Seis

Thomas Dwight estaba sentado al lado derecho de Brook, a la izquierda tenía a un señor, más mayor que su tío, con un semblante serio y pocas ganas de conversar. Delante, un chico un poco mayor que ella, con el pelo de un rubio platino y los ojos tan azules como el mar bravo, y a su lado, insultantemente cerca de él, estaba sentada una chica hermosa con unos ojos ambarinos enormes y el pelo más rojo que había visto en su vida.


En este punto de la velada, la joven ya había echado un vistazo a los invitados que veía desde su asiento, en busca de aquellos ojos verdes y aquel pelo alborotado. Pero no hubo suerte. Él no estaba allí. Y sin permitirse pensar más en ello, bloqueó los pensamientos que le envolvían y siguió comiendo en silencio.


- ¿Así que viene usted de Londres, señorita Daugherty? - se había servido casi la totalidad de la cena y John, sentado delante de ella, no había podido concentrarse en nada más.

Aunque no fue hasta ese momento, que se atrevió a interrumpir en sus pensamientos.


Brook levantó la mirada en su dirección para verle con una gentil sonrisa y toda su atención lejos de la perfecta mano de la pelirroja en su antebrazo. Le sonrió. La pelirroja se sintió totalmente insultada por perder las atenciones del apuesto John, que por otro lado, aun no había comprendido que no le interesaba.


- Así es, llevo algunos años viviendo allí. - Brook miró a Thomas para buscar ayuda y él le sonrió tranquilamente.


- Estoy seguro que no la he visto nunca. - dijo el joven. - De haberlo hecho, la recordaría. - él sonrió gentilmente y ella se movió incomoda en su asiento, sin saber encajar un cumplido, para variar. - Soy John Morris.


- Encantada, señor Morris. - Gillian los había presentado, pero ella agradeció el gesto del hombre, pues ni siquiera podría recordar el nombre de la mitad de invitados. - ¿Que relación tiene con los Benworth?


- Soy amigo del señor Benworth, y además, su difunto padre era amigo del mío. - dijo él gentilmente.


- Dave Morris, ¿es así? - intervino Thomas.


- Ese mismo. - el chico miró a Tom antes de volver su atención a su sobrina. - Mis padres están de ruta por el norte del país. - dijo divertido - Tengo el verano para mi solo. Por eso decidí aceptar la invitación de los Benworth.


- Que peligro - bromeó Thomas.


Para ese momento, la joven ya estaba más tranquila y río abiertamente junto a su tío y al caballero ante ella. Por otro lado, la chica pelirroja, cada vez más irritada, aclaró su garganta antes de introducirse en la conversación.


- Ya que John se ha olvidado completamente de mí, - dijo volviendo a acariciar el brazo del chico, en un gesto que a Brook le pareció descarado. - me presentaré yo misma. - los ojos de la pelirroja se clavaron en la señorita Daugherty de un modo intimidante. - Soy la señorita Emma Lambert. Y estoy aquí porque el señor Benworth me lo pidió en persona.

Brook miró las uñas perfectas de aquella reina de hielo, agarrando el brazo de John Morris, y se lamentó por el pobre señor Benworth.

Aquella chica no le tenía estima alguna si estaba allí peleando por las atenciones de otro hombre mientras su enamorado estaba ausente. Tal vez las fantasías de Simone no eran tan descabelladas, y el susodicho señor Benworth no tenía una intención real en casarse con Emma Lambert.


- Que bien. - dijo Thomas risueño. - Me alegro por usted. - Y luego siguió hablando con el señor John Morris, sin percatarse siquiera de la mirada de desprecio que la chica le dedicó.


- En la cocina dicen, que el señor Morris no le quitó la vista de encima, señorita.


Eso fue lo primero que consideró necesario decir Simone, una vez Brook Daugherty puso el primer pie en la habitación. Y esta, por su parte, estuvo a punto de rodar los ojos. Al borde.


- ¿Tienes mi sombrero? - dijo en cambio, en un intento bien claro de demostrarle las pocas ganas que tenía de contarle cotilleos.


- ¡Pues claro! - exclamó la otra. - ¿Qué se cree?


Sin mediar más palabra, Simone sentó a Brook en el tocador y deshizo el moño, dejando caer una cascada de pelo por su espalda. Luego la desvistió, literalmente y le puso un camisón de seda. La joven resopló cuando su doncella la metió en la cama, la arropó como a una cría y se sentó a su lado con expresión soñadora.


- ¿Estaba en la cena? - susurró con una sonrisa.


- ¿Quien? - el ceño de Brook se apretó involuntariamente. Pero no fue porque no entendiera la pregunta, sino porqué sabía perfectamente a lo que se estaba refiriendo su amiga.


- El hombre del jardín. - dijo quedamente. - ¿estaba?


- No había un hombre en el jardín, Simone. - se limitó a decir ella - Era una hipótesis.


- Bien. - y que se rindiera tan fácilmente no le gustó nada a la joven, que la miró estrechando los ojos. - Entonces dígame todas las cosas hermosas que ha dicho sobre usted el señor Morris durante la cena.


- Lo suponía. - pensó Brook sosteniéndole la mirada con un deje de odio.

Simone sonrió triunfante sabiéndose ganadora de la batalla. Porque ni por asomo, su señorita, diría en voz alta todo lo que supuestamente el señor Morris había dicho de su aspecto.


- No estaba en la cena.


- ¿Por que no estaba? ¿No lo preguntó? - dijo ahora sentándose encima de sus rodillas.


- ¿Qué iba a preguntar? - la joven hizo un gesto exasperado - ¿Que donde estaba el hombre que había conocido unas horas atrás a solas en el jardín? - Simone se lo pensó. - ¿El mismo que no me dio su nombre? ¿O el mismo con el que me encontré cuando estaba sin carabina?


- ¿No te dijo su nombre? - la doncella estaba fascinada. Brook negó con un suspiro sabiendo que aquello iba a ser un largo interrogatorio - ¿Ni su apellido?


- Ni su apellido.


- ¿Porqué haría algo así? - dijo Simon grotescamente escandalizada.


- Pues no lo sé, Simone. - murmuró ella prestándole la atención debida al hecho.


- ¿Usted le dijo el suyo?


- Sí, y no debería haberlo hecho. ¿No? - ahora se miraron, las dos con un brillo en los ojos.


- Debería, - empezó la doncella, pero Brook terminó la frase por ella.


- Encontrarle y averiguarlo. - Simone asintió.


- ¡Que romántico! - chilló Simone, arrancándole una risotada a la joven en la cama.


- No tienes remedio. - murmuró acomodando el cojín. - No estaba en la cena. Lo que puede significar que no se hospeda aquí o que sea un trabajador. De todos modos - siguió antes de que Simone la interrumpiera. Cosa que estaba apunto de hacer. - no tiene caso seguir con este tema hoy. Estoy cansada y me encantaría dormir.


La doncella se levantó a regañadientes y salió de la habitación sin poder esconder su excitación por el tema. Brook no se durmió hasta bien entrada la media noche.

No podía dejar de pensar en lo último que había hablado con su doncella. No pudo evitar preguntarse si volvería a verle y sí sería capaz de hacerle todas las preguntas que deseaba, fueran o no indecorosas, con tal de no pasar otra noche en vela sin saber quien era aquel apuesto hombre que pretendía salvarla de un perro indefenso, darle un paseo hasta la casa y marcharse sin más.


No muy lejos de allí, Kenneth Benworth se preguntaba qué impresión habría causado la señorita Daugherty a los demás invitados.

Se lo preguntaba sabiendo exactamente la respuesta. Una imagen de su fiel amigo John Morris babeando por la joven le puso de mal humor.


- ¿No puedes dormir? - James irrumpió en su habitación con su tan característica sonrisa.

- ¿Y tu? - Kenneth cerró las cortinas y se apartó de la ventana.


- Sabes que yo prefiero acostarme tarde. - de un salto ágil se tiró en la enorme cama.


- ¿Que tal los invitados? - dijo el mayor de los Benworth mientras se sentaba en un sillón muy parecido al que estaba en la habitación de Brook.


- No fue para tanto. - James encogió sus hombros despreocupado. - Conocemos a más de la mitad. Y la otra mitad son discretos. - miró a su hermano mayor, que le miraba con su habitual expresión seria. - Puede ser un buen verano, al fin y al cabo.


- Me alegra saberlo. - se limitó a contestar.


- Emma no soltó a John ni un instante. - añadió. Kenneth levantó una ceja en un gesto que indicaba lo poco que le importaba, cosa que le hizo reír a James. - ¿Por que sigues fingiendo que te interesa? Juega con vosotros.


- Mientras mamá crea que me interesa la señorita Lambert, no me presentará a cientos de jóvenes más. - dijo con tono aburrido.


- John no estuvo muy receptivo con ella esta noche.


- ¿No? ¿Como está?


- Está bien. Preguntó por ti. - miró a su hermano con diversión antes de seguir - Estuvo todo el tiempo ganándose la atención de tu señorita Daugherty. Mamá los sentó juntos. Se le veía nervioso. ¿Puedes imaginarlo? ¡John nervioso por una joven! - Kenneth no tuvo ningún tipo de reacción, ni por la información ni por la expresión "tu", ni por el intento de su hermano porque se molestara, pues él mismo también se había puesto inesperadamente nervioso.


Todas esas faltas de reacciones decepcionaron a su hermano intensamente. Aunque en realidad Kenneth se descubrió queriendo saber más. Pero hizo ahínco de todas sus fuerzas para mantener la boca cerrada y la expresión indiferente.

Al fin y al cabo, era una desconocida para él, no tenía por qué enojarse por lo que ella hiciera o dejara de hacer. No era asunto suyo.


- Mañana veré a John. ¿Donde se hospeda?


- En la cuarta planta del ala oeste. ¿Vas a decirle que la chica es tuya? - la mirada oscura que Kenneth le dedicó a su hermano sí que algo de lo que estaba esperando.


- Puedes dejar el tema, ahora. - murmuró volviendo su estado permanente de desinterés. - No la conozco y no me pertenece.


- De acuerdo. - James se levantó con tanta agilidad que Kenneth casi se asustó. - Sólo admite que si fuera con ella, te casarías.


- ¿Que tontería es esa? - se sostuvieron las miradas. - No voy a casarme, por el momento. - la voz de su hermano era cada vez más áspera.


- ¿Dejarás que John la despose? ¡Tu la viste antes! - James exclamó plantándose delante de la puerta.


- Lárgate. - bufó Kenneth.



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Gracias. MRMarttin

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