooth querida. - puso una mano en su brazo y Sally casi escupe. - Estamos pasando mucho tiempo juntos estos días. - mordió su labio, soñadora y luego hizo un gesto grácil con la cabeza antes de decir: - Nos vemos dentro.


Y se largó dejando a una Sally más que molesta y a una Brook con los ojos bien abiertos mirando un cuadro sin mirarlo.


- ¿En serio? - exclamó la joven mirando la puerta cerrada. - ¡Maldita embustera!


- ¿No es verdad? - preguntó volviendo para ver a la pequeña Benworth.


- En absoluto. - dijo tajante.


- ¿Por qué lo ha dicho entonces? - frunció el ceño Brook.


- Tiene celos. - encogió un hombro fingiendo fastidio. Luego rió. - Y quiere ponerte celosa.


- ¿Por qué? - preguntó sorprendida.


- Por mi hermano. - le contestó sin más mientras la agarraba del brazo y pasaban más allá de las puertas del salón.


No le pasó desapercibido a Brook las miradas de reojo de madres e hijas casaderas. El ambiente parecía más salvaje y caldeado que nunca.


- ¿Como que por tu hermano? - susurró.


- Por ti y por mi hermano. - se corrigió mientras saludaba a una señora que las miraba con seriedad.


- Peor me lo pones. Ni siquiera le conozco.


- Pero lo harás en menos de dos días. Y ya está temiendo perder su atención. Quiere hacerte creer que ya es suyo y no tienes nada que hacer.


- Eso es ridículo, - mustió con fastidio - ya se lo dije ayer. No me interesa el señor Benworth y no he venido aquí para casarme con él.


- Eso no es lo que cree ella.


- Menuda estupidez. - contestó en un bufido. - Ya puede dejarme tranquila, no quiero líos.


- Chicas, estábamos hablando de vosotras. - Dijo Evangeline al tiempo que Gillian y Thomas le daban un beso a Brook. - ¿Como estás cielo?


- Mejor, gracias. - le sonrió.

- Estas un poco colorada. - dijo su tío llevando una mano a su frente. Brook se tensó.


Maldición, otra vez no.


- Colorada y pecosa. - murmuró Sally. Brook intentó no mirarla por que se temía que iba a fulminarla.


- ¿Has salido sin sombrero? - murmuró Gillian con el ceño fruncido.


- No. - mintió Brook. Su tía la miró con los labios apretados. - Hoy no. - ahora la fulminó.


- Nos preguntábamos si mañana querríais venir con nosotras a pasar el día al centro de Dorking. - dijo Evangeline cortando el momento. - Vamos a ir a elegir un vestido para el baile.


- En realidad, - dijo con una sonrisa edulcorada - tengo muchos vestidos gracias a tía Gillian. Y todos nuevos. - le sonrió a su tía.


- ¡Oh! Pero será un gran día. - la actitud de Gillian cambió al segundo. Ya no tenía nada que hacer. Ir de compras era su castigo por salir sin sombrero - Podremos visitar la ciudad. Nunca antes he estado en esta parte de Surrey.


Brook no quería irse de Glassmooth. Tenía otros planes.


- Tía Gillian...- comenzó, pero Sally intervino.

- Yo no dispongo de tantos vestidos nuevos, Brook. Me encantaría que me acompañaras.

Su tía extendió una sonrisa divertida.

- Bien. - se limitó a contestar Brook un tanto seria. Gillian casi rió.


En realidad no debía cambiar sus planes, o rechazarlos, por él. ¿No? Si realmente debía tener una cita con el señor Desconocido, ya encontraría él el momento.


Además, después de la de aquella tarde se sentía un tanto saturada. Y teniendo en cuenta lo "bien" que había salido de lo de las pecas, más valía que complaciera a su tía.


- Señor Morris, ¿Como lo lleva? - la voz de Thomas la sacó de sus pensamientos.

Y cuando vio a John Morris saludar a su tío, con su pelo rubio, su sonrisa simpática y aquél modo que tenía de congeniar con todo el mundo, Brook tuvo que darle la espalda para no salir corriendo, sacarlo de aquella habitación y avasallarlo a preguntas.


Había hecho una promesa.


Mientras tanto, a algunas escaleras de distancia de allí, Kenneth estaba intentando concentrarse en contestar las cartas del terrateniente que cuidaba sus fincas en Bath. Y eran unas cartas muy importantes. Pero no podía. No dejaba de pensar en si Brook correría a buscar a John, o si ataría cabos y se daría cuenta de quien era él.


Aquél era un buen momento para que el entrometido de James, llegara a su despacho reclamando su atención para cualquier tontería, y le distrajera. Pero no lo haría, estaba en la cena que se estaría sirviendo en el comedor. Con Brook y John.


Tal vez debería buscar a John y pedirle que mantuviera el secreto.


Habían salido a pasear aquella mañana, cuando se lo encontró en su despacho, y ya no se comportó más de aquel modo extraño.


Tal vez podía pedirle aquel simple favor, pero entonces debería explicárselo todo, absolutamente todo, y no tenía ganas de justificar por qué nunca le contó que conocía a Brook.


Suspiró y pasó una mano por su pelo castaño. Eso le hizo pensar en ella, de nuevo. En el momento en el muelle en el que había mojado su piel con el agua del lago.


Estaba loco. ¿Que andaba mal en su cabeza? ¿Por qué pensaba una y otra vez en los momentos vividos aquella tarde? Era una estupidez. No tenía ningún tipo de sentido. No lo tenía. O él no era capaz de dar con él.


Y cuando despertó al día siguiente, la cosa se puso peor.


- Keneeeeeeeeeeeeeeeeeeth - canurreó su querido hermano desde la puerta.


- Vete. - murmuró con la cara aplastada en la almohada. Había sido una noche muy calurosa, y estaba tumbado sin sabanas ni parte de arriba.


- Sal conmigo y con John a cabalgar, hombre. - dijo sentándose en los pies de la cama.

Kenneth miró el reloj que tenía apoyado en la mesilla de noche y gruñó.


- Por el amor de Dios, son las cinco de la mañana. Vete de aquí.


- Ni hablar, - le contestó sonando risueño. - ahora que me he desvelado ya no voy a poder dormirme de nuevo.


Kenneth respiró hondo y fingió que su hermano no acababa de entrar a su habitación y seguía en ella.


Automáticamente se preguntó si Brook estaría durmiendo o despierta. Si estaría envuelta en sabanas o no, y si su pelo suelto estaría desparramado por la almohada. Un jadeo que no pudo sosegar se escapó de lo más hondo de su pecho. De ningún modo podía seguir pensando en Brook metida en una cama.


El cuerpo empezó a hervirle, de pronto hacía aun más calor. La noche anterior había sentido algo por el estilo, cuando oyó los pasos que solo podían ser de ella, llegar despacio a la puerta de enfrente.


Tuvo que hacer ahínco de toda su fuerza para no salir al pasillo y verla una vez más.


- Me desveló Sally. - Ya no recordaba que James seguía allí. Y eso le puso de mal humor.


- No puede interesarme menos. - enterró la cabeza en el cojín.


- Se ve que ayer durante la cena -


- James, déjame dormir. - le cortó Kenneth perdiendo la poca paciencia.

- Sally y mamá decidieron irse de compras a la ciudad.


- James. - protestó


- Gillian Dwight va con ellas.


Un silencio después, Kenneth levantó la cabeza del almohadón y abrió un ojo para mirar a James.


Estaba apoyado en el palo de la cama con los brazos cruzados y una sonrisa de suficiencia pintada en la cara.


- Y Brook también.


Maldita Sally.


Kenneth dejó caer la cabeza de nuevo en su sitio y se frotó el pelo con un gruñido ensordecido. James le miraba con satisfacción.


- Así que vamos. Hoy no tienes cita que preparar, pues no van a llegar hasta la hora de la cena.


Estaban en los establos. Kenneth no dejaba de pasarse las manos por el pelo. No se podía creer que hubiera accedido a cabalgar con aquél zoquete y con John a esas horas. Y a demás, no dejaba de lamentarse por qué Brook iba a estar lejos todo el día.


Joder, se sentía completamente idiota, pero le gustaba estar con ella. Y aunque sabía que un viaje a Dorking no era para tanto, lo era el hecho de que aquella cita, la de hoy, podía ser la última.


- ¡Chicos! - John gritó mientras venía a paso ligero desde Glassmooth.


- No viene solo.

Kenneth miró a su amigo, acompañado de otro caballero. Fantástico, ahora todo el mundo sabría que el señor Benworth estaba en la finca.


- Chicos. - repitió John cuando llegó a ellos.


Kenneth miró al señor que le acompañaba, y un tirón en el pecho le advirtió de que sabía quien era. Lo sabía muy bien.


- Un placer volver a verle, señor Benworth. - dijo Thomas Dwight.

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